Factor de riesgo
El sobrepeso se convierte en un inminente riesgo para la salud mundial, donde unas 400 millones de personas son clasificadas clínicamente como obesas, y representa un problema global de salud comparado hasta con el VIH, razón por la cual se difunde el nuevo término “globesidad”, haciendo referencia a este problema que incide en todos los estratos sociales.
No todos los habitantes consumen cigarrillos, drogas o tienen sexo sin protección; pero la alimentación es un denominador común. La obesidad es una enfermedad multifactorial y crónica caracterizada por el incremento en el porcentaje del tejido adiposo corporal así como una anormal distribución del mismo, que se constituye en factor de riesgo condicionante de la salud psicofísica de los seres humanos, más que un problema de estética.
La Organización Mundial de la Salud advierte que aumenta el riesgo de enfermedades crónicas, que incluyen la diabetes tipo dos, problemas cardiovasculares, hipertensión y algunas formas de cáncer. Un claro ejemplo se percibe en la actitud de un infante frente a la simbología de una reconocida cadena de restaurantes de comida rápida, lo que pone en alerta a miles de padres de familia que luchan contra la persuasión incisiva de estas cadenas en los medios de comunicación, y hace que nuestros niños y adolescentes crezcan en un entorno alimenticio deficiente, por la alta incidencia de "comida chatarra" (comidas con alto contenido de calorías) en el sistema, lo que lleva a países como Inglaterra, Estados Unidos y España a implementar políticas que permitan el acceso a las clases populares de mejores hábitos alimenticios que puedan elevar la calidad de vida de sus habitantes.
¿Existe en nuestro país algún control sobre los ingredientes utilizados en los alimentos? El alto costo de la canasta básica y los bajos precios de la comida "chatarra", obligan indirectamente a los ciudadanos a consumir estos alimentos poco nutritivos y su proliferación no es un buen síntoma para la salud colectiva. Estamos a tiempo para desarrollar políticas de salud encaminadas a combatir el sobrepeso en la población y unirnos a la muy predicada a nivel internacional "guerra contra la obesidad", así como el incentivo de una legislación que logre algún tipo de exoneración en los alimentos bajos en calorías, para que los sectores populares reflejen un cambio en la cultura alimenticia, para evitar ser testigos de numerosas muertes a causa de un alto colesterol.
Antes, el arroz, poroto y carne, era la comida básica del panameño, pero los altos costos en la canasta básica dejan sin opción al trabajador, a merced de hamburguesas, hot dogs, arepas y tacos, lo que nos da un indicio de que si la inflación en los productos alimenticios continúa, no sólo tendremos un Panamá más pobre, sino también poco saludable.
Apelamos a la conciencia de los sectores involucrados en el tema alimenticio, a no mirar este problema de manera particular, sino como amenaza colectiva que silenciosamente va penetrando todos los estratos sociales de nuestro pequeño, pero complicado Panamá.