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Falso envanecimiento


Con mucha frecuencia leemos las intervenciones radiales del Excelentísimo Señor Presidente de la República que luego los medios escritos reproducen. Deseo referirme a la del miércoles 3 de los corrientes que versa sobre un tema de suma actualidad y del que siempre nos hemos ocupado.
Expresó el Presidente en la aludida difusión radial que "el año pasado el desempleo en América Latina aumentó; sin embargo, el año pasado el desempleo en Panamá disminuyó". Ojalá fuese esa la realidad, pero lamentablemente el Presidente no dio a conocer su fuente de información por lo que bien puede interpretarse que tales declaraciones no son más que el producto del proceso electoral por el que atravesamos. Es comprensible que en esta época el gobierno y los partidos que lo conforman pretendan justificar ante la población su labor en busca de votos. Lo curioso es que tratándose de medidas económicas idénticas, pues todas son imposiciones de las IFIs, sólo en Panamá den resultado. Eso nos causa mucha hilaridad y el Presidente debe informarnos qué es lo que nos hace tan especiales y a la vez privilegiados. Probablemente, concluido su período, pueda trasladarse a América Latina a dirigir la economía de esos países con miras a la globalización de los triunfos que se atribuye localmente.
Otra aseveración del Presidente fue de que "el crecimiento de la economía ha permitido un menor número de desempleados".
Si las cifras que el gobierno divulga sobre el crecimiento de la economía son veraces ello no significa, en ningún momento, que el empleo ha aumentado. Es bien sabido que la riqueza que genera nuestra economía es muy mal distribuida y los beneficios económicos no son permeables a los bajos extractos sociales. En días pasados comentábamos que el Gobierno Nacional, mediante la desregulación del mercado laboral, ha destruido las posibilidades de creación de "trabajos con derechos" y ha dejado la creación de empleo a la mano invisible de la empresa privada. La idea de que sólo el sector privado puede crear empleo es una concepción que carece de veracidad a través de la historia, amén de que parte de un criterio peyorativo de lo público y de la creencia crítica de que los puestos de trabajo de este sector son improductivos, cuando la realidad es otra. Esta errada tendencia a cifrarlo todo en la autonomía del sector privado es lo que conduce, en la mayoría de los casos, a efectos contrarios a los que se dicen querer conseguir. Con frecuencia sólo se logra incrementar el excedente empresarial que se ha adueñado de la parte más importante del aumento de la productividad, de la distribución de la renta, en contra del trabajador, sin ninguna garantía de que tal aumento se trasforme en creación de empleo, como ha quedado en evidencia.
Pero la retórica de nuestro Presidente no cesa allí, también nos dijo que "no solamente es el número de empleos lo que ha crecido; también ha aumentado la calidad del mercado laboral en Panamá....se nota más allá de las cifras, se nota sólo con desplazarse de un lado a otro de la República, tanto en las grandes ciudades como en los poblados". ¿Pero será posible toda esta distorsión de la realidad? Ojalá nuestro Presidente recorra la Ave. Central donde trabajan miles de panameños en los diferentes establecimientos comerciales allí ubicados para que se percate de las condiciones de trabajo humillantes existentes como consecuencia directa de vaciar de contenido la totalidad de los derechos legales de los trabajadores, sin perjuicio de incidir sobre el sistema de seguridad social y la disminución de sus ingresos. Las medidas legislativas de este gobierno se caracterizaron por incrementar la destrucción del empleo con derechos, del trabajo con dignidad y transformarlo mayoritariamente en precario. El gobierno sólo ha creado "empleo chatarra". Todos los derechos duramente conquistados por los trabajadores en democracia, no existen ya. Si esto es motivo para vanagloriarse.....
En diferentes fábricas y oficinas, a lo largo y ancho del país, la gente espera, con miedo que no sea éste su día. Los jóvenes están empezando a hacer públicas sus frustraciones y su rabia, desembocando en un comportamiento antisocial y los trabajadores de mayor edad, atrapados entre un próspero pasado y un futuro incierto, parecen resignarse a estar condicionados por una serie de componentes sociales sobre los que poco o nada pueden hacer.
Nuestros gobernantes parecen no percatarse que los crecientes niveles de desempleo global y la mayor polarización entre ricos y pobres crean las condiciones necesarias para la aparición de disturbios sociales y una guerra abierta de clases a una escala nunca experimentada, con anterioridad, en la historia humana. El crimen, la violencia indiscriminada y el estado de guerra de baja intensidad, dice un destacado sociólogo, son aspectos incipientes de esta nueva situación, y muestran signos de que su tendencia será más dramáticamente creciente en los próximos años. Una nueva forma de barbarismo está latente justo a las puertas del nuevo mundo. Más allá de las tranquilas zonas residenciales y de los enclaves urbanos de los ricos yacen millones de seres humanos desamparados y desesperados. Angustiados, encolerizados y con pocas esperanzas de poder huir de sus circunstancias en el futuro, son los que se suponen defenderán los derechos, son las masas que demandan justicia y permanencia en la sociedad, los que piden ser oídos y considerados. Su número continúa creciendo a medida que millones de trabajadores se ven sin trabajo, sin expectativas y dejados a las puertas de la nueva aldea global tecnológica.

101 años de Panamá América

 
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