Exuberancia racional
Hay algunos que dicen que los bancos son como aquellos paraguas que se abren cuando hay sol y se cierran apenas comienza a llover. En momentos de necesidad se olvidan de nuestra larga tradición de clientes cumplidos. Otros inclusive, afirman que a los banqueros al morir no se les puede encontrar en el cielo, ni en el purgatorio ni en el infierno ... pues no tienen alma.
Así, es fácil echar la culpa de todos nuestros males a los bancos y señalar que lo que enfrentamos es un problema financiero creado en gran parte por la forma como fijan las tasas de interés y aprueban los préstamos.
Sin embargo, mi opinión es otra. La banca se está convirtiendo en el negocio más regulado y "competido" en Panamá, además de que existe una sorprendente variedad de bancos, muchos de los cuales están cumpliendo una función de complemento de la misión de su casa matriz. El banco es un negocio como cualquier otro, aunque más sensible a un sinnúmero de riesgos. Si aceptamos que el banco subsiste en base al diferencial entre la tasa que cobra en sus préstamos y la tasa que paga a sus depositantes, veremos que, pese a captar fondos, tiene que colocar para sobrevivir. Si sólo coloca a clientes tipo A enfrentará el hecho que éstos son escasos y no dejan margen. Entonces, ¿por qué no prestan como antes? ¿Qué ha ocurrido en la banca que ahora hay más requisitos para accesar préstamos? Para responder, tratemos de comprender la mentalidad del banquero.
Para ello hablaremos del riesgo de crédito.Todo banquero debe evaluar el riesgo, aceptarlo y luego hacer un control y seguimiento. El riesgo de crédito es el riesgo que un contrato financiero no sea respetado según el conjunto de condiciones iniciales o acuerdos posteriores. Así, pues, si una persona acepta un pagaré a 90 días y no lo paga sino lo amortiza al 5% y esto dura año y medio, le genere al banco un problema de liquidez.
Los bancos se han acostumbrado a medir estos incumplimientos, de tal forma, que cada crédito se controla por criterios, en otras palabras, ya consideran la devolución del pagaré no en 90 días sino en año y medio. En ocasiones hemos percibido la preocupación de los banqueros cuando se refieren a que es común ver que los préstamos de corto plazo terminen volviéndose prestamos a mediano plazo y estos últimos a términos indefinidos. ¡Y ni se diga de aquellos que son incobrables!
El banquero sabe que debe aceptar solamente los créditos sobre cuales no existen dudas razonables que los términos del contrato serán respetados. Una vez escogido el tamiz inicial, el banquero debe valorar el riesgo y fijar las tasas en función de éste. Así, encontramos que si la "valorización del riesgo" no se hace, justos pagarán por pecadores.
No puede ser que si se hunden dos barcos atuneros, entonces se cierra el crédito al sector pesquero; si un joyero huye con las prendas al último rincón del planeta, todos al paredón por ladrón; si llueve en Toabré y Renacimiento, a borrar del mapa esos corregimientos. Esta conducta no es adecuada. Lo técnico es evaluar al cliente por sus méritos o deméritos. Si el banco actúa de otro modo terminan los buenos clientes subvencionando a los malos.
Todo análisis de crédito va de arriba hacia abajo. Primero las condiciones macro. ¿Cómo está el país ante los ojos de las instituciones financieras y las calificadoras de inversión? Estas son las variables macroeconómicas. Luego viene el análisis de las condiciones del sector y finalmente las condiciones de la empresa. Esto permite entender que cada empresa no es sólo un árbol sino un árbol que pertenece a un bosque que interactúa y la influye. Si una empresa tiene una política coherente y conservadora y todo el sector se aloca, tarde o temprano se verá contagiada de esa locura.
En los cursos de Banca Financiera se aprende el proceso de las 5C para analizar empresas de un sector particular. Carácter: es la historia del cliente en sus actividades relacionadas con operaciones de crédito. Lo peor que nos puede pasar es no tener historia crediticia. Capital: cuánto es la relación deuda a patrimonio. Este criterio es lo que hace sensible otorgarle préstamos a algunas empresas. Caja: son los fondos generados por el negocio del cliente con los cuales debe pagarse el préstamo. Colaterales: son las garantías que respaldan el préstamo sean personales o reales. Condición del mercado: son las condiciones que se vinculan al ciclo económico y nivel de tasa de interés.
Si observamos estos criterios atentamente podemos entender por qué en la mente de los banqueros se produce un torbellino, casi un ciclón de ideas contradictorias: debo colocar para vivir y tener rentabilidad, tengo liquidez, pero como están las cosas no encuentro sujetos de crédito, si coloco y coloco mal aumento la cartera morosa. A esto hay que adicionar las nuevas regulaciones y prohibiciones que existen en el recién implementado Decreto Ley 9 de 1998 que moderniza la legislación bancaria y la ajusta a los preceptos del Concordato de Basilea, además que introduce reformas de fondo para aumentar la confianza internacional del Centro Bancario Panameño y crea la Superintendencia de Bancos.
Por lo visto, la respuesta no está en los bancos sino en el Gobierno, en la autoridad competente, en las normas y procedimientos por medio del cual se captan y colocan fondos, en la disminución de la capacidad adquisitiva de los panameños, en la proliferación de préstamos incobrables, en la contracción de la economía y en el aumento del gasto público. En consecuencia, con alma o sin ella, esta vez los banqueros no tienen la culpa.
