Factores agravantes de la crisis sanitaria
La salud es un derecho y un deber de toda persona, no cabe duda que ambas autoridades máximas del sector salud en Panamá así lo entienden. Incluso nos han reiterado que la salud y la seguridad social deberán conservarse eficientes, eficaces, solidarias, públicas y con una amplia participación popular en la formulación, ejecución y evaluación de los servicios que ofrecemos.
En esta premisa me permito expresar algunas reflexiones sobre la grave situación sanitaria por la que transitamos, dado que la misma no permite que se produzca el impacto positivo esperado sobre los indicadores de salud, de manera que corresponda y refleje el enorme esfuerzo que se realiza con esta intención, a nivel del sector público y privado.
Para quienes nos hemos dedicado al estudio de los factores epidemiológicos y sociales que afectan a la salud del panameño y quienes a lo largo de varias décadas hemos conformado los entes responsables de la planificación política, estratégica, táctica y operativa de la salud panameña, nos resulta sorprendente, cómo en ocasiones en el sector se insiste en perpetuar algunas decisiones, a pesar de que sabemos que ese camino ya fue recorrido y no nos condujo a un feliz destino.
Si se nos preguntara cuáles son dos de los principales factores agravantes de la actual crisis de gestión y atención que afecta a los hospitales e instalaciones públicas, la cual reconocemos se potencia entre otras razones; por los efectos negativos de la denominada década perdida del 80, por la politización de sus mandos medios y superiores, por el progresivo abandono de los programas de salud para reemplazarlos por programas de enfermedad y ahora a partir de los nuevos enfoques neoliberales, por tan solo intervenciones focalizadas a las poblaciones de más alto riesgo, tendríamos que responder que son los siguientes:
1) La mezcla o confusión de la responsabilidad geográfica poblacional en dichas instalaciones de atención hospitalaria y ambulatoria en la cual se entrelazan en un abrazo de ineficiencia los pacientes del nivel local, regional y nacional. Esto trae como consecuencia lógica por un lado, la subutilización de recursos especializados costosos, concentrados en una instalación de carácter nacional al tener que atender patologías, como apendicitis, partos normales o amigdalectomías propias de una entidad distrital y por el otro, permite que instalaciones que deberían de poseer una capacidad de respuesta que haga posible desconcentrar la presión de la demanda sobre el sistema a nivel central, sigan comportándose como grandes ulaps o centros de salud, desde donde todo se refiere a la capital, cuyos dos cuartos de urgencia ya no aguantan la llegada ni del clásico alfiler.
2) La concomitancia o la realización paralela de los diferentes procesos de atención directa en una misma instalación y con el mismo personal responsable. En otras palabras, es sumamente difícil poder planear, evaluar la productividad y exigir responsabilidades de los recursos utilizados de todo tipo, si los mismos están encargados por decir un ejemplo; de atender la consulta externa y la domiciliaria, la hospitalización, realizar las cirugías ambulatorias e institucionales, trabajar en el cuarto de urgencias y por último ser responsables de la rehabilitación y el soporte técnico adecuado y oportuno de todos los pacientes. Al final de la jornada, lo que se produce es una entropía o tendencia al desorden, en el cual no se reconocen los ingredientes y mucho menos los productos en calidad y cantidad, que satisfagan las abundantes necesidades de servicios públicos que la comunidad exige cada día con más vehemencia, producto de la difícil situación económica por la que atraviesa la nación.
Estoy convencido que las actuales autoridades se encuentran transitando por el sendero que les permitirá llegar al convencimiento, que más que construir nuevas mega-instalaciones, remodelar las ya obsoletas, comprar o alquilar bienes, servicios parciales o procesos completos, lo que se hace impostergable y de urgencia notoria, es la coordinación, complementariedad e integración de la misión y visión de ambas instituciones públicas del sector salud panameño, en la intención de ordenar con equidad la red de servicios de acuerdo a su capacidad de respuesta con la única premisa de servir a todo habitante de este país, para que de una vez por todas no existan compatriotas de segunda clase que no tienen acceso real a la salud integral y quienes si no se produce este necesario cambio de actitud estatal, jamás podrán aspirar a llenar el sentido de sus vidas.
