Excelente e insuperable demagoga
"La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás" Winston Churchill. Hace cuatro meses, en mi artículo de opinión "Presidenta sin palabra" (La Prensa, Sección Opinión, 10/04/02) escribía: Con el transcurrir de los meses, cambió. Ya no oculta que las preguntas cuyo contenido tienen que ver con la verticalidad y transparencia de su posición y actuación, la irritan. Si le ventilan, directa o indirectamente, declaraciones pasadas que revelan el incumplimiento de sus promesas electorales, se molesta y su rostro, como en vitrina iluminada, se transforma: endurece la mirada, frunce el ceño y arquea, a todo lo que da, su ceja derecha. De inmediato, la media sonrisa desaparece y su tono de voz pierde toda dulzura. Está convencida que con sus sentencias de "última vez que toco el tema" nos hará olvidar que, ayer, como estrategia para obtener votos, criticaba con saña y en voz alta por jorones y jardines, lo que hoy intenta justificar y enterrar. La presidenta Moscoso nos deja estupefactos con sus cortantes respuestas sobre los temas que, en campaña, manejó con astucia para acumular votos electorales. Sus frías respuestas provienen de una persona con pleno goce del poder. La que pasó de candidata a presidenta, hoy, traiciona a quienes hace sólo tres años la calificaron como una política diferente y la creyeron, en el caso de llegar a gobernar, una persona comprometida con erradicar los antivalores que han destruido nuestra nación en las últimas décadas. ¡Increíble! pero la mandataria, haciendo uso de su libre albedrío, decidió convertirse en una presidenta sin palabra.
De abril acá he observado que la irritabilidad desapareció del tono y contenido de las respuestas de la mandataria y ha sido sustituida, a veces, por serenas y mordaces respuestas. Moscoso ensaya una tranquilidad que se genera de su genuina indiferencia que le produce el entorno; por derecho propio, ha decidido ignorar completamente todo lo que no le es grato ni favorable. Total...será presidenta hasta el 2004 y el que no le guste el estilo de gobierno de la presidenta del cambio, de los valores y de los pobres...¡tendrá que aguantarse!
Cada día que transcurre, para quienes por fortuna no somos ciegos, sordos, ni mudos ni tampoco tenemos hipotecado nuestro discernimiento político con ningún colectivo partidista, hay innegables hechos que nos revelan el marcado y profundo sentimiento de irresponsabilidad que le producen a la mandataria sus compromisos públicos de cambio que juró ante Dios y la Patria honrar y respetar. Las respuestas de los defensores del arnulfismo frente al insignificante hecho reciente donde una humilde y leal arnulfista decidió guardar unos billetes en su congelador sólo demuestra el grado de egoísmo de quienes cuestionan y censuran este incidente. ¿Por qué tanto escándalo, acaso esta práctica u otras similares no fue aprendida de los leales servidores públicos de la dictadura? ¿Acaso los otros no hicieron cosas peores?
En el tercer evento organizado por la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana para sus benefactores, del 23-24 agosto, la intervención del Lcdo. Tomás Herrera, Comisionado Presidencial Anti-Corrupción logró impactarme por el nivel de sinceridad y emoción conque nos reveló las vivencias de esa comisión. Admitió con humildad los errores cometidos por los propios integrantes al inicio, el impacto que le causó admitir el nivel de corrupción que impera en toda la sociedad panameña, el repudio que le producen las desigualdades y privilegios existentes en materia fiscal, la fuente de corrupción que constituyen los contratos leyes, la ley de valores, el secreto bancario, los privilegios para la Zona Libre, el silencio del sector privado frente al rosario de fraudes de ese sector y, con gran emoción, fue categórico al desnudar su sentimiento de disgusto que le generó la respuesta de la presidenta frente a los señalamientos del nepotismo (el 9 de abril la mandataria, visiblemente irritada por los señalamientos sobre el nepotismo respondió "No es pecado...vuelvo y repito, son profesionales y trabajaron en una campaña"). Herrera admite que en ese momento, quiso renunciar. Ya había observado que el entorno que rodea a la presidenta no era alentador.
