Familia y la Tercera Edad
La familia es un verdadero don de Dios, la base de la sociedad y de la misma Iglesia. Es uno de los cimientos sobre los que está apoyada la estructura social y la convivencia humana. La familia constituye un valor supremo en la sociedad, que sin ella no puede existir. Si la sociedad anda mal es porque la familia está mal. La dicha de vivir en familia es gracia de Dios. Valoremos más nuestra familia, porque la vida familiar es un auténtico regalo de Dios en nuestras vidas.
Tenemos la obligación de velar y defender el hogar y la familia de Satanás y el mal. La Iglesia es consciente que hay que trabajar mucho evangelizando en el ámbito familiar. Pero, ¿qué puede aportar usted? Pues muchísimo: paz, amor, generosidad, alegría. Los grandes carismas de que hablan las cartas de Pablo en el Evangelio los tiene cada ser humano dentro de sí: sabiduría, consejo, ciencia, curación y amor. Usted tiene un depósito grandísimo de energía positiva y grandes carismas que, si los desarrolla y aplica como Dios quiere en su vida familiar, las cosas cambiarán. Tome conciencia del gran tesoro que ésta representa y defienda la integración familiar y la paz en el hogar de terribles peligros como peleas, rivalidades constantes, gritos, faltas de respeto, insultos y vicios como el alcohol y la droga. En definitiva, el alcohol es la "droga" más terrible y espantosa, la que más daño hace al ser humano y a la familia, sobre todo.
Las personas de la tercera edad son un elemento fundamental en el hogar. Aunque usted sea ya mayor no desatienda los problemas que se presentan en su casa. El Señor le ha permitido disfrutar de más años de vida, porque tiene que cumplir una misión muy importante: orar mucho por su familia, ser una persona de muchísima oración para liberarla de todo lo malo. Jesús dice en la Palabra que la oración con fe y ayuno ahuyenta al diablo. Existen muchos testimonios de personas de la Tercera Edad que, con oración y fe, han ayudado a que un hijo o nieto se libere del alcoholismo o la drogadicción, o que regrese al hogar con su familia. La oración callada, permanente, profunda e intensa, hecha con profunda fe, mueve montañas, dice Jesús. Si usted ora con fe, moverá montañas, las del licor, el vicio, el adulterio y otras que pueden estar contaminando su familia. Uno de los grandes pecados que se cometen en el seno familiar es el de omisión no importarle con los problemas de los otros miembros de la familia. Solamente por tener 60 ó 70 años o más no significa que esté impedido -¡usted puede hacer muchísimo!.
Las personas de la tercera edad tienen la gran ventaja de la experiencia y pueden aconsejar con más autoridad y propiedad. Por sus años, usted ha visto y sufrido mucho en su vida y tiene la autoridad que da la experiencia para guiar, aconsejar y orientar a sus hijos y nietos.
Gracias a su edad, experiencia, fe y valores morales, usted es el pilar de la familia. Manténgase siempre firme en sus principios y valores morales fundamentales y de fe, aunque sea motivo de burla o insultos. En cuestión de fe y moral hay que ser firme sin transigir ni ceder. Hay muchas abuelitas y abuelitos que en verdad sostienen la casa con su ejemplo, perseverancia y oración, dando armonía y seguridad en la convivencia familiar. Este ejemplo de perseverancia en los principios básicos morales y creencias de fe es muy necesario para la juventud. No ceda nada en eso y manténgase firme, porque ellos necesitan buenos ejemplos. Muchas abuelitas son auténticas formadoras de sus nietos y suplen vacíos que los papás dejan en las criaturas. Si a sus nietos les falta cariño o consejo, con mucha prudencia y delicadeza, supla el vacío que por exceso de trabajo o falta de tiempo los padres de ellos no han podido o sabido llenar. Eso sí, respete el matrimonio de sus hijos y no se meta en la vida privada de ellos y sus cónyuges. Es muy importante que usted reconozca y respete que ellos son el papá y mamá de sus nietos y usted tampoco puede ni debe tomar toda la autoridad. Respete, pero con delicadeza y astucia trate de influir positivamente en los niños donde encuentre fallas o vacíos.
Desarrolle sus carismas, esos dones que Dios le dio, y póngalos al servicio de su familia. Usted puede ser portador de la paz y amor de Dios y transmitir Su presencia para cambiar un infierno en un cielo y poner amor donde hay odio, perdón donde exista rencor, paz donde hay angustia. Usted debe dar lo mucho que tiene, pero con paciencia. No se desespere si un familiar anda en malos pasos. Tenga paciencia y verá que, tarde o temprano, se convertirán al Señor. Confíe en Dios, continúe orando, asistiendo a misa, y rezando el rosario por sus seres queridos. El tiempo humano no es el tiempo de Dios. Si usted cree que es muy tarde para los hombres, para Dios es el momento oportuno para cambiar el corazón de los que hayan perdido el camino.
En la familia, cada cual tiene la obligación y el derecho de aportar lo mejor de sí mismo. Usted puede contribuir mucho a su familia, que espera muchísimo de usted y lo necesita. No dar a la familia lo que espera de uno es un pecado de omisión. Muchas veces hemos podido ofrecer mucho, pero muchísimo más a nuestra familia, pero hemos sido egoístas y por culpa nuestra, la familia quizás sufre. Siéntese y hágase útil, pues usted tiene mucho que hacer en su hogar. Si confronta problemas con su familia, se siente acomplejado, tiene problemas interiores, ¿por qué no le pide ayuda a Dios? Si pide ayuda la Señor, El hará maravillas en su vida. El Señor tiene todo el poder y con Dios, usted es... ¡INVENCIBLE!
