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Fatalidad


Una visión panorámica del planeta percibe un cuadro sombrío que entristece el corazón.  El Medio Oriente arde sin fin en una guerra corsaria.  Los verdugos de ideales no cesan de sembrar calamidades.  La luz de la esperanza que antes daba fuerzas mientras se esperaba la aurora, se extingue entre dudas por las promesas incumplidas de potencias de la política y el dinero. Se percibe un encadenamiento de desventuras compartidas por todas las naciones.  La pobreza avanza incontenible, incluida la Europa belicosa, depredadora de colonias y poscolonias, ahora en tregua.  El sociólogo de la comunicación Joffre Dumazedier, dice que  todas las economías modernas plantean el desarrollo económico en términos sociales, y pregunta:  ¿A quién beneficia la prosperidad?  Pero, las necesidades se multiplican a mayor velocidad que las soluciones. Manos vigorosas que debieran estar produciendo riquezas si estuvieran capacitadas, están ocupadas vendiendo baratijas en las calles.  La principal riqueza de las naciones, que son sus recursos humanos, está paralizada. La escuela está moribunda y las universidades parecen haber asumido el papel de ente reproductor, pues están más dedicadas a proveer los profesionales que el sistema dominante necesita, en vez de ser  motor transformador de las estructuras socioeconómicas. No hallan trabajo los que salen a buscarlo porque es casi nada lo que saben hacer; en tanto, hay carencia de soldadores, electricistas, fontaneros, mecánicos, etc.

El crecimiento económico es colosal, según los números; pero se percibe que se multiplican los sin salud, sin pan y sin letra, lo que hace pensar que las teorías económicas se fundan en que la pobreza es necesaria para el crecimiento económico. Las Iglesias están entregadas a su misión pastoral de salvar almas, pero olvidan luchar para que el cuerpo tenga lo necesario para la vida.  Se predica que Dios ama a los pobres y se oculta que Dios ama al hombre no porque es rico o es pobre, sino en la medida en que es bueno. No es mucho lo que pueden hacer los gobernantes cuando están rodeados de un liderazgo holgazán, inepto o rapaz, que el sistema partidista les impone. Líderes virtuosos impregnados de renovada fe en los milagros luchan en desventaja por rescatar del destino incierto, a quienes fueron hechos a imagen y semejanza de Dios. No he descubierto el agua tibia, pero sí el agua congelada.

101 años de Panamá América

 
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