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Familia, educación y centenario


“Patria, ¡son tantas cosas bellas! Son las paredes de un barrio, es su esperanza morena; es lo que lleva en el alma todo aquel cuando se aleja; Son los mártires que gritan: bandera, bandera, bandera...” Rubén Blades
Cuando comentaba con mis abuelos en una reunión familiar sobre las actividades que desarrolla nuestra escuela para conmemorar el Centenario de nuestra vida republicana, ellos, con un dejo de nostalgia rememoraron las “Festividades del Cincuentenario” celebradas en 1953 y de la cual habían sido testigos meramente presenciales. Hoy, con el decurso de los años, se muestran más felices al ver cómo el pueblo panameño se apresta a celebrar con entusiasmo y patriotismo tan preclaras efemérides.
La unión a Colombia no resultó para Panamá lo que se esperaba; por el contrario, el Istmo perdió la libertad que había ganado en 1821 y se vio sumido en un período de inestabilidad política y desgobierno.
El pueblo panameño no se sentía a gusto por la desidia que mostraba el gobierno colombiano y ante esa situación nuestros hombres y mujeres con ideales libertarios propios, salieron a dar la cara en nombre del suelo patrio que los cobijaba, conformando la Junta Revolucionaria Separatista, dirigida por José Agustín Arango.
Pero los intereses de esta Junta iban más allá de la separación, pues también buscaban la construcción del Canal de Panamá, situación estudiada por la conveniencia geográfica del istmo.
Los objetivos de la Junta se volvieron para Panamá una realidad, un glorioso y victorioso 3 de noviembre de 1903. Nació para quedarse en la mente y corazón de todos los panameños, ¡alcanzamos por fin la victoria! Nuestro país logra la separación de Colombia gracias a las ilusiones, metas y esperanzas de esos hombres y mujeres que nacieron decididos a defender el ideal republicano de Panamá, y en años posteriores se culmina la construcción del Canal, a cargo de los Estados Unidos de América.
Me siento orgullosa de ser panameña, identidad que nadie podrá borrar; pues es la herencia de un pueblo que en tiempos de opresión se levantó unido para cantar a los cuatro vientos su himno de unión y libertad.
Por lógica simplista, yo no pude celebrar el cincuentenario, pero le doy gracias a Dios por permitirme festejar el centenario republicano en familia y con todos los hermanos compatriotas de buena voluntad y gozo sincero, así como aquellos que no habiendo nacido en esta hermosa tierra se identifican con nuestros logros y alegrías.
Nosotros, motivados por la memoria histórica de nuestro país, latente en la educación que nuestra “Alma mater”, el Centro Cultural Chino Panameño, Instituto Sun Yat Sen, prodiga a todos sus estudiantes, decidimos ser testigos y actores de las festividades del centenario de nuestra nación.
Por educación y dejando de lado toda sensiblería cursi, somos conscientes de que debemos pensar también en la crisis que en los actuales momentos vive la sociedad panameña.
La familia, como célula primaria de la sociedad, es el soporte que garantiza la existencia del sentimiento de panameñidad en nuestro país. Pero cuando las estadísticas nos indican que en nuestro medio el 47% de las familias panameñas es disfuncional y el 37% de los panameños vive en condiciones de extrema pobreza, estos datos nos hacen esbozar un rictus de dolor y desengaño dando paso a un lacerante sentimiento de frustración y abandono.
Es por eso que como joven panameña deseo enviar un mensaje de solidaridad humana a todos aquellos panameños que han tenido la ingrata fortuna de nacer y convivir en grupos con limitaciones de toda índole. ¡Que no caigan en la desesperanza! Y que en estas fiestas también hay cabida para los altos vuelos del espíritu.
Que las festividades del Centenario sirvan de marco referencial para que nuestras autoridades retomen acciones que permitan inyectar optimismo y esperanza a quienes contemplan con estupor y perplejidad la conmemoración de un centenario que los golpea.
El hombre no puede atar su vida al muelle del fracaso. Recordemos que el futuro pertenece a quienes tienen el valor de creer en la belleza de sus sueños.
Jóvenes y adultos debemos sentirnos orgullosos de nuestros logros como nación, pero aún queda mucho por hacer. ¡Viva el Centenario! ¡Viva Panamá!
(*Ganadora de concurso de oratoria.)

101 años de Panamá América

 
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