Con lo que hoy vivimos y después de la confesión del comisionado Herrera, no puedo dejar de recordar que durante las pasadas elecciones hubo en Panamá, un número significativo e importante de personas serias y honorables, de criterio bien definido, con probada capacidad de discernimiento, maduras no sólo en sus emociones sino también en sus actuaciones, de visible reconocimiento público y con una valiosa trayectoria de aportes al país que, en ejercicio de su derecho al sufragio, no sólo compraron sino que apoyaron con alma, espíritu y corazón la excelente e insuperable demagoga candidatura de la hoy presidenta Mireya Moscoso. Estas personas, comprometiendo su credibilidad, constituyeron un valioso caudal de votos a favor de la inexperta candidata. ¿Cuántos panameños serios y decentes, le dieron el voto a Moscoso, únicamente porque detrás o al lado de ella, estaban figuras prestantes de nuestro país? ¿Cuántos creyeron que Moscoso haría un buen gobierno porque contaría con las asesorías de reconocidos hombres públicos como Eisenmann, Galindo y otros? ¿Cuántos escribieron artículos de opinión, cuántos dedicaron horas enteras en radio en busca del voto a favor de Moscoso? ¿Cuántos dudosos ciudadanos y para nada convencidos del posible éxito de Moscoso como gobernante, creyeron más en todos esos buenos hombres y mujeres que ayudaron a confeccionar el tan fotografiado Plan de Gobierno de Unión por Panamá, (Compromiso con el Cambio) y con gran recelo, y ocultando su temor y dudas, apoyaron la excelente e insuperable demagoga campaña del arnulfismo? ¿Cuántos pensaron, de verdad, que Moscoso cumpliría con fidelidad y haría un gobierno para los pobres? Hoy, con tres años de mediocre y visible fracasada administración arnulfista, muchos, diría que muchísimos más de los que en forma pública y valiente han reconocido su equivocación, admiten el profundo desencanto que les produce la traición política en la que se ha constituido la gestión de Moscoso.
Es bueno recordar que Alberto Moravia nos señala que, curiosamente, los votantes no se sienten responsables de los fracasos del gobierno que han votado.
Hay lecciones para no olvidar de la primera mujer gobernante de Panamá: 1. A quienes le apoyaron les faltó malicia frente a la astucia que Moscoso posee. 2. La fría actitud y desapego de la mandataria hacia las recomendaciones hechas por los comisionados anticorrupción nos confirman su sentido del oportunismo, el cual identificó en el momento de mayor crisis institucional que vivió el país y la forma como capitalizó -temporalmente- dicha situación. 3. La decepción pública admitida por quienes no sólo respaldaron a Moscoso, sino que además, buscaron y sumaron votos para ella, debe ser una lección válida para todo buen panameño.
No hay duda, hubo engañados y quienes decidieron y permitieron engañarse así mismos por la excelente e insuperable demagoga campaña que lideró Moscoso. En cualquier caso, esta experiencia tan terriblemente costosa para nuestro país no puede olvidarse. Nuestra Patria no merece otra equivocación como ésta. Sería imperdonable!
(entrenos@sinfo.net)
De abril acá he observado que la irritabilidad desapareció del tono y contenido de las respuestas de la mandataria y ha sido sustituida, a veces, por serenas y mordaces respuestas. Moscoso ensaya una tranquilidad que se genera de su genuina indiferencia que le produce el entorno; por derecho propio, ha decidido ignorar completamente todo lo que no le es grato ni favorable. Total...será presidenta hasta el 2004 y el que no le guste el estilo de gobierno de la presidenta del cambio, de los valores y de los pobres...¡tendrá que aguantarse!
Cada día que transcurre, para quienes por fortuna no somos ciegos, sordos, ni mudos ni tampoco tenemos hipotecado nuestro discernimiento político con ningún colectivo partidista, hay innegables hechos que nos revelan el marcado y profundo sentimiento de irresponsabilidad que le producen a la mandataria sus compromisos públicos de cambio que juró ante Dios y la Patria honrar y respetar. Las respuestas de los defensores del arnulfismo frente al insignificante hecho reciente donde una humilde y leal arnulfista decidió guardar unos billetes en su congelador sólo demuestra el grado de egoísmo de quienes cuestionan y censuran este incidente. ¿Por qué tanto escándalo, acaso esta práctica u otras similares no fue aprendida de los leales servidores públicos de la dictadura? ¿Acaso los otros no hicieron cosas peores?
