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Familia, Iglesia, Educación y Cultura de la Violencia


Un director de una escuela pública en un arranque de ira saca un revólver y dispara a su interlocutor que minutos antes lo “rofeaba” fuera del auto, varados en un tranque en la vía rápida del Corredor Norte.

A otro profesor se le encuentra en su casa un cargamento de armas de guerra y municiones, incluyendo AK-47, cuyo evidente destino es la guerrilla colombiana.

Un menor de 12 años permanece muchos días en la morgue judicial sin ser identificado por sus progenitores. Fue asesinado al estilo del sicariato de cinco disparos y tenía dentro de su boca un papel con la leyenda "Bagdad visto, Bagdad muerto". Es el segundo menor encontrado asesinado como si su vida, no valiera absolutamente nada.

Ni listar al resto de los sentenciados en razón de la guerra del narcotráfico, con su saldo de ejecutados y desmembrados y abandonados en las vías públicas.

Un delincuente portando un arma de fuego le roba a un funcionario su Black Berry cuando estaba departiendo con otra persona afuera de un restaurante. Es el quinto funcionario de alta jerarquía víctima del despojo de sus bienes por los dueños de lo ajeno, y uno más, entre los cientos que suceden al mes, en Ciudad de Panamá.

Una joven junto con otros compinches, planean un autosecuestro. A la entrega del dinero se produjo un intercambio de disparos que puso en riesgo la vida de muchas personas y al final después de una costosa operación policial, la “secuestrada” fue encontrada dentro de una casa, de lo más bien viendo televisión con una cómplice. El plan era despojar a su propio padre de miles de dólares como tarifa del supuesto plagio, hasta que habiéndose efectuado el pago, la vergonzosa jugada delictiva fue descubierta por la policía y todos fueron arrestados.

Todas estas observaciones son simples ejemplos del nivel de violencia y desparpajo amoral que carcome nuestra sociedad. Al participar de un evento masivo en la búsqueda de la paz, en el clamor por la falta de seguridad, reflexionemos también y demos una mirada introspectiva a nosotros mismos.

Una mirada interior a nuestra sociedad revelaría fácilmente donde ubicar el origen de todas estas manifestaciones de violencia que nos están destruyendo.

Reflexionemos sobre los educadores que perdieron su norte y vocación, pero son necesarios en la primera línea de formación de la sociedad.

Reflexionemos sobre los padres irresponsables que no atienden a sus hijos y los abandonan, pero los padres son necesarios en la primera línea de formación de la sociedad.

Reflexionemos en los hijos sin Dios ni religión alguna, que le han perdido el respeto a sus padres y no valoran su vida ni la vida de los demás. Hijos que les gusta la vida fácil, que no valoraron el estudio y que no obstante, si les gusta la buena vida. La iglesia es de primera línea en la formación de los seres humanos.

Veremos claramente a nuestra sociedad inmersa en una cultura de violencia. Familia-Iglesia-Educadores: es hora de hacer un alto y retornar a lo bueno.

Ciudadano: es hora de retornar al camino de los valores tradicionales familiares.

101 años de Panamá América

 
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