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Excesos de injusticias en el Ministerio de Educación


No sé a quién culpar, si al sistema, a los educadores o al ministro de turno en el ramo de la Educación, en este caso a mi amiga Lucy.

Algo anda mal y alguien debe ponerle el cascabel al gato. Para que abran los ojos y destapen los oídos, me permito citar un caso típico, el de una humilde familia que radica en Sorá y tiene tres que están el IPT de Capira.

El uniforme de varones de primaria es pantalón azul y camisa blanca, el de primer ciclo pantalón azul y camisa celeste o blanca, y el de segundo ciclo es con un pantalón negro y una camisa crema o blanca. Existen tres uniformes es un mismo colegio.

Todas las camisas deben ir acompañadas de un logo circular de la escuela, estampado en las camisas y que cuesta la suma de B/ 5.00 cada una.

Los hermanitos de esta familia en grados inferiores no pueden heredar las prendas de vestir de los más grandes, cuando estos uniformes en un mismo año escolar les queden chicos, o “pasaríos” como decimos en buen panameño.

A los más pobres se les exige calzar las zapatillas del pueblo solo cuando están en clases de gimnasia, el resto del tiempo con zapatos comunes y corrientes, ni siquiera de caucho o cutarras. Si no llevan el uniforme completo, le bajan las notas.

Los profesores de este colegio, que no cuenta con computadoras, solicitan tareas confeccionadas bajo este sistema, para lo cual tienen que pagar en un café Internet de Capira la suma de B/ 0.75 por hora, consumiendo un tiempo mínimo de dos horas. También los profesores mandan tareas cuyo material de trabajo solo se consigue normalmente en el Almacén Noverma o en El Machetazo de La Chorrera, obligando con estas acciones a desembolsar en transporte la suma de B/ 1.50 de ida y vuelta cada vez que un profesor se le ocurre solicitar un trabajo especial y esto ocurre tres o cuatro veces por semana por grado de clase.

A la clase humilde y pobre de este país se le está exprimiendo cada vez más en su capacidad económica y nadie dentro de las esferas gubernamentales trata de remediar esta situación.

Hago un llamado a la ministra Molinar, que sé que tiene una gran sensibilidad social, lo cual me consta, para que frene o atenúe estas medidas que golpean a las familias de mas bajos ingresos.

Cuando viene una graduación o celebración de fiestas patrias los gastos son enormes y pudiera encauzar a algunas de las jóvenes a tomar medidas radicales y extremas como la venta de sus cuerpos para pagar los vistosos uniformes de batuteras.

101 años de Panamá América

 
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