Fantasías y realidades
El concurso que acaba de pasar -el de Miss Universo me refiero, porque hay otros de no tanta belleza- deja al país enfrentado a su realidad más inmediata. No hay duda de que el certamen, como tal, colocó al país en el mapa de la belleza mundial y el sólo hecho de que el mundo haya visto por televisión algo agradable que sucedió en Panamá, es mérito suficiente para sentirnos complacidos por tal logro. Destaco, igualmente, el papel de nuestras dos soberanas: Justine, sin duda, fue una digna y elegante exponente de la mujer panameña y embajadora de lujo de nuestro país no sólo en cuanto a belleza se refiere, sino en los temas de innegable interés social que motivó su peregrinaje mundial. Stefanie, por su parte, nos representó con gran donaire y fue y se distinguió, como una excelente anfitriona en Panamá, junto a su distinguida familia que también se dedicó a tiempo completo a servir este importante propósito. Los resultados finales son importantes, pero para nosotros en Panamá ambas triunfaron y eso es lo que cuenta. Mi respeto y sincera felicitación.
Volviendo a la agenda diaria, corresponde seguir evaluando el rumbo de la Nación. El avance del torneo electoral recobrará vigencia. El 22 de junio el gobierno escoge a su candidato -lo de escoger es un decir- y las tres fuerzas quedarán ya estructuradas, al tiempo que veremos todo el rejuego para conformar las alianzas y comprometer candidaturas, lo cual, traerá toda suerte de especulaciones, rumores y grandes diferencias en muchos de los grupos que enfrentan profundas divisiones, aunque bien disimuladas por ahora.
La problemática nacional no se detiene ni tiene por qué esperar que lo político se termine de dilucidar, lo cual conllevará a que los problemas medulares pasen a segundo plano porque la campaña será prioritaria para el gobierno, único grupo con la insoslayable responsabilidad de gobernar. Será el momento de ver si éste decide terminar su mandato mejorando el nivel de su gestión o si decide, como creo hará, politiquear al máximo y dejar la imparcialidad para que la recuerden otros. Viviremos lo inédito en muchas cosas, como me recuerda a cada rato un buen amigo con quien comparto impresiones tratando de predecir los acontecimientos.
Considero lamentable el hecho de que la necesaria agenda nacional se haya desfigurado. Los temas que saldrán irremediablemente a la superficie en el próximo quinquenio, los conocidos y los por descubrir, que no serán menos ni más fáciles, se están acumulando como en una gran olla de presión.
Me preocupa el tema de la CSS y la irresponsabilidad con que se está manejando, insistiendo en ganar gracias con algo que puede cambiar la convivencia pacífica con la que estamos acostumbrados a vivir y que ya, con balaceras entre bandas, comienza a desaparecer, lo cual me lleva al tema de la seguridad ciudadana y su innegable deterioro, por citar sólo dos entre tantos otros. Quizás estos temas no interesan mucho, porque sus soluciones, ahora o después, no pasan por un camino de rosas. Pero el ignorarlos no los evita y es eso, precisamente, lo que parece estar sucediendo. En los compromisos electorales, ojalá que debatidos, serán cruciales y será en ese momento cuando veremos la seriedad de las propuestas y el realismo con que las presenten.
Es de trascendencia que se ponga énfasis en el esclarecimiento de por lo menos alguno de los notorios casos de corrupción que siguen acaparando la atención pública. No creo que la inercia que llevamos, en el sentido de que los escándalos se tapan con otro escándalo, sea o deba tenerse como regla general. Las declaraciones del señor Procurador recientemente causan sorpresa, por decir lo menos. Con respeto creo que no puede decir que sus manos están atadas para investigar la corrupción. Leí con interés la opinión del abogado y amigo Rogelio Cruz sobre el tema de la necesidad de presentar o no prueba sumaria para establecer denuncias de corrupción contra funcionarios públicos. Comparto con él su criterio y reconozco que el fallo de la Corte, que él analiza y critica con fundados argumentos, ha significado un lamentable retroceso que sólo beneficia a los delincuentes. Sin embargo, traigo brevemente el tema a cuento ya que es otro de los tantos que espera su turno en la antesala de las reales soluciones.
