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Exijamos una patria responsable


Por más que lo intento, no logro entender qué está sucediendo en mi país; según las noticias de prensa, radio y televisión, los asaltantes a bancos, taxistas, restaurantes y comercio en general, son menores de edad, de ambos sexos, quienes incluso cometen asesinatos absurdos, por el sólo hecho de cumplir con uno de los requisitos de iniciación, en una de las múltiples bandas que operan dentro del territorio nacional. No es difícil imaginar a los extremos a los que son capaces de llegar esos jóvenes delincuentes, cuando su cuota de admisión al crimen organizado es probar que son capaces de asesinar a sangre fría, sin provocación, a cualquier persona, que se atraviese en su camino.
Otros jóvenes, no tan peligrosos, pero igual de rebeldes, manejan a altas velocidades, conduciendo, sus máquinas en las principales calles y avenidas, compitiendo en carreras, absurdas y estúpidas, poniendo en peligro sus vidas y las de ciudadanos inocentes que, tengan el infortunio de transitar en esas mismas vías, en ese instante. El borrar las señales rojas de las luces traseras de sus autos, dejando éstas en blanco, confundiendo a los conductores que transitan detrás de ellos; el instalar una placa cualquiera en la parte donde debe estar la placa expedida por el municipio respectivo, como identificación de cada vehículo; conducir de noche con luces potentes instaladas debajo de las normales de fábrica que tiene cada cauto, y que son las reglamentarias como señales de tránsito internacional, como reto a las autoridades correspondientes, incumplen toda ley o reglamento, sin aparente reacción de los responsables de mantener el orden público.
Con cualquier pretexto se cierran las calles, avenidas o carreteras, incluyendo las de acceso a los aeropuertos, con mayúsculo perjuicio tanto a nacionales como a visitantes, quienes merecen más respeto, y las autoridades; aparte de algunos comentarios muy débiles, no hacen nada por impedir esa práctica, a todas luces ilegal.
La responsabilidad por daños a terceros, causados por conductores irresponsables, sigue sin cobertura legal, por falta de decisión de los dirigentes gubernamentales encargados de esa rama del tránsito vehicular.
La constitución, así como las leyes y reglamentos de un país, se crearon para ser respetadas por todos, sin excepción; sin embargo, en Panamá, pareciera que cada persona o grupo, decide de por sí, cuál o cuáles respeta, y cuál desecha como estorbo, sin importar las consecuencias a terceros.
Los desechos de toda índole; llantas, estufas, refrigeradoras, colchones, artículos plásticos, son tirados al mar, a los ríos, a quebradas, y/o cualquier sitio, convirtiéndose en causas de inundaciones, además de malsano espectáculo de basura con alimañas a la vista de propios y extraños. Cualquier conductor, hombre o mujer, de cualquier estrato social, sin el más mínimo asomo de vergüenza, deja caer a las calles y carreteras, desde sus automóviles en marcha, toda clase de basura (vasos, botellas, latas, servilletas, etc.).
Pareciera ser que el panameño se está acostumbrando a vivir en total anarquía; no hay control de espectáculos públicos, en las escuelas se ofrece libremente toda clase de drogas, los alumnos mantienen reyertas entre sí y con otros colegios, a punta de navajas y armas de fuego; la indecencia parece ser la regla, y no la excepción; la falta de consideración por el derecho de los otros, el amor a la patria, deseando lo mejor y más lindo para ella, no se palpa en el pueblo; más bien ésta pareciera ser una gran piñata donde cada uno, sobre todo los políticos corruptos, tratan de sacarle el total de los premios, dejando sólo el cascaron para el resto de los ciudadanos.
¿Hasta cuándo tanta apatía? Exijamos a los gobernantes cumplir con su obligación; el gobierno es el administrador del Estado, no es el dueño; los accionistas somos todos los ciudadanos, por tanto, tenemos todo el derecho del mundo, de demandar rendimiento de cuentas a todos y cada uno de los administradores del país; o cumplen con sus funciones a cabalidad o deben ser reemplazados por personas idóneas. Panamá se merece mejor suerte. Salgamos de la anarquía galopante y caminemos juntos a un futuro de respeto, de orgullo patrio, de amor a una patria decente, limpia, sana, floreciente, trabajadora y responsable.

101 años de Panamá América

 
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