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¿Existe un futuro para nuestros jóvenes?


En la actualidad en nuestros países existe una gran cantidad de propaganda sistemática en dirección a nuestra juventud. Se les asocia a la violencia y no existe una línea definida que separe las causas y las consecuencias de la misma. No se hace la diferencia entre el robo, la desigualdad social y la cultura de consumo desmedido. Los jóvenes se asocian a la violencia en la que debemos considerar diferencias de clase, étnicas, religiosas y otras.

Para los jóvenes es de suma importancia obtener una marca la que le proporciona felicidad. La propaganda sistemática se dirige a un mercado señalando todos los requerimientos que debe poseer el joven para estar al día y ser aceptado por sus grupos. Esta publicidad resulta ser eficiente en lo que se propone y obliga a los jóvenes a tener más de lo que su familia les puede proporcionar. Se asocia a los jóvenes con juegos, licor y playa, alejándolos de la responsabilidad y su capacidad para participar efectivamente en la vida social y productiva. En la actualidad es muy difícil para los jóvenes la consecución de empleos lo que los lleva a estados de depresión, suicidios y a la delincuencia. Su vida se hace cada día más difícil y solo consigue empleos precarios que agudizan su posición. Cada vez más observamos a los hijos adultos en hogares, mantenerse en los mismos sin poder conseguir empleos, con estrés y estados depresivos lo que constituye un grave problema para sus padres que en vez de acogerse a una jubilación merecida, continúan trabajando aunque sus condiciones físicas y mentales estén agotadas. La Trilogía Punitiva “Pena, Encierro y Policía” ha prevalecido en la región centroamericana. Esto ha repercutido generando reacciones en los jóvenes para enfrentar esta situación.

La Política Criminal mayormente efectiva debe ser situada en la Política de Oportunidades con acceso abierto y oportuno al mercado laboral, a la salud, a la educación y a una buena alimentación, lo que en materia de Políticas de Prevención, deben ofrecer oportunidades y disminuir los riesgos y la violencia. El Estado, la familia y las Escuelas deben trabajar en forma articulada y coordinada en función del recurso más valioso que poseemos: Nuestra Juventud.

Nuestros estados tienden a empequeñecerse, a disminuirse en lo que refiere a las áreas de servicio social y aumentando áreas de coerción y represión, en función de mantener la armonía en la estructura de mercado. El discurso del “Monstruo de la Delincuencia” debe ser tratado científicamente de modo que no prevalezca la acción punitiva y de mano dura. Veamos el problema de forma integral y en función de una política de oportunidades que permitan a nuestros jóvenes participar, que su voz sea escuchada en función de los mejores intereses de nuestros países.

101 años de Panamá América

 
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