default

Fascismo, xenofobia y comunicación


Las noticias de la derrota del fascismo impactaron al mundo en 1945. ¿Quién con un corazón noble no se alegró de que una ideología tan inhumana colapsara bajo el peso de la guerra que ella misma provocó? Pasarían otras cinco décadas para que la otra ideología extrema, el comunismo, colapsara bajo el peso de su propia inoperancia. ¿Quién con un amor por la humanidad no se alegró de que los dos engendros del fanatismo político del siglo XX, hayan sucumbido ante las fuerzas de la libertad?
Lamentablemente, aunque el fascismo y el comunismo ya no son amenazas a la libertad y la democracia de los pueblos, todavía hay personas que promueven sus ideas. Especialmente los fascistas lo hacen solapadamente, porque el rechazo a este extremismo es universal. Entonces se arropan con el lenguaje populista y xenofóbico para tratar de explicar su fracaso o las desgracias de los pueblos, trasladando la responsabilidad a terceros.
Cuando se publican escritos xenofóbicos surgen tres categorías de preguntas que nos permiten descubrir qué clase de gente es capaz de promover el odio y el resentimiento contra personas o grupos, sea por su raza, su religión, su nacionalidad o su género. La primera categoría hace referencia a su perfil psicológico. ¿Tiene esta persona algún desorden siquiátrico? ¿Sufrió esta persona algún trauma en su niñez o adolescencia que le produjo una fijación contra las personas del grupo objeto de su odio? ¿Tiene esta persona algún complejo de inferioridad frente a otras diferentes a ella? La segunda categoría hace referencia a sus intereses. ¿Recibe esta persona o sus allegados algún beneficio económico por difundir esas ideas? ¿Tiene esta persona alguna agenda oculta para la cual el discurso xenofóbico le es útil? ¿Es esta persona un agente provocador que busca destacarse a través de la controversia? Por último, surge la tercera categoría de preguntas, que tienden a confirmar las anteriores. ¿Lo hace con pleno conocimiento de causa o es un instrumento de personas que saben cómo manipularla? ¿Hay una organización detrás de esta persona o actúa sola? ¿Es su vida personal consecuente con las causas contra las que dice luchar?
Cuando el discurso del odio y la xenofobia queda reducido a reuniones de unos cuantos resentidos, la sociedad ni se entera y por lo tanto, no se preocupa. Cuando el discurso del odio y la xenofobia se abre canales en los medios de comunicación masivos y desarrolla una periodicidad y permeabilidad consistente, es momento de preocuparse. No hay que olvidar que una de las primeras víctimas del totalitarismo es siempre la libertad de expresión. Quienes se presentan como comunicadores sociales y líderes de opinión deberán darnos una demostración de que el fascismo, la xenofobia y la discriminación en general, no tienen espacio en esta patria libre, democrática e igualitaria. Ahora les llegó la prueba, quien calle otorgará.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América