Luego del gusto, viene el disgusto. Pasado el refrescante desfile de bellezas, va siendo hora de que las feas de la pasarela también se tomen en cuenta y esas feas son los grandes problemas que tenemos como Nación. No será desde el “Figali Convention Center” desde donde se podrá decidir ese concurso, lugar éste que será extrañado por algunos ministros y altos funcionarios, por haber encontrado en él un placentero refugio para distraer sus reales ocupaciones públicas. Es increíble la superficialidad con que se eluden las grandes responsabilidades. Pero bueno, de seguro vendrá más, ya que falta ahora el Centenario, no se olviden.
Volviendo a la agenda diaria, corresponde seguir evaluando el rumbo de la Nación. El avance del torneo electoral recobrará vigencia. El 22 de junio el gobierno escoge a su candidato -lo de escoger es un decir- y las tres fuerzas quedarán ya estructuradas, al tiempo que veremos todo el rejuego para conformar las alianzas y comprometer candidaturas, lo cual, traerá toda suerte de especulaciones, rumores y grandes diferencias en muchos de los grupos que enfrentan profundas divisiones, aunque bien disimuladas por ahora.
La problemática nacional no se detiene ni tiene por qué esperar que lo político se termine de dilucidar, lo cual conllevará a que los problemas medulares pasen a segundo plano porque la campaña será prioritaria para el gobierno, único grupo con la insoslayable responsabilidad de gobernar. Será el momento de ver si éste decide terminar su mandato mejorando el nivel de su gestión o si decide, como creo hará, politiquear al máximo y dejar la imparcialidad para que la recuerden otros. Viviremos lo inédito en muchas cosas, como me recuerda a cada rato un buen amigo con quien comparto impresiones tratando de predecir los acontecimientos.
Considero lamentable el hecho de que la necesaria agenda nacional se haya desfigurado. Los temas que saldrán irremediablemente a la superficie en el próximo quinquenio, los conocidos y los por descubrir, que no serán menos ni más fáciles, se están acumulando como en una gran olla de presión.
Me preocupa el tema de la CSS y la irresponsabilidad con que se está manejando, insistiendo en ganar gracias con algo que puede cambiar la convivencia pacífica con la que estamos acostumbrados a vivir y que ya, con balaceras entre bandas, comienza a desaparecer, lo cual me lleva al tema de la seguridad ciudadana y su innegable deterioro, por citar sólo dos entre tantos otros. Quizás estos temas no interesan mucho, porque sus soluciones, ahora o después, no pasan por un camino de rosas. Pero el ignorarlos no los evita y es eso, precisamente, lo que parece estar sucediendo. En los compromisos electorales, ojalá que debatidos, serán cruciales y será en ese momento cuando veremos la seriedad de las propuestas y el realismo con que las presenten.
Es de trascendencia que se ponga énfasis en el esclarecimiento de por lo menos alguno de los notorios casos de corrupción que siguen acaparando la atención pública. No creo que la inercia que llevamos, en el sentido de que los escándalos se tapan con otro escándalo, sea o deba tenerse como regla general. Las declaraciones del señor Procurador recientemente causan sorpresa, por decir lo menos. Con respeto creo que no puede decir que sus manos están atadas para investigar la corrupción. Leí con interés la opinión del abogado y amigo Rogelio Cruz sobre el tema de la necesidad de presentar o no prueba sumaria para establecer denuncias de corrupción contra funcionarios públicos. Comparto con él su criterio y reconozco que el fallo de la Corte, que él analiza y critica con fundados argumentos, ha significado un lamentable retroceso que sólo beneficia a los delincuentes. Sin embargo, traigo brevemente el tema a cuento ya que es otro de los tantos que espera su turno en la antesala de las reales soluciones.
Luego del gusto, viene el disgusto. Pasado el refrescante desfile de bellezas, va siendo hora de que las feas de la pasarela también se tomen en cuenta y esas feas son los grandes problemas que tenemos como Nación. No será desde el “Figali Convention Center” desde donde se podrá decidir ese concurso, lugar éste que será extrañado por algunos ministros y altos funcionarios, por haber encontrado en él un placentero refugio para distraer sus reales ocupaciones públicas. Es increíble la superficialidad con que se eluden las grandes responsabilidades. Pero bueno, de seguro vendrá más, ya que falta ahora el Centenario, no se olviden.