Extrañando al IRHE
Desde hace tiempo he estado con ganas de escribir al respecto, sin embargo, he visto los problemas que han confrontado muchos otros usuarios y las quejas que públicamente han generado, que en realidad no estaba seguro si valía la pena adicionar una más, reconociendo de antemano lo pequeño de la misma. Pero lo que les voy a contar nos pasó el viernes en Coronado, lo cual ha sido una constante desde hace varios años.
Cuando el viejo IRHE existía, tenían una oficina completa en Coronado. En ella, no sólo se pagaban las cuentas de luz del área sino que, además, cuando se producían daños, inmediatamente había donde reportarlos y era casi de inmediato que los atendían. Personalmente llegué a conocer a algunos funcionarios, recibiendo de ellos una buena atención a los pequeños problemas que podía confrontar en mi propiedad.
Desaparecido el IRHE, la oficina de Coronado también cerró y creo que nuestra suerte se decide en Capira o en La Chorrera, cosa que no tengo claro aún. El viernes a eso del medio día se fue la luz, como decimos. Nada extraño, ha venido sucediendo por años y en no pocas ocasiones ha demorado entre cuatro a nueve horas restablecer el fluido. Independientemente de si es fin de semana, normal o concurrido o día de semana común y corriente, los apagones son ya parte de la rutina y es nuestro problema resolver el problema, valga la redundancia. Inmediatamente llamamos al teléfono de UNION FENOSA que tenemos para reportar el daño, 315-7222. Contesta una operaria, a quien le da lo mismo la suerte del quejoso. Nos dice que pasará el reporte -no se sabe dónde ni tampoco lo dice-. Volvemos a llamar y nos contestan que el carro del área -dicen que hay uno nada más- se encuentra por El Valle y que cuando termine allá, saldrán para Coronado. El tiempo sigue transcurriendo y las preocupaciones en aumento, ya que si no hay luz, la bomba del pozo no funciona y por lo tanto no hay agua, ya que la del IDAAN tampoco llega a mi propiedad porque trabajan con pozos, con bombas también eléctricas. A la tercera llamada, dice la rotativa operaria que el carro está saliendo de El Valle y que debe atender otros problemas también en Coronado antes del nuestro. Cuando pasa el tiempo -tres horas- volvemos a llamar. La nueva operaria no sabe nada del reclamo y cuando paga las consecuencias de la ineptitud de las anteriores, llama a alguien y se da cuenta del problema. Nos dice que lo que pasa es que está lloviendo con tormenta y que así no pueden trabajar. Falso. A esa hora aún no había empezado a llover y cuando se lo dijimos, respondió que el carro ya estaba en camino desde El Valle. Decidimos hacer algo que creíamos útil: llamar al Ente Regulador en Panamá y poner telefónicamente la queja. Las operarias son más o menos iguales, pero sí se tomaron el trabajo de llamar a UNION FENOSA y nos dieron un número de reclamo con el cual podíamos identificar la queja. Convertimos al Ente en el receptor de nuestro disgusto y, finalmente, como cinco horas más tarde, llegó la luz, llegando también la normalidad a todos los que estábamos por allí de vacaciones con nuestros hijos.
Odiseas como ésta, llevo ya varias; pero hasta hoy decidí hacerlas públicas, para ver si la presión de la opinión pública, de algo sirve.
El servicio, además de exageradamente caro y sin probabilidad de que reconsideren el costo de la tarifa, es deficiente. No hay mantenimiento visible.
Me comentan algunos de los amigos -ex IRHE- que aún tratan de ayudarme, que no les dan materiales para poder cumplir y que la flota vehicular es un eufemismo llamarle flota, ya que sólo tienen un carro para el área. Cuando van a los distintos pueblos a tratar de resolver problemas, los moradores los quieren linchar porque las quejas y la desatención es la regla general.
