Expulsiones en el Arnulfismo
La Fiscalía del Partido Arnulfista ha comunicado la apertura de un proceso de expulsión de Alberto Vallarino y 11 legisladores que lo acompañan en su intento de lograr ser postulado por otros colectivos de oposición, luego de ser vencido en las primarias del partido celebradas el pasado marzo.
Hasta ahora, los organismos disciplinarios del arnulfismo habían mostrado una mal contenida tolerancia, frente a las abiertas aspiraciones de Vallarino de disputar a la candidata del partido, Mireya Moscoso, el liderazgo de la oposición.
Mas lo ocurrido la semana pasada, debió haber colmado la paciencia de quienes desde hace tiempo vienen pidiendo la cabeza de Vallarino y los suyos, cuando los directorios de los opositores partidos Liberal, Renovación Civilista y Demócrata Cristiano decidieron por amplia mayoría recomendar la candidatura presidencial del exitoso banquero.
De hecho en noviembre próximo, deben tener lugar las primarias de la democracia cristiana, donde se someterá a la decisión de sus inscritos, la aprobación de la candidatura de Vallarino. Para tal propósito, se espera que el todavía arnulfista, inscriba oportunamente, miles de simpatizantes que le aseguren el triunfo.
Todo este movimiento cismático es consecuencia del fracaso de los esfuerzos de distinguidos ciudadanos, entre ellos, Mario Galindo, JJ Vallarino, Ricardo Arias Calderón y Fernando Arias, por propiciar la unidad de las fuerzas opositoras en torno a ambas figuras, Moscoso y Vallarino, como máximos exponentes de la oposición.
Y del desacuerdo a la expulsión hay solo un paso, quizás explicable reglamentariamente hablando, pero altamente inconveniente desde el punto de vista político. Ambas tendencias se necesitan recíprocamente, por más que se repelan en pasajeras circunstancias. Cualquiera de ellas que resultara vencedora en las elecciones de mayo próximo, tendrá en la otra su indispensable aliado natural para coogobernar, no con el PRD y los suyos.
Igual pasaría si ambas resultaren perdedoras, si es que aspiran a presentar una oposición coherente ante un PRD otra vez triunfante con votos minoritarios. En cualquier escenario, ningún bloque de fuerzas cuenta con poder suficiente para gobernar solo un país con demasiados desafíos juntos, por lo que deberán mantener desde ya abiertos todos los canales de comunicación entre sí. Y es obvio que la expulsión, no ayuda en nada en ese sentido.
Hasta ahora, los organismos disciplinarios del arnulfismo habían mostrado una mal contenida tolerancia, frente a las abiertas aspiraciones de Vallarino de disputar a la candidata del partido, Mireya Moscoso, el liderazgo de la oposición.
Mas lo ocurrido la semana pasada, debió haber colmado la paciencia de quienes desde hace tiempo vienen pidiendo la cabeza de Vallarino y los suyos, cuando los directorios de los opositores partidos Liberal, Renovación Civilista y Demócrata Cristiano decidieron por amplia mayoría recomendar la candidatura presidencial del exitoso banquero.
De hecho en noviembre próximo, deben tener lugar las primarias de la democracia cristiana, donde se someterá a la decisión de sus inscritos, la aprobación de la candidatura de Vallarino. Para tal propósito, se espera que el todavía arnulfista, inscriba oportunamente, miles de simpatizantes que le aseguren el triunfo.
Todo este movimiento cismático es consecuencia del fracaso de los esfuerzos de distinguidos ciudadanos, entre ellos, Mario Galindo, JJ Vallarino, Ricardo Arias Calderón y Fernando Arias, por propiciar la unidad de las fuerzas opositoras en torno a ambas figuras, Moscoso y Vallarino, como máximos exponentes de la oposición.
Y del desacuerdo a la expulsión hay solo un paso, quizás explicable reglamentariamente hablando, pero altamente inconveniente desde el punto de vista político. Ambas tendencias se necesitan recíprocamente, por más que se repelan en pasajeras circunstancias. Cualquiera de ellas que resultara vencedora en las elecciones de mayo próximo, tendrá en la otra su indispensable aliado natural para coogobernar, no con el PRD y los suyos.
Igual pasaría si ambas resultaren perdedoras, si es que aspiran a presentar una oposición coherente ante un PRD otra vez triunfante con votos minoritarios. En cualquier escenario, ningún bloque de fuerzas cuenta con poder suficiente para gobernar solo un país con demasiados desafíos juntos, por lo que deberán mantener desde ya abiertos todos los canales de comunicación entre sí. Y es obvio que la expulsión, no ayuda en nada en ese sentido.