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Extravagancia Presidencial


So pretexto de darle dignidad al cargo, durante los últimos cinco años el Presidente de la República, Ernesto Pérez Balladares, ha vivido con un derroche y prodigalidad indigno de un país en que no hay medicinas en los hospitales públicos y centros de salud, cuyas pocas salas de operaciones carecen de instrumentos elementales y personal calificado, en el cual las escuelas carecen de los más elementales recursos y hasta de techos, y en fin, en el que un tercio de la población vive en la pobreza.
Desde su toma de posesión, el señor Presidente escogió vivir en su residencia en vez del Palacio de Las Garzas, cosa comprensible e irreprochable. Sin embargo, esta primera decisión ha conllevado importantes gastos adicionales en equipamiento y mejoras a su propiedad, así como personal y equipo de seguridad. En adición, ello ha implicado que los movimientos y traslados cotidianos del Presidente desde su hogar a sus oficinas, y de regreso, requieran de mayor protección.
Y quizá en esta protección es donde comenzamos a ver los excesos del mandatario y se nutre del consejo de numerosos asesores que devengan jugosos salarios a costa del erario. Se mueve con nutrida y costosa escolta motorizada.
A lo anterior, se suman el avión y el helicóptero presidenciales, que facilitan y hacen más expedita su movilización, pero que implica también apreciables gastos y costos de seguridad, operación y mantenimiento. Es más, en su residencia de playa, hasta una patrullera del Servicio Marítimo Nacional se ancla en la costa auxiliada por una lancha y un equipo de buzos cada vez que decide pasar un fin de semana o darse un baño en el mar, el cual por cierto tiende a ser destino común del mencionado helicóptero.
Pero quizá, la mayor extravagancia está en los excesos personales. Tiene su "chef" y mesero personal, quienes lo acompañan y atienden en todo lugar, en Panamá y en el exterior. Viaja siempre con él su jefa de protocolo y su secretario ejecutivo, cada uno de ellos a su vez con sus propios asistentes. En el exterior, acompañado de su numeroso séquito usual, se hospeda en lujosos hoteles, sin escatimar gasto alguno.
No podemos concluir sin mencionar las lamentables partidas secretas o, como prefieren llamarlas el Presidente y el Contralor General de la República, las partidas "discrecionales". Recientemente el colega El Siglo publicó un listado que contiene ciertas entradas de un libro de registro de cheques supuestamente relacionado con dichas partidas, en el cual se revelan pagos por sumas cuantiosas a agencias de viajes, agencias arrendadoras de autos, celulares, ópticas, asesores, abastecedores de alimentos, tarjetas de crédito, televisoras, periodistas, radiocomentaristas, entre muchos otros. ¡Hasta dónde ha llegado el desgreño!


101 años de Panamá América

 
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