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¿Extrañar?... sólo lo bueno


“Un príncipe no necesita tener cualidades, pero debe aparentar tenerlas. Es más tenerlas y emplearlas es peligroso; pero, fingirlas siempre es conveniente. El príncipe debe prometer con desfachatez, y debe prestar mayor número de juramentos sin cumplir nunca ni lo prometido, pues, siempre le hace triunfar la astucia”. El Príncipe, Nicolás Maquiavelo
Sólo releyendo El Príncipe pude encontrar algo de explicación a tanta irreverencia y menosprecio. Sólo allí pude encontrar algo de explicación del divorcio permanente, grave y profundo, que tiene Moscoso con la realidad del pueblo panameño. Sólo en las páginas de El Príncipe compruebo que no me equivoco cuando sostengo que Moscoso ha demostrado tener grandes dosis de astucia pero ningún, repito, ningún gramo de inteligencia.
A medida que transcurren los últimos meses del quinquenio de la administración de Moscoso, los ciudadanos decentes y con discernimiento formado, hacemos esfuerzos realmente extraordinarios para no ceder nuestras esperanzas ante el irrespeto y la burla constante que significa soportar el desgobierno mediocre y corrupto de Moscoso. También releyendo El Príncipe pude encontrar explicación de las últimas muestras -cada vez más serias- del desequilibrio que está afectando a la gobernante de los pobres quien nos envía señales claras de estar enamorada del poder, del cargo y de su pésima gestión.
¿Cómo resistir hasta el 2004? No lo sé. Sólo los hechos nos permiten comprobar la madera y calidad política de la que está hecha Moscoso.
El pasado sábado 12 de julio, mientras leía el diario La Prensa, me costaba comprender el creciente descaro que cada día se observa en Moscoso. No conforme con su gestión, falta de transparencia e impregnada con su particular sello demagógico, Moscoso estrenó otra mofa más que me produjo náuseas. Ante la realidad de su visible e innegable fracaso administrativo, empieza a emitir declaraciones desesperadas, desafiantes y lamentables como las que formuló en Pocrí, Los Santos, cuando señaló, mientras entregaba obras de electrificación rural y reparación de escuelas, que sabía que el pueblo panameño la va a extrañar cuando se vaya (La Prensa, 12/jul/03).
Me pregunté, ¿quién, decente y con criterio formado va a extrañar el nepotismo que tanto encanta a Moscoso y que justificó al declarar que -para ella- el nepotismo no es pecado? Dígame, ¿extrañará usted a los 247 allegados arnulfistas (los clanes familiares Young-Adames, Escalona-García, García-Villalaz-Weeden) que ocupan hoy cargos diplomáticos? ¿Quién extrañará a la generosa Presidenta de Panamá que cuando en diciembre de 1999 teníamos 35% de pobreza, 27% de desnutrición, ella alegre y despreocupada, obsequiaba costosos relojes Cartier y broches de oro a los bien pagados legisladores? ¿Quién que comprenda la importancia de la institucionalidad democrática y la necesidad de mantener la separación de los poderes va a extrañar la crisis nacional que ocasionó la mandataria cuando politizó la Corte Suprema de Justicia imponiendo los nombramientos de su querido compadre Cigarruista y a su íntimo y añorado amigo Spadafora como magistrados?
¿Quién la va a extrañar? Sería absurdo pensar que después de la demostración de burla y aprovechamiento descarado que hizo Moscoso del prestigio profesional y público, del nombre y experiencia de los distinguidos ciudadanos que nombró para integrar la Comisión Presidencial Anticorrupción, éstos la vayan a extrañar.
¿Qué ciudadano con madurez política, informado y preocupado por el destino nacional, va a extrañar a la mandataria que exoneró 22.2 millones anuales a Panama Ports, pero que con alegría y sin titubeo alguno impuso las reformas tributarias para aumentar impuestos al pueblo panameño?
¿Quién va a extrañar las escenas provocadas por Moscoso, como aquella donde con tono irónico y desafiante señaló que ella andaba con quien quería? Recuerde usted que con esa respuesta pretendía acabar la censura nacional que se le hacía por arriesgar la armonía y equilibrio institucional al haber llevado consigo, el año pasado, a los magistrados Spadafora y Cigarruista a la II Cumbre de la Unión Europea.
Dígame, ¿qué ciudadano serio, correcto y decente va a extrañar la incapacidad administrativa de la gestión Moscoso, esa que fue certificada por el propio Controlar General de la República, el fiel defensor arnulfista Alvin Weeden, quien reveló que en los reportes del sector público para el año 2002, el Ministerio de Obras Públicas tiene diferencias por 12.2 millones de dólares; que en los estados financieros del Ministerio de Salud existe una diferencia entre los saldos en caja y banco por 17.2 millones de dólares; que en la cuenta de bienes patrimoniales del Ministerio de Gobierno y Justicia hay una diferencia de 12.2 millones de dólares; que en el Ministerio de Economía y Finanzas en la cuenta de anticipos se hizo una entrega de 12.2 millones de dólares de manera inadecuada y no se refleja en los estados financieros 63 millones de los programas de Desarrollo Sostenible de Darién.
Dígame, ¿qué ciudadano que votó por Moscoso creyendo que sería gobernado por una mandataria íntegra, honesta y con un elevado concepto de su dignidad, la va a extrañar después que Moscoso, en forma reiterada, ha sido generosa con actos donde ha demostrado poseer cualidades totalmente contrarias? ¿Cómo ese ciudadano que le creyó, va a extrañar a quien mintió, mintió y mintió sobre la casita de Punta Mala; gestó y articuló el acto de corrupción que se requería para asegurarse la compra de esa propiedad estatal? Con descaro absoluto, haciendo gala de su poder y característico sentimiento de poco importa, propinó la gaznatada más sentida al pueblo panameño al tejer la estrategia magistral de utilizar a su hermano Franklin Hidalgo Moscoso Rodríguez para comprar Punta Mala.
También releyendo El Príncipe pude encontrar explicación de las últimas muestras -cada vez más serias- de ese desequilibrio que está afectando a la gobernante de los pobres. Recomendaba Maquiavelo que El Príncipe debe fingir y disimular, porque los hombres son tan sencillos y tan acostumbrados están a obedecer a las circunstancias, que el que quiera engañar siempre hallará a quién hacerlo.
Deduzco que alguien le recitó a Moscoso las sugerencias de Maquiavelo, por ello, empieza a enviarnos señales claras de estar enamorada del poder, del cargo y de su pésima gestión.
¿Cómo ha llegado Moscoso a este nivel de degeneración? Obviamente, cada día hay mayores evidencias de que está tan obnubilada y flota dentro de una burbuja construida falsamente por ella y por quienes padecen del mismo mal. ¿Extrañarla a ella, a su gobierno corrupto, a los mediocres integrantes de su Gabinete, a sus descarados legisladores, al ungido de su dedo que vicio el proceso de su convención y pisoteó a sus copartidarios? ¿Extrañar su falta de transparencia, sus mentiras, su demagogia? ¡Esperanza inútil la de Moscoso! ¡Por favor, que no se engañe! ¡Pobre! Su engreimiento es tal que se le olvida que uno extraña sólo lo bueno.

101 años de Panamá América

 
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