Tengo que admitir que la privatización de los servicios públicos fracasó en Panamá, desde la perspectiva de los pocos recursos que tenemos los usuarios para hacer valer nuestros derechos como tales y como accionistas indirectos del 49% de las acciones de esas empresas. El Ente Regulador ha fallado en su misión y la politización de sus componentes, así como el conflicto de intereses entre algunos de los jefes con las transnacionales; simplemente, está haciendo que la gente se colme, a tal punto de que si algún candidato, en un arrebato de demagogia dice que volverá a estatizar todo lo privatizado, ganará las elecciones y le construirán una estatua en su honor.
El último mea culpa del Banco Mundial es patético, al reconocer que no era verdad tanta belleza. Buen momento para decirlo, ahora que no tenemos más remedio que debatirnos con unos extranjeros explotadores para quienes los panameños no somos más que un número que sólo sirve para que nos pasen las facturas caras, mes tras mes.
Parece radical mi postura, pero es algo que uno viene observando con pasividad y tolerancia. Reconozco que en telefonía hay avances, que los estamos pagando y caro también, pero en electricidad, estoy seguro que lo acontecido el viernes en Coronado, se debe repetir en muchas otras partes del país, llenas de necesidades y, como dice el refrán, "reclamos al cielo".
En las propuestas y compromisos electorales que pronto se estarán debatiendo -ojalá así sea-, el tema del futuro de los servicios públicos y la reestructuración del Ente Regulador, debe ocupar un lugar prioritario. Los panameños con el conocimiento del tema, deben hacer aportes públicos que sienten opinión respecto de lo que se debe hacer, pues de lo contrario podemos caer en nuevas improvisaciones, cosa que no mejoraría el ya impráctico escenario. No se trata de retrotraer radicalmente lo ya superado en el tiempo, sino darle al poder ciudadano el justo valor que tiene, sobre todo si pagamos por ello. Mientras tanto eso ocurra, a cotizar una planta con alguno de los amigos que las venden ya que como van las cosas, los métodos alternativos van adquiriendo las características de regla general para poder sobrevivir a tanto abuso y desgreño.
La contienda política llevará a elegir un nuevo gobierno renovando el liderazgo político. Pero es necesario una comunidad con un grado suficiente de consenso sobre temas nacionales que actúe en la vida privada y que comunique el gobierno actual y al próximo sus preferencias para el desarrollo nacional. Además, que fortalezca su liderazgo en la vida privada cotidiana.
Cuando el viejo IRHE existía, tenían una oficina completa en Coronado. En ella, no sólo se pagaban las cuentas de luz del área sino que, además, cuando se producían daños, inmediatamente había donde reportarlos y era casi de inmediato que los atendían. Personalmente llegué a conocer a algunos funcionarios, recibiendo de ellos una buena atención a los pequeños problemas que podía confrontar en mi propiedad.
Desaparecido el IRHE, la oficina de Coronado también cerró y creo que nuestra suerte se decide en Capira o en La Chorrera, cosa que no tengo claro aún. El viernes a eso del medio día se fue la luz, como decimos. Nada extraño, ha venido sucediendo por años y en no pocas ocasiones ha demorado entre cuatro a nueve horas restablecer el fluido. Independientemente de si es fin de semana, normal o concurrido o día de semana común y corriente, los apagones son ya parte de la rutina y es nuestro problema resolver el problema, valga la redundancia. Inmediatamente llamamos al teléfono de UNION FENOSA que tenemos para reportar el daño, 315-7222. Contesta una operaria, a quien le da lo mismo la suerte del quejoso. Nos dice que pasará el reporte -no se sabe dónde ni tampoco lo dice-. Volvemos a llamar y nos contestan que el carro del área -dicen que hay uno nada más- se encuentra por El Valle y que cuando termine allá, saldrán para Coronado. El tiempo sigue transcurriendo y las preocupaciones en aumento, ya que si no hay luz, la bomba del pozo no funciona y por lo tanto no hay agua, ya que la del IDAAN tampoco llega a mi propiedad porque trabajan con pozos, con bombas también eléctricas. A la tercera llamada, dice la rotativa operaria que el carro está saliendo de El Valle y que debe atender otros problemas también en Coronado antes del nuestro. Cuando pasa el tiempo -tres horas- volvemos a llamar. La nueva operaria no sabe nada del reclamo y cuando paga las consecuencias de la ineptitud de las anteriores, llama a alguien y se da cuenta del problema. Nos dice que lo que pasa es que está lloviendo con tormenta y que así no pueden trabajar. Falso. A esa hora aún no había empezado a llover y cuando se lo dijimos, respondió que el carro ya estaba en camino desde El Valle. Decidimos hacer algo que creíamos útil: llamar al Ente Regulador en Panamá y poner telefónicamente la queja. Las operarias son más o menos iguales, pero sí se tomaron el trabajo de llamar a UNION FENOSA y nos dieron un número de reclamo con el cual podíamos identificar la queja. Convertimos al Ente en el receptor de nuestro disgusto y, finalmente, como cinco horas más tarde, llegó la luz, llegando también la normalidad a todos los que estábamos por allí de vacaciones con nuestros hijos.