Tenemos la obligación de velar y defender el hogar y la familia de Satanás y el mal. La Iglesia es consciente que hay que trabajar mucho evangelizando en el ámbito familiar. Pero, ¿qué puede aportar usted? Pues muchísimo: paz, amor, generosidad, alegría. Los grandes carismas de que hablan las cartas de Pablo en el Evangelio los tiene cada ser humano dentro de sí: sabiduría, consejo, ciencia, curación y amor. Usted tiene un depósito grandísimo de energía positiva y grandes carismas que, si los desarrolla y aplica como Dios quiere en su vida familiar, las cosas cambiarán. Tome conciencia del gran tesoro que ésta representa y defienda la integración familiar y la paz en el hogar de terribles peligros como peleas, rivalidades constantes, gritos, faltas de respeto, insultos y vicios como el alcohol y la droga. En definitiva, el alcohol es la "droga" más terrible y espantosa, la que más daño hace al ser humano y a la familia, sobre todo.
Las personas de la tercera edad son un elemento fundamental en el hogar. Aunque usted sea ya mayor no desatienda los problemas que se presentan en su casa. El Señor le ha permitido disfrutar de más años de vida, porque tiene que cumplir una misión muy importante: orar mucho por su familia, ser una persona de muchísima oración para liberarla de todo lo malo. Jesús dice en la Palabra que la oración con fe y ayuno ahuyenta al diablo. Existen muchos testimonios de personas de la Tercera Edad que, con oración y fe, han ayudado a que un hijo o nieto se libere del alcoholismo o la drogadicción, o que regrese al hogar con su familia. La oración callada, permanente, profunda e intensa, hecha con profunda fe, mueve montañas, dice Jesús. Si usted ora con fe, moverá montañas, las del licor, el vicio, el adulterio y otras que pueden estar contaminando su familia. Uno de los grandes pecados que se cometen en el seno familiar es el de omisión no importarle con los problemas de los otros miembros de la familia. Solamente por tener 60 ó 70 años o más no significa que esté impedido -¡usted puede hacer muchísimo!.
Las personas de la tercera edad tienen la gran ventaja de la experiencia y pueden aconsejar con más autoridad y propiedad. Por sus años, usted ha visto y sufrido mucho en su vida y tiene la autoridad que da la experiencia para guiar, aconsejar y orientar a sus hijos y nietos.
Gracias a su edad, experiencia, fe y valores morales, usted es el pilar de la familia. Manténgase siempre firme en sus principios y valores morales fundamentales y de fe, aunque sea motivo de burla o insultos. En cuestión de fe y moral hay que ser firme sin transigir ni ceder. Hay muchas abuelitas y abuelitos que en verdad sostienen la casa con su ejemplo, perseverancia y oración, dando armonía y seguridad en la convivencia familiar. Este ejemplo de perseverancia en los principios básicos morales y creencias de fe es muy necesario para la juventud. No ceda nada en eso y manténgase firme, porque ellos necesitan buenos ejemplos. Muchas abuelitas son auténticas formadoras de sus nietos y suplen vacíos que los papás dejan en las criaturas. Si a sus nietos les falta cariño o consejo, con mucha prudencia y delicadeza, supla el vacío que por exceso de trabajo o falta de tiempo los padres de ellos no han podido o sabido llenar. Eso sí, respete el matrimonio de sus hijos y no se meta en la vida privada de ellos y sus cónyuges. Es muy importante que usted reconozca y respete que ellos son el papá y mamá de sus nietos y usted tampoco puede ni debe tomar toda la autoridad. Respete, pero con delicadeza y astucia trate de influir positivamente en los niños donde encuentre fallas o vacíos.
Desarrolle sus carismas, esos dones que Dios le dio, y póngalos al servicio de su familia. Usted puede ser portador de la paz y amor de Dios y transmitir Su presencia para cambiar un infierno en un cielo y poner amor donde hay odio, perdón donde exista rencor, paz donde hay angustia. Usted debe dar lo mucho que tiene, pero con paciencia. No se desespere si un familiar anda en malos pasos. Tenga paciencia y verá que, tarde o temprano, se convertirán al Señor. Confíe en Dios, continúe orando, asistiendo a misa, y rezando el rosario por sus seres queridos. El tiempo humano no es el tiempo de Dios. Si usted cree que es muy tarde para los hombres, para Dios es el momento oportuno para cambiar el corazón de los que hayan perdido el camino.
En la familia, cada cual tiene la obligación y el derecho de aportar lo mejor de sí mismo. Usted puede contribuir mucho a su familia, que espera muchísimo de usted y lo necesita. No dar a la familia lo que espera de uno es un pecado de omisión. Muchas veces hemos podido ofrecer mucho, pero muchísimo más a nuestra familia, pero hemos sido egoístas y por culpa nuestra, la familia quizás sufre. Siéntese y hágase útil, pues usted tiene mucho que hacer en su hogar. Si confronta problemas con su familia, se siente acomplejado, tiene problemas interiores, ¿por qué no le pide ayuda a Dios? Si pide ayuda la Señor, El hará maravillas en su vida. El Señor tiene todo el poder y con Dios, usted es... ¡INVENCIBLE!