En el tercer evento organizado por la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana para sus benefactores, del 23-24 agosto, la intervención del Lcdo. Tomás Herrera, Comisionado Presidencial Anti-Corrupción logró impactarme por el nivel de sinceridad y emoción conque nos reveló las vivencias de esa comisión. Admitió con humildad los errores cometidos por los propios integrantes al inicio, el impacto que le causó admitir el nivel de corrupción que impera en toda la sociedad panameña, el repudio que le producen las desigualdades y privilegios existentes en materia fiscal, la fuente de corrupción que constituyen los contratos leyes, la ley de valores, el secreto bancario, los privilegios para la Zona Libre, el silencio del sector privado frente al rosario de fraudes de ese sector y, con gran emoción, fue categórico al desnudar su sentimiento de disgusto que le generó la respuesta de la presidenta frente a los señalamientos del nepotismo (el 9 de abril la mandataria, visiblemente irritada por los señalamientos sobre el nepotismo respondió "No es pecado...vuelvo y repito, son profesionales y trabajaron en una campaña"). Herrera admite que en ese momento, quiso renunciar. Ya había observado que el entorno que rodea a la presidenta no era alentador.
Con lo que hoy vivimos y después de la confesión del comisionado Herrera, no puedo dejar de recordar que durante las pasadas elecciones hubo en Panamá, un número significativo e importante de personas serias y honorables, de criterio bien definido, con probada capacidad de discernimiento, maduras no sólo en sus emociones sino también en sus actuaciones, de visible reconocimiento público y con una valiosa trayectoria de aportes al país que, en ejercicio de su derecho al sufragio, no sólo compraron sino que apoyaron con alma, espíritu y corazón la excelente e insuperable demagoga candidatura de la hoy presidenta Mireya Moscoso. Estas personas, comprometiendo su credibilidad, constituyeron un valioso caudal de votos a favor de la inexperta candidata. ¿Cuántos panameños serios y decentes, le dieron el voto a Moscoso, únicamente porque detrás o al lado de ella, estaban figuras prestantes de nuestro país? ¿Cuántos creyeron que Moscoso haría un buen gobierno porque contaría con las asesorías de reconocidos hombres públicos como Eisenmann, Galindo y otros? ¿Cuántos escribieron artículos de opinión, cuántos dedicaron horas enteras en radio en busca del voto a favor de Moscoso? ¿Cuántos dudosos ciudadanos y para nada convencidos del posible éxito de Moscoso como gobernante, creyeron más en todos esos buenos hombres y mujeres que ayudaron a confeccionar el tan fotografiado Plan de Gobierno de Unión por Panamá, (Compromiso con el Cambio) y con gran recelo, y ocultando su temor y dudas, apoyaron la excelente e insuperable demagoga campaña del arnulfismo? ¿Cuántos pensaron, de verdad, que Moscoso cumpliría con fidelidad y haría un gobierno para los pobres? Hoy, con tres años de mediocre y visible fracasada administración arnulfista, muchos, diría que muchísimos más de los que en forma pública y valiente han reconocido su equivocación, admiten el profundo desencanto que les produce la traición política en la que se ha constituido la gestión de Moscoso.
Es bueno recordar que Alberto Moravia nos señala que, curiosamente, los votantes no se sienten responsables de los fracasos del gobierno que han votado.
Hay lecciones para no olvidar de la primera mujer gobernante de Panamá: 1. A quienes le apoyaron les faltó malicia frente a la astucia que Moscoso posee. 2. La fría actitud y desapego de la mandataria hacia las recomendaciones hechas por los comisionados anticorrupción nos confirman su sentido del oportunismo, el cual identificó en el momento de mayor crisis institucional que vivió el país y la forma como capitalizó -temporalmente- dicha situación. 3. La decepción pública admitida por quienes no sólo respaldaron a Moscoso, sino que además, buscaron y sumaron votos para ella, debe ser una lección válida para todo buen panameño.
No hay duda, hubo engañados y quienes decidieron y permitieron engañarse así mismos por la excelente e insuperable demagoga campaña que lideró Moscoso. En cualquier caso, esta experiencia tan terriblemente costosa para nuestro país no puede olvidarse. Nuestra Patria no merece otra equivocación como ésta. Sería imperdonable!
(entrenos@sinfo.net)