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Explosión de pasión


Como vivimos en un país que se mueve por moda de acuerdo a la temporada, no es casual que el tema de Jesús esté de moda, y claro que por dos motivos de peso.
La primera razón, como país tradicionalmente católico, apostólico romano, celebramos la Cuaresma, la Semana Santa. Ello pone de moda al pescado.
Por otro lado, la segunda razón es toda la explosión que ha creado el filme de Mel Gibson "La Pasión del Cristo", con resultados millonarios de billetes en todo el mundo.
La industria del cine se ha convertido en un negocio de millonarios, ya sea para hacer millones o para quedar en banca rota.
Cada vez que un osado director y productor se lanza a la aventura de dirigir o producir una cinta, se ponen en juego millones de dólares, balboas, palos, "chen-chenes", billetes, o como se les quiera llamar.
Es así como vemos que la explosión empieza con el tema y el personaje, que lógicamente debe apuntar a una figura con la que se pueda sacar el mayor valor agregado posible; es decir, desde crear una moda, muñecos, juegos, comida, música, adornos, entre otras cosas o chécheres.
Con el pasar del tiempo, la industria del cine ha sabido explotar sus productos, desde crear clásicos para toda la vida, inmortalizar actores y actrices, así como violar todas las normas y valores posibles como lo es imponer la moda de la violencia y el sexo en generaciones de cinéfilos pasados y presentes.
Los directores y productores buscan su reconocimiento a través del impacto que pueda lograr en su público objetivo; o sea, si nos aterroriza, nos muestra el valor de la vida, es un documento histórico, una denuncia, nos deja excitados en el asiento, nos pone a llorar o a reír e incluso reflexivos o "frikearnos" mentalmente.
En el caso de "La Pasión Del Cristo", el negocio está montado y es redondo, estamos hablando de una Súper Estrella, con establecimientos y fanáticos por todo el mundo, pósters, collares, estampitas y representantes; en fin, toda una estrategia de mercadeo establecida.
Desde que empezó la fiebre del filme algunos "creyentes" han confesado darse cuenta lo mucho que sufrió Jesús, como si en la Biblia no se expresara tal suplicio vivido por él.
Para quienes se han espantado por todo el sufrimiento y la violencia mostrada a tal punto que les ha costado lágrimas correr por las mejillas, es importante recordarles que lo que vieron fue una película al gusto de su director, su equipo y actores que hicieron su trabajo.
En otras palabras, sus lágrimas fueron el resultado de buenos efectos y buena actuación, por lo que diríamos que son los aplausos que se dan al culminar una buena obra de teatro.
Resulta paradójico cómo el ser humano más importante de la historia de la humanidad cobra fuerza, recupera creyentes y todo gracias a la magia del cine, cuando lo que debe prevalecer es la fe que se profesa a quien le debemos nuestro pasado, presente y futuro.
De acuerdo al diccionario, uno de los significados teológicos de fe es: "Virtud sobrenatural por la que el hombre establece una relación con Dios, que se revela mediata o inmediatamente".
Para quienes han visto el filme, el personaje central es Jesús representado por un actor quien sufre y padece simuladamente lo narrado en la Biblia, opacando la participación de otras figuras como María y algunos de los apóstoles, ya que son pocos los que comentan sobre ella y ellos.
No cabe duda que a principios de este siglo XXI se ha redescubierto a un súper estrella llamado "Jesús" que hasta la Iglesia católica lo celebra.
Cabe recordar que para ver a Jesús no tenemos que buscarlo en una pantalla cinematográfica, ni siquiera en las alturas, porque Jesús está entre nosotros y con nosotros, y su sufrimiento lo podemos ver en la sonrisa del rico frente al pobre, en el desamparado ante el que ostenta, en la desigualdad que se vive y en la injusticia frente a los oprimidos.
Como reflexión no hay que olvidar: "Dichosos los pobres porque de ellos es el reino de Dios", " Dichosos los que padecen hambre y sed de justicia, pues quedaran saciados".

101 años de Panamá América

 
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