Falacias judiciales
En días recientes, la Magistrada Presidente de la Corte Suprema de Justicia se vio cuestionada ante las cámaras de televisión sobre la credibilidad de ciertas actuaciones provenientes del máximo tribunal. A pesar de que la crítica provenía de personas bien intencionadas y se dirigía solo a ciertos miembros de la corporación, y no a todos, la magistrada Dixon arremetió contra su interlocutor con una batería de cifras de registros estadísticos que guarda y procesa el Órgano Judicial. Graciela Dixon pareció haber encontrado la verdad última de todas las cosas cuando, haciendo una relación de cifras, proclamó que los jueces panameños dictan un promedio de 3 sentencias diarias. Conclusión: no hay fundamento en las quejas sobre la administración de justicia.
La falta de credibilidad en la Corte es, pues, una invención de los medios de comunicación, una conspiración contra los abnegados magistrados de la Suprema, que lo único que hacen es trabajar y trabajar por el bien del país. Esto es lo mismo que dijo en su discurso de toma de posesión como presidenta de la Corte a inicios de año. Es el disco rayado de Dixon. ¿Cuál es la verdad? Resulta muy cómodo para la Corte hablar de promedios nacionales que enmascaran la realidad de esa institución. Abnegación y sacrificio hay en los juzgados municipales y de circuito, donde se trabaja con las uñas y se atienden en primera instancia miles y miles de expedientes todos los meses. Esa es la justicia de la que depende el ciudadano de a pie. Este es el problema masivo de la administración de justicia. Allí es donde encontraremos instalaciones lamentables que desdicen de la digna función de administrar justicia. Allí están las viejas máquinas de escribir manuales.
Los promedios nacionales sirven para encubrir el lujo y la ostentación de los despachos de los magistrados de la Corte, que poco producen si los comparamos con la carga mensual de los juzgados de primera instancia. Que diga la magistrada cuánto es la duración promedio de los Hábeas Corpus y los amparos que se tramitan en el máximo tribunal, y descubriremos el tamaño de la vergüenza, que no parecen tener sus palabras.
Señora Presidenta, no trate de cubrir el sol con la mano, porque usted nada gana con ello. Una palabra sincera es la mejor manera de obtener reconocimiento de la ciudadanía. Para saldar esta deuda pendiente, todavía le queda un año más en ese cargo. Esperemos que lo haga oportunamente.