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Familia y la tercera edad (II)


El mundo en el que usted nació y creció ha cambiado a través del tiempo. Comprenda que existen cambios generacionales y que sus hijos o nietos no piensan igual que usted. No pretenda que todos piensen como usted. Respete a las nuevas generaciones que tienen otra forma de cultura y otras costumbres, no malas, pero sí diferentes. Hace muchísimos años, en la mesa los niños no podían hablar, solamente el papá. Había un gran temor al papá y mucho silencio y respeto en su presencia. Ahora es muy lindo cuando el papá, la mamá y los niños todos hablan y comparten en la mesa libremente. Las cosas cambian positivamente y hay que respetar a la gente de otra generación, aunque no piense como uno.
Gracias a su edad, experiencia, fe y valores morales, usted es el pilar de la familia. Manténgase siempre firme en sus principios y valores morales fundamentales y de fe, aunque sea motivo de burla o insultos. En cuestión de fe y moral, hay que ser firme sin transigir ni ceder. Hay muchas abuelitas y abuelitos que en verdad sostienen la casa con su ejemplo, perseverancia y oración, dando armonía y seguridad en la convivencia familiar. Este ejemplo de perseverancia en los principios básicos morales y creencias de fe es muy necesario para la juventud.
No ceda nada en eso y manténgase firme, porque ellos necesitan buenos ejemplos. Muchas abuelitas son auténticas formadoras de sus nietos y suplen vacíos que los papás dejan en las criaturas.
Si a sus nietos les falta cariño o consejo, con mucha prudencia y delicadeza, supla el vacío que por exceso de trabajo o falta de tiempo los padres de ellos no han podido o sabido llenar. Eso sí, respete el matrimonio de sus hijos y no se meta en la vida privada de ellos y sus cónyuges. Es muy importante que usted reconozca y respete que ellos son el papá y mamá de sus nietos y usted tampoco puede ni debe tomar toda la autoridad. Respete, pero con delicadeza y astucia trate de influir positivamente en los niños donde encuentre fallas o vacíos.
Desarrolle sus carismas, esos dones que Dios le dio y póngalos al servicio de su familia. Usted puede ser portador de la paz y amor de Dios y transmitir Su presencia para cambiar un infierno en un cielo y poner amor donde hay odio, perdón donde exista rencor, paz donde hay angustia. Usted debe dar de lo mucho que tiene, pero con paciencia. No se desespere si un familiar anda en malos pasos. Tenga paciencia y verá que, tarde o temprano, se convertirá al Señor. Confíe en Dios, continúe orando, asistiendo a misa y rezando el rosario por sus seres queridos. El tiempo humano no es el tiempo de Dios. Si usted cree que es muy tarde para los hombres, para Dios es el momento oportuno para cambiar el corazón de los que hayan perdido del camino. En la familia, cada cual tiene la obligación y el derecho de aportar lo mejor de sí mismo. Usted puede contribuir mucho a su familia, que espera muchísimo de usted y lo necesita.
No dar a la familia lo que espera de uno es un pecado de omisión. Muchas veces hemos podido ofrecer mucho, pero muchísimo más a nuestra familia, pero hemos sido egoístas y por culpa nuestra la familia quizás sufre. Siéntase y hágase útil, pues usted tiene mucho que hacer en su hogar. Si confronta problemas con su familia, se siente acomplejado, tiene problemas interiores, ¿por qué no le pide ayuda a Dios? Si pide ayuda al Señor, Él hará maravillas en su vida. El Señor tiene todo el poder y con Dios, usted es. . . ¡Invencible!

101 años de Panamá América

 
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