Factor Saladino
En las Olimpiadas de Grecia de 2004, Irving Saladino quedó entre los mejores, pero no logró medalla. Su internacionalización se da en el 2006 cuando obtuvo medalla de plata en el Campeonato Mundial de Atletismo en Pista Cubierta de Moscú, a solo un centímetro del medallista dorado de Ghana.
En Río de Janeiro, logró el mejor récord suramericano. En Europa, ganó cinco de seis pruebas de la Liga Dorada. En el Campeonato Mundial de Atletismo de Japón, en 2007 logró medalla de oro. En Holanda, en el 2008, consiguió la mejor marca de todos los tiempos.
El triunfo del "Canguro Colonense", como medallista dorado de salto largo varonil en las pasadas Olimpiadas de Beijing 2008, con un salto de 8.34 metros, consecuencia de su perseverancia, es motivo de alegría para los panameños, especialmente para aquellos que, como sus progenitores, le apoyaron siempre.
El día en que el "Golden Boay" llegó a Panamá, después del triunfo en cuestión, recibió elogios, regalos, halagos y reconocimientos, como por ejemplo saber que la Ciudad Deportiva de la Ciudad Capital llevará su nombre.
Propios y extraños, gente leal y oportunistas advenedizos, gente buena y gente no tan buena, están con él, unos desde siempre, otros ahora.
Sin embargo, en medio de tanta algarabía, aprovechada al máximo por comerciantes y políticos, me surgió una inquietud, que no es ni será sombra para el medallista colonense, sino más bien un llamado de atención sobre la actitud que asume la gente en prohijar a los que triunfan, pero en ser indiferentes con los que, a pesar de intentarlo, no lo pudieron lograr.
Fueron varios los que asistieron a Beijing en representación de Panamá, pero solo uno recibió los honores.
Al joven atleta le queda un camino largo por delante, sea en el campo de la profesión que estudia, al igual que en sus actividades y beneficios por sus logros olímpicos.
No obstante, esperamos que sea un vocero con respecto de la optimización del apoyo que necesitan el resto de los atletas y deportistas panameños, así como también en que se enderecen los entuertos jurídicos y administrativos en los que se encuentra el atletismo nacional, y que contribuya activamente en que las presentes y futuras generaciones sean libradas de las garras de la criminalidad. Y que no pierda de vista que la grandeza de un ser humano depende de su esencia divina y natural, y de los valores y humildad.