Odiseas como ésta, llevo ya varias; pero hasta hoy decidí hacerlas públicas, para ver si la presión de la opinión pública, de algo sirve.
El servicio, además de exageradamente caro y sin probabilidad de que reconsideren el costo de la tarifa, es deficiente. No hay mantenimiento visible.
Me comentan algunos de los amigos -ex IRHE- que aún tratan de ayudarme, que no les dan materiales para poder cumplir y que la flota vehicular es un eufemismo llamarle flota, ya que sólo tienen un carro para el área. Cuando van a los distintos pueblos a tratar de resolver problemas, los moradores los quieren linchar porque las quejas y la desatención es la regla general.
Tengo que admitir que la privatización de los servicios públicos fracasó en Panamá, desde la perspectiva de los pocos recursos que tenemos los usuarios para hacer valer nuestros derechos como tales y como accionistas indirectos del 49% de las acciones de esas empresas. El Ente Regulador ha fallado en su misión y la politización de sus componentes, así como el conflicto de intereses entre algunos de los jefes con las transnacionales; simplemente, está haciendo que la gente se colme, a tal punto de que si algún candidato, en un arrebato de demagogia dice que volverá a estatizar todo lo privatizado, ganará las elecciones y le construirán una estatua en su honor.
El último mea culpa del Banco Mundial es patético, al reconocer que no era verdad tanta belleza. Buen momento para decirlo, ahora que no tenemos más remedio que debatirnos con unos extranjeros explotadores para quienes los panameños no somos más que un número que sólo sirve para que nos pasen las facturas caras, mes tras mes.
Parece radical mi postura, pero es algo que uno viene observando con pasividad y tolerancia. Reconozco que en telefonía hay avances, que los estamos pagando y caro también, pero en electricidad, estoy seguro que lo acontecido el viernes en Coronado, se debe repetir en muchas otras partes del país, llenas de necesidades y, como dice el refrán, "reclamos al cielo".
En las propuestas y compromisos electorales que pronto se estarán debatiendo -ojalá así sea-, el tema del futuro de los servicios públicos y la reestructuración del Ente Regulador, debe ocupar un lugar prioritario. Los panameños con el conocimiento del tema, deben hacer aportes públicos que sienten opinión respecto de lo que se debe hacer, pues de lo contrario podemos caer en nuevas improvisaciones, cosa que no mejoraría el ya impráctico escenario. No se trata de retrotraer radicalmente lo ya superado en el tiempo, sino darle al poder ciudadano el justo valor que tiene, sobre todo si pagamos por ello. Mientras tanto eso ocurra, a cotizar una planta con alguno de los amigos que las venden ya que como van las cosas, los métodos alternativos van adquiriendo las características de regla general para poder sobrevivir a tanto abuso y desgreño.
La contienda política llevará a elegir un nuevo gobierno renovando el liderazgo político. Pero es necesario una comunidad con un grado suficiente de consenso sobre temas nacionales que actúe en la vida privada y que comunique el gobierno actual y al próximo sus preferencias para el desarrollo nacional. Además, que fortalezca su liderazgo en la vida privada cotidiana.