¿Existe conspiración contra la democracia?
En todo campo de la investigación científica se parte por la observación para continuar con la ordenación de datos de la realidad y transitar hacia hipótesis que demandan mayor grado de pulimiento para darle sentido o carácter de certeza. En la ciencia política también se sigue este curso y no por antojo se señala que este campo del conocimiento es posible la prognosis y la previsión relacionadas con el devenir y desarrollo de hechos políticos o de Estado.
Lo anterior nos sirve para señalar que el "affaire" David Murcia rebasa el campo de una probable actividad delictual para situarse en el campo de una conspiración de alto vuelo con la integridad del Estado y de la institucionalidad democrática.
Algunos analistas y estrategas de seguridad e inteligencia comentan que al Sr. Murcia, desde hacen algunos años, organismos de inteligencia allende a nuestro territorio, le venían dando seguimiento. Señalan igualmente que David Murcia es un proyectil de un arma al servicio de intereses que son contradictorios con Panamá. No resulta casual que las declaraciones, cual perdigón de escopeta, trazan varios objetivos: por un lado, empañar la democracia y la institucionalidad del país, y como cuestión central, deteriorar la imagen de Panamá, venderlo como un paraíso fiscal que se presta para ilícitos relacionado con dinero mal habido y santuario para evasores de impuesto de otras naciones.
No estamos señalando ni descartando, probables contagio o contaminación por parte de estos titulares de la actividad delictual, en la vida tanto de organismos privados como públicos.
Según una organización que se dedica análisis de riesgos, pueden haber más de 41 países contaminado por el tráfico ilegal de armas, drogas etc. Los peligros existen y hay que modernizar nuestra institucionalidad de inteligencia o contrainteligencia para mediatizar tales ataques a nuestra democracia.
Tengo la sensación que por mirar los árboles nos estamos perdiendo en el bosque. Está en juego la integridad de nuestra democracia y de nuestro centro financiero internacional.