default

Expectativa y optimismo


Desde el 1 de septiembre me he dado a la tarea de preguntar, en todos los niveles de la sociedad, lo que piensan y esperan del nuevo gobierno. Las respuestas han sido siempre las mismas, las expectativas son alarmantes y todos piensan que Martín tiene una varita mágica con la cual logrará que Panamá cambie de la noche a la mañana; pero cada vez me limito a responder lo mismo: el Presidente no podrá hacerlo solo, y si no cambiamos nosotros mismos, difícil tarea tendrá Martín en lograr sus objetivos.
No obstante, este optimismo entre nosotros, los panameños, sin importar raza, credo, partido político y estatus social es el principio de lo que puede ser un real cambio; y percibo que hay la disposición de amarrarse la cintura, apretarse el cinturón y estar dispuestos, todos, a hacer los sacrificios necesarios para que Panamá empiece a mejorar y se recupere la confianza en todas las instituciones públicas. Y digo esto, porque no sabemos el real y verdadero estado en que se encuentra el país.
El nuevo gobierno, de la manera que sea más propicia, debe continuar su trabajo de mantener este optimismo en la mayoría del pueblo panameño, pues esto le permitirá realizar su trabajo de la mejor manera posible.
Sin embargo, no todo es color de rosa, ya que en las diversas conversaciones que he podido sostener sale a relucir lo mismo de siempre: la justicia y las personas que tienen la responsabilidad de impartirla, pero por más que intenté decirles que esperemos y demos un voto de confianza al Órgano Judicial, la respuesta sigue siendo igual: "el Presidente puede tener las mejores intenciones, pero no cuenta con un sistema de justicia sano y jamás veremos a personas de cuello y corbata (entiéndase, altos funcionarios), enjuiciados y condenados, pues sólo los hijos de la "planchadora" son los que pagarán los platos rotos".
Al escuchar esas palabras, siento que el pueblo panameño no solamente ha perdido la confianza en su sistema de justicia y en todas sus instituciones, sino que está pidiendo un cambio a gritos, para que se le pueda devolver esa confianza a éste y otros órganos del Estado.
Lo que les he dicho a los que me responden de esta manera es que continúen con su optimismo y que recuerden que no es al presidente a quien le toca meter preso al que delinque, y que en un sistema democrático, que es el que tenemos, todos somos inocentes hasta que se nos compruebe lo contrario.
Con el optimismo que nos caracteriza como panameños, en momentos actuales podemos, todos, iniciar a empujar la carreta de la economía y lograr poco a poco ese cambio que tanto deseamos.
Para mí, y así debería ser para todos, la época de la política ha concluido; es decir, la campaña política ha terminado, hay un nuevo gobierno, todos vivimos en este pedacito de tierra, y es una obligación de cada uno tratar de poner de nuestra parte, como lo escribí en un artículo en este mismo diario, el 1 de julio pasado, titulado "El cambio que todos debemos hacer". Y es una obligación impostergable que hagamos un acto de constricción, miremos lo más profundo de nuestro ser y decidamos cuáles son los cambios que debemos realizarnos para lograr que ese optimismo que tenemos permita que nuestras expectativas se conviertan en realidad.
Al referirme a los cambios y sacrificios que debemos de realizar los panameños, sin excepción, a manera de ejemplo y siendo uno de los más importantes, también hablo de los posibles sacrificios que vamos a tener que aportar a consecuencia de los cambios que se tendrán que hacer en nuestro sistema de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM), también conocido como nuestro sistema de Pensiones y Jubilaciones, ya que de lo contrario la Caja de Seguro Social no podrá cumplir con las generaciones de panameños actuales actuales y mucho menos con los que están por jubilarse en los próximos cinco años.
No obstante todo este optimismo que se pregona, hasta las clases sindicales ya se han pintado de guerra y empiezan las amenazas de fuerzas porque unos pocos se quieren mantener en el poder de estos sindicatos sin interesarles la cruda realidad, a sabiendas de que la solución demandará de todos un enorme sacrificio y, a pesar que en todos los diálogos y foros sostenidos sobre el tema, se han dado cuenta del sacrificio que debemos hacer, ya hablan de "conquistas" y demás que no perderán; sin embargo me pregunto, ¿de qué valdrán esas "conquistas" si el sistema colapsa?

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América