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Falacias que empobrecen


Todos los días y en todos los diarios y revistas se dice que hay que disminuir la diferencia entre ricos y pobres por medio de la redistribución de la riqueza existente. Un ejemplo reciente nos lo dio el "experto" argentino en ética y economía Bernardo Kliksberg, invitado por el Vicepresidente de Guatemala a dictar varias conferencias en la escuela de gobierno y gestión pública, donde hizo énfasis en redistribución de la riqueza para disminuir la pobreza. A pesar de las buenas intenciones de quienes piensan así, es un error que agrava la pobreza y que es producto de varias falacias.
Aclaro que me refiero a riqueza adquirida legítimamente, pues la riqueza obtenida ilegítimamente corresponde al ámbito delictivo.
1ª Falacia: Que la riqueza que tienen unos es porque otros no tienen, como si se tratara de algo de tamaño fijo y, en consecuencia, si a unos les toca más es porque a otros les toca menos. No se comprende cómo todos pueden, al mismo tiempo, tener más y aumentar su riqueza, aunque sea desigual.
2ª Falacia: Que la producción de riqueza simplemente ocurre. Carlos Marx decía que la producción resulta de las "fuerzas naturales productivas". Pero la producción de riqueza no es ni automática ni producto de fenómenos metafísicos. Es producto de la acción deliberada, mental o física, de personas individuales, algunas veces solas y otras veces con la cooperación de otras, mediante contratos libres, explícitos o sobreentendidos.
3ª Falacia: Que en los intercambios unos ganan lo que otros pierden. La realidad es que en intercambios libres (de mercado) unos ganan precisamente porque otros ganan, si no, no se llevaría a cabo el intercambio.
4ª Falacia: Que la riqueza es de la sociedad y no de los individuos que la producen. Pero ¿quién produciría algo si sabe de antemano que no podrá disponer de lo que produce?
5ª Falacia: Que el acto de redistribuir no es despojo sino "justicia social". Pero ¿cómo se le llama al acto de redistribuir lo que ya tiene dueño, que ya está distribuido? Redistribuir implica despojar de riquezas a su legítimo propietario, riquezas que obtuvo en buena ley, para traspasárselas a otros. El hecho de que se legalice el acto por medio de la fuerza coercitiva del Estado para llevar a cabo el despojo no cambia su naturaleza. Eso sólo legaliza un acto que cuando lo comete un particular tiene pena de cárcel. Y utilizar a otros de ejemplo, sean gringos o noruegos, no cambia la esencia moral del despojo.
(*) Ingeniero y empresario guatemalteco, fundador de la Universidad Francisco Marroquín, fue presidente de la Sociedad Mont Pelerin.
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