Fantasmas de la guerra fría
Un ala ultraderechista de senadores republicanos intenta revivir los fantasmas de la guerra fría - el peligro de la expansión comunista en América Latina es el espectro invocado -, levantando la especie de que la empresa Panamá Ports Company, de propiedad del magnate chino Li Kai- shing, conspira para controlar los accesos al canal a través de la administración de los puertos de Cristóbal y Balboa. Pero mientras los senadores insisten en sus vanos ejercicios de espiritismo ideológico sobre Panamá, una información financiera procedente de Hong Kong asegura que la empresa Hutchison Communications, una de las ramas del conglomerado del magnate chino, invertirá US$ 7.4 billones en el competitivo negocio de teléfonos celulares y móviles de Estados Unidos.
Obviamente, los senadores republicanos no podrán explicar cómo es que son buenas las inversiones de Hutchison en Estados Unidos y cómo es que son malas las inversiones del mismo origen financiero en Panamá. El peso de esta flagrante contradicción sepulta por completo la posición de quienes echan mano a cualquier recurso para pretender trabar la transferencia del canal a la administración panameña. Mentes lúcidas, como la del ex Secretario de Estado Henry Kissinger, han ridiculizado la exhumación del fantasma del peligro comunista, destacando lo que representa la compañía Hutchison en el mundo de los puertos, las comunicaciones y el turismo gracias a la dinámica capitalista de sus principales ejecutivos.
Por su parte, el Departamento de Estado ha puesto los puntos sobre las íes sobre la concesión de los puertos panameños, teniendo en cuenta que Estados Unidos le concede trato de nación más favorecida, comercialmente hablando, a China Continental y merced a ello se ha ampliado el marco de las relaciones económicas. Con la discreción de los legendarios patriarcas chinos, el propietario de Hutchison, que años atrás huyó de Cantón y por su esfuerzo es el sexto hombre más rico de la Tierra, debe sonreírse, como Clinton y como Kissinger, cada vez que oye hablar de los riesgos de su infiltración ideológica. Recientemente, en una reunión turística en Miami, algunas agencias de viaje de Estados Unidos manifestaron sus temores de que Panamá cayera bajo las fauces del dragón comunista. Hay que aclararles a esas cándidas personas que los panameños no comemos cuentos y sabemos elegir a los inversionistas que bregan por el desarrollo.
Obviamente, los senadores republicanos no podrán explicar cómo es que son buenas las inversiones de Hutchison en Estados Unidos y cómo es que son malas las inversiones del mismo origen financiero en Panamá. El peso de esta flagrante contradicción sepulta por completo la posición de quienes echan mano a cualquier recurso para pretender trabar la transferencia del canal a la administración panameña. Mentes lúcidas, como la del ex Secretario de Estado Henry Kissinger, han ridiculizado la exhumación del fantasma del peligro comunista, destacando lo que representa la compañía Hutchison en el mundo de los puertos, las comunicaciones y el turismo gracias a la dinámica capitalista de sus principales ejecutivos.
Por su parte, el Departamento de Estado ha puesto los puntos sobre las íes sobre la concesión de los puertos panameños, teniendo en cuenta que Estados Unidos le concede trato de nación más favorecida, comercialmente hablando, a China Continental y merced a ello se ha ampliado el marco de las relaciones económicas. Con la discreción de los legendarios patriarcas chinos, el propietario de Hutchison, que años atrás huyó de Cantón y por su esfuerzo es el sexto hombre más rico de la Tierra, debe sonreírse, como Clinton y como Kissinger, cada vez que oye hablar de los riesgos de su infiltración ideológica. Recientemente, en una reunión turística en Miami, algunas agencias de viaje de Estados Unidos manifestaron sus temores de que Panamá cayera bajo las fauces del dragón comunista. Hay que aclararles a esas cándidas personas que los panameños no comemos cuentos y sabemos elegir a los inversionistas que bregan por el desarrollo.