En esta premisa me permito expresar algunas reflexiones sobre la grave situación sanitaria por la que transitamos, dado que la misma no permite que se produzca el impacto positivo esperado sobre los indicadores de salud, de manera que corresponda y refleje el enorme esfuerzo que se realiza con esta intención, a nivel del sector público y privado.
Para quienes nos hemos dedicado al estudio de los factores epidemiológicos y sociales que afectan a la salud del panameño y quienes a lo largo de varias décadas hemos conformado los entes responsables de la planificación política, estratégica, táctica y operativa de la salud panameña, nos resulta sorprendente, cómo en ocasiones en el sector se insiste en perpetuar algunas decisiones, a pesar de que sabemos que ese camino ya fue recorrido y no nos condujo a un feliz destino.
Si se nos preguntara cuáles son dos de los principales factores agravantes de la actual crisis de gestión y atención que afecta a los hospitales e instalaciones públicas, la cual reconocemos se potencia entre otras razones; por los efectos negativos de la denominada década perdida del 80, por la politización de sus mandos medios y superiores, por el progresivo abandono de los programas de salud para reemplazarlos por programas de enfermedad y ahora a partir de los nuevos enfoques neoliberales, por tan solo intervenciones focalizadas a las poblaciones de más alto riesgo, tendríamos que responder que son los siguientes:
1) La mezcla o confusión de la responsabilidad geográfica poblacional en dichas instalaciones de atención hospitalaria y ambulatoria en la cual se entrelazan en un abrazo de ineficiencia los pacientes del nivel local, regional y nacional. Esto trae como consecuencia lógica por un lado, la subutilización de recursos especializados costosos, concentrados en una instalación de carácter nacional al tener que atender patologías, como apendicitis, partos normales o amigdalectomías propias de una entidad distrital y por el otro, permite que instalaciones que deberían de poseer una capacidad de respuesta que haga posible desconcentrar la presión de la demanda sobre el sistema a nivel central, sigan comportándose como grandes ulaps o centros de salud, desde donde todo se refiere a la capital, cuyos dos cuartos de urgencia ya no aguantan la llegada ni del clásico alfiler.
2) La concomitancia o la realización paralela de los diferentes procesos de atención directa en una misma instalación y con el mismo personal responsable. En otras palabras, es sumamente difícil poder planear, evaluar la productividad y exigir responsabilidades de los recursos utilizados de todo tipo, si los mismos están encargados por decir un ejemplo; de atender la consulta externa y la domiciliaria, la hospitalización, realizar las cirugías ambulatorias e institucionales, trabajar en el cuarto de urgencias y por último ser responsables de la rehabilitación y el soporte técnico adecuado y oportuno de todos los pacientes. Al final de la jornada, lo que se produce es una entropía o tendencia al desorden, en el cual no se reconocen los ingredientes y mucho menos los productos en calidad y cantidad, que satisfagan las abundantes necesidades de servicios públicos que la comunidad exige cada día con más vehemencia, producto de la difícil situación económica por la que atraviesa la nación.
Estoy convencido que las actuales autoridades se encuentran transitando por el sendero que les permitirá llegar al convencimiento, que más que construir nuevas mega-instalaciones, remodelar las ya obsoletas, comprar o alquilar bienes, servicios parciales o procesos completos, lo que se hace impostergable y de urgencia notoria, es la coordinación, complementariedad e integración de la misión y visión de ambas instituciones públicas del sector salud panameño, en la intención de ordenar con equidad la red de servicios de acuerdo a su capacidad de respuesta con la única premisa de servir a todo habitante de este país, para que de una vez por todas no existan compatriotas de segunda clase que no tienen acceso real a la salud integral y quienes si no se produce este necesario cambio de actitud estatal, jamás podrán aspirar a llenar el sentido de sus vidas.