Extremistas sabotean proceso de paz
El mundo miró con simpatía los serios esfuerzos israelíes por concretar un escenario de paz en Medio Oriente, después de años de confrontación y muerte.
Quienes han seguido de cerca la batalla hebreo-palestina y sus repercusiones, saben perfectamente el significado y el costo que han representado para Israel, los recientes retiros de la Cisjordania y la Franja de Gaza. Ya en el pasado, esa manera de encarar el conflicto costó la vida al inolvidable Yizhak Rabin, a manos de los mismos fanáticos judíos que, en esta ocasión, se han opuesto también a la decisión encabezada por Ariel Sharon. No sorprendió, por ejemplo, la renuncia del ex primer ministro Benjamín Netanyahu, responsable de las finanzas en la administración Sharon. La muerte, en los años 70 de su hermano, a manos de los palestinos, está a la base de su intransigencia.
Así que el solo hecho de que las retiradas se hayan producido bajo la dirección de Sharon habla muy bien de la acción de Tel Aviv, de su decisión de concretar un escenario de paz, a pesar de los costos políticos internos que tendría que pagar su actual gobierno, toda vez que nadie ignora con cuánto radicalismo ha defendido Sharon la presencia de su país en los territorios árabes ocupados.
Pero sectores radicales palestinos que por tantos años transitaron por el mundo con la imagen de víctimas del sionismo, son los que parecen no querer la paz. De otra manera no se explican los recientes atentados contra Israel en medio de los proceso de retiradas. El propio gobierno palestino ha llamado "acto terrorista" la agresión contra Israel, por parte de quienes, desde los territorios palestinos, han lanzado una nueva campaña que contradice, el reclamo histórico de paz y territorios para el asentamiento de un Estado palestino.
El mundo que creía llegada la paz al Medio Oriente está ahora ante una situación que abre la posibilidad de que se cierre el paso a un proceso al que sólo se oponen los extremismos de Israel y también de Palestina.
Quienes han seguido de cerca la batalla hebreo-palestina y sus repercusiones, saben perfectamente el significado y el costo que han representado para Israel, los recientes retiros de la Cisjordania y la Franja de Gaza. Ya en el pasado, esa manera de encarar el conflicto costó la vida al inolvidable Yizhak Rabin, a manos de los mismos fanáticos judíos que, en esta ocasión, se han opuesto también a la decisión encabezada por Ariel Sharon. No sorprendió, por ejemplo, la renuncia del ex primer ministro Benjamín Netanyahu, responsable de las finanzas en la administración Sharon. La muerte, en los años 70 de su hermano, a manos de los palestinos, está a la base de su intransigencia.
Así que el solo hecho de que las retiradas se hayan producido bajo la dirección de Sharon habla muy bien de la acción de Tel Aviv, de su decisión de concretar un escenario de paz, a pesar de los costos políticos internos que tendría que pagar su actual gobierno, toda vez que nadie ignora con cuánto radicalismo ha defendido Sharon la presencia de su país en los territorios árabes ocupados.
Pero sectores radicales palestinos que por tantos años transitaron por el mundo con la imagen de víctimas del sionismo, son los que parecen no querer la paz. De otra manera no se explican los recientes atentados contra Israel en medio de los proceso de retiradas. El propio gobierno palestino ha llamado "acto terrorista" la agresión contra Israel, por parte de quienes, desde los territorios palestinos, han lanzado una nueva campaña que contradice, el reclamo histórico de paz y territorios para el asentamiento de un Estado palestino.
El mundo que creía llegada la paz al Medio Oriente está ahora ante una situación que abre la posibilidad de que se cierre el paso a un proceso al que sólo se oponen los extremismos de Israel y también de Palestina.