Así, es fácil echar la culpa de todos nuestros males a los bancos y señalar que lo que enfrentamos es un problema financiero creado en gran parte por la forma como fijan las tasas de interés y aprueban los préstamos.
Sin embargo, mi opinión es otra. La banca se está convirtiendo en el negocio más regulado y "competido" en Panamá, además de que existe una sorprendente variedad de bancos, muchos de los cuales están cumpliendo una función de complemento de la misión de su casa matriz. El banco es un negocio como cualquier otro, aunque más sensible a un sinnúmero de riesgos. Si aceptamos que el banco subsiste en base al diferencial entre la tasa que cobra en sus préstamos y la tasa que paga a sus depositantes, veremos que, pese a captar fondos, tiene que colocar para sobrevivir. Si sólo coloca a clientes tipo A enfrentará el hecho que éstos son escasos y no dejan margen. Entonces, ¿por qué no prestan como antes? ¿Qué ha ocurrido en la banca que ahora hay más requisitos para accesar préstamos? Para responder, tratemos de comprender la mentalidad del banquero.
Para ello hablaremos del riesgo de crédito.Todo banquero debe evaluar el riesgo, aceptarlo y luego hacer un control y seguimiento. El riesgo de crédito es el riesgo que un contrato financiero no sea respetado según el conjunto de condiciones iniciales o acuerdos posteriores. Así, pues, si una persona acepta un pagaré a 90 días y no lo paga sino lo amortiza al 5% y esto dura año y medio, le genere al banco un problema de liquidez.
Los bancos se han acostumbrado a medir estos incumplimientos, de tal forma, que cada crédito se controla por criterios, en otras palabras, ya consideran la devolución del pagaré no en 90 días sino en año y medio. En ocasiones hemos percibido la preocupación de los banqueros cuando se refieren a que es común ver que los préstamos de corto plazo terminen volviéndose prestamos a mediano plazo y estos últimos a términos indefinidos. ¡Y ni se diga de aquellos que son incobrables!
El banquero sabe que debe aceptar solamente los créditos sobre cuales no existen dudas razonables que los términos del contrato serán respetados. Una vez escogido el tamiz inicial, el banquero debe valorar el riesgo y fijar las tasas en función de éste. Así, encontramos que si la "valorización del riesgo" no se hace, justos pagarán por pecadores.
No puede ser que si se hunden dos barcos atuneros, entonces se cierra el crédito al sector pesquero; si un joyero huye con las prendas al último rincón del planeta, todos al paredón por ladrón; si llueve en Toabré y Renacimiento, a borrar del mapa esos corregimientos. Esta conducta no es adecuada. Lo técnico es evaluar al cliente por sus méritos o deméritos. Si el banco actúa de otro modo terminan los buenos clientes subvencionando a los malos.
Todo análisis de crédito va de arriba hacia abajo. Primero las condiciones macro. ¿Cómo está el país ante los ojos de las instituciones financieras y las calificadoras de inversión? Estas son las variables macroeconómicas. Luego viene el análisis de las condiciones del sector y finalmente las condiciones de la empresa. Esto permite entender que cada empresa no es sólo un árbol sino un árbol que pertenece a un bosque que interactúa y la influye. Si una empresa tiene una política coherente y conservadora y todo el sector se aloca, tarde o temprano se verá contagiada de esa locura.
En los cursos de Banca Financiera se aprende el proceso de las 5C para analizar empresas de un sector particular. Carácter: es la historia del cliente en sus actividades relacionadas con operaciones de crédito. Lo peor que nos puede pasar es no tener historia crediticia. Capital: cuánto es la relación deuda a patrimonio. Este criterio es lo que hace sensible otorgarle préstamos a algunas empresas. Caja: son los fondos generados por el negocio del cliente con los cuales debe pagarse el préstamo. Colaterales: son las garantías que respaldan el préstamo sean personales o reales. Condición del mercado: son las condiciones que se vinculan al ciclo económico y nivel de tasa de interés.
Si observamos estos criterios atentamente podemos entender por qué en la mente de los banqueros se produce un torbellino, casi un ciclón de ideas contradictorias: debo colocar para vivir y tener rentabilidad, tengo liquidez, pero como están las cosas no encuentro sujetos de crédito, si coloco y coloco mal aumento la cartera morosa. A esto hay que adicionar las nuevas regulaciones y prohibiciones que existen en el recién implementado Decreto Ley 9 de 1998 que moderniza la legislación bancaria y la ajusta a los preceptos del Concordato de Basilea, además que introduce reformas de fondo para aumentar la confianza internacional del Centro Bancario Panameño y crea la Superintendencia de Bancos.
Por lo visto, la respuesta no está en los bancos sino en el Gobierno, en la autoridad competente, en las normas y procedimientos por medio del cual se captan y colocan fondos, en la disminución de la capacidad adquisitiva de los panameños, en la proliferación de préstamos incobrables, en la contracción de la economía y en el aumento del gasto público. En consecuencia, con alma o sin ella, esta vez los banqueros no tienen la culpa.