Familia y Educación
No pocos expertos coinciden en que en la base del relajamiento que experimenta la sociedad están la fragmentación y el acoso que padece la familia. Desafiantes, los avances tecnológicos y el mercado han impuesto una cultura, una forma de hacer y de ver las cosas, y no todo el tiempo la mayoría social está en condiciones de asimilarlos de golpe. Afectada inmediata, para bien o para mal: la familia, de la que hasta ahora, para su protección, se ocupan la Iglesia, y no con el mismo énfasis el Estado. Pero claro que se puede hacer algo. Si se parte del papel fundamental de la familia en la sociedad, el Estado podría contemplar la posibilidad de incorporar a los planes de estudio como materia obligatoria el tema de La Familia. No como un factor casual sino como un fundamento del sistema mismo en que vivimos. Podría ser esa una de las materias incorporada a la currícula prácticamente desde la escuela primaria, de manera tal que el niño valore desde temprano la importancia de la unidad familiar, su deber de defenderla, y hacer más efectivo su papel en la sociedad. Mucha o poca, la autoridad que el Estado pueda tener sobre los ciudadanos comienza con la autoridad que tiene la familia. Mientras que esta última esté sometida a acosos y atentados contra su unidad, mientras que los padres desafíen sin éxitos los retos de un sistema cada vez más anárquico, está en riesgo la propia sociedad.