Felicidad y pobreza
Con motivo de la contienda electoral, como propuesta, se habló de erradicar la pobreza. Me pareció inexacta tal pretensión y esto me llevó a tocar el tema de la pobreza no con el afán de convencer a nadie ni de agradar a nadie, sino como una invitación tranquila a reflexionar sobre algo que existe, algo que pareciera que nos duele, algo que con los recursos que tiene el país no debiera existir, algo que tiene que ver con casi todos los aspectos del desarrollo de la vida diaria, algo que, finalmente, según dicen los candidatos a la primera magistratura, se quiere acabar; algo que, según los observadores internacionales de la ONU, Panamá no está a la altura que debiera en el compromiso por solucionar. Estamos morosos.
Por otro lado, por los predios eclesiásticos se habla de opción por los pobres como una de las opciones pastorales y de los demógrafos, por su parte, señalan a las enseñanzas de la Iglesia católica responsabilidad de la pobreza y el debate sigue porque el tema en sí, o mejor la realidad en sí tiene muchas facetas como si fuera un calidoscopio. No obstante, sin entrar en apologéticas anoto el testimonio recurrente de estudiantes que han pasado por el servicio social javeriano, quienes aun cuando son jóvenes capitalinos sin ser de ninguna barriada "ye-ye", experimentan con sus paisanos de los recónditos sitios del Panamá adentro, ora de Coclé, ora de Herrera, ora de Veraguas distante. Suelen decir: que ven otra manera de vivir felices sin tener las comodidades exageradas de la ciudad.
Añaden que aprenden mucho de esas personas que sin mayores estudios muestran valores humanos que se echan de menos entre la gente así dicha "civilizada". Carecen de bienes materiales, pero tienen otra clase de bienes de donde prácticamente se experimenta un intercambio invisible de dones entre ambos interlocutores, entre el capitalino y el campesino doblemente campesino. Son felices en su pobreza, se afirma que tienen una felicidad que le viene precisamente del hecho de ser pobre y que se manifiesta en cómo perciben y aprecian el tiempo, la naturaleza, la vida y la muerte; cómo siente el alma de sus cosas, cómo se relaciona con los demás y con el mundo, cómo festeja sus victorias, conquistas y nacimientos y hasta cómo festejan sus derrotas, tristezas y muertes.
Recuerdo una historieta que nos contaban en la escuela: "En un apartamento cómodo y con todas las elegancias y comodidades, vivía esta pareja de personas acomodadas, sin hijos. Salían al balcón para ver pasar y ver gente y desde su altura respirar aire puro. Enfrente de ellos en la planta baja, había un zapatero en la esquina de la cuadra. Todos los días abría las puertas de su pequeño taller, silbando tonadas y alegre y sonriente, saludando con los buenos días a todos los transeúntes. Este hecho repetido les llamó la atención a la pareja. Alegre y con carencias materiales. Qué tal si le damos dinero y así estará más alegre, pensaron. Y se decidieron pensando: nosotros tenemos todo y no tenemos ese buen humor y éste, sin nada, está alegre siempre... Vamos a regalarle algo de lo que nos sobra. Y así lo hicieron. Resultado: el zapatero ya no madrugó más, ya no abrió sus puertas temprano, ni daba los buenos días a todo el que pasaba, dejó de sonreír. Se volvió arisco. Pensaba que todo el que se le acercaba, venía a pedirle dinero. Finalmente, dejó de trabajar. La felicidad estaba en su lucha por conseguir lo necesario, no en otra cosa. Este caso, no sé si histórico, pero muy verosímil.
Otra situación. Erase un marido que le dijo a su señora: "¿Sabes, amor? Voy a trabajar duro y algún día seremos ricos". La esposa: "Ya somos ricos, querido. Nos tenemos el uno al otro. Tal vez algún día también tengamos dinero". Y qué decir del pescador satisfecho. Un rico industrial se horrorizó cuando vio a un pescador tranquilamente recostado contra su barca fumando su pipa. ¿Por qué no has salido a pescar? -le preguntó.
Porque ya he pescado bastante por hoy -respondió el otro. Y, ¿por qué no pescas más de lo que necesitas? -exclamó el industrial. ¿Y qué voy a hacer con ello? -el pescador.
Ganarías más dinero y de este modo -añadía el poderoso- podrías poner un motor a tu barca. Podrías ir a aguas más profundas y pescar más peces. Ganarías lo suficiente para comprarte más redes, con las que podrías obtener más peces y más dinero. Ganarías para tener dos barcas... y hasta una verdadera flota. Serías rico, como yo.
¿Y qué haría entonces? -preguntó el pescador. Podrías sentarte y disfrutar de la vida -respondió el letrado. A lo cual concluyó el pescador:- ¿Y qué crees que estoy haciendo en este preciso instante?
Hay pobres y pobres. Hay quienes trabajan y con toda dignidad cumplen con su deber de trabajar y de luchar por el salario justo, por superación, con el estudio y son felices. Hay otros que sin mayores esfuerzos quieren ser ricos y darse toda clase de lujos, tener celular como estatus y con gran egoísmo, sin tener que preocuparse por nadie, quizás lo más cercano a lo que se suele llamar lumpen. En una de esas múltiples conferencias sobre la pobreza, alguien terminó su discurso diciendo en resumen: "Todos los pobres son buenos, menos los que yo conozco, y todos los ricos son malos, menos los que yo conozco". Seguiremos dándole vuelta al tema.
Por otro lado, por los predios eclesiásticos se habla de opción por los pobres como una de las opciones pastorales y de los demógrafos, por su parte, señalan a las enseñanzas de la Iglesia católica responsabilidad de la pobreza y el debate sigue porque el tema en sí, o mejor la realidad en sí tiene muchas facetas como si fuera un calidoscopio. No obstante, sin entrar en apologéticas anoto el testimonio recurrente de estudiantes que han pasado por el servicio social javeriano, quienes aun cuando son jóvenes capitalinos sin ser de ninguna barriada "ye-ye", experimentan con sus paisanos de los recónditos sitios del Panamá adentro, ora de Coclé, ora de Herrera, ora de Veraguas distante. Suelen decir: que ven otra manera de vivir felices sin tener las comodidades exageradas de la ciudad.
Añaden que aprenden mucho de esas personas que sin mayores estudios muestran valores humanos que se echan de menos entre la gente así dicha "civilizada". Carecen de bienes materiales, pero tienen otra clase de bienes de donde prácticamente se experimenta un intercambio invisible de dones entre ambos interlocutores, entre el capitalino y el campesino doblemente campesino. Son felices en su pobreza, se afirma que tienen una felicidad que le viene precisamente del hecho de ser pobre y que se manifiesta en cómo perciben y aprecian el tiempo, la naturaleza, la vida y la muerte; cómo siente el alma de sus cosas, cómo se relaciona con los demás y con el mundo, cómo festeja sus victorias, conquistas y nacimientos y hasta cómo festejan sus derrotas, tristezas y muertes.
Recuerdo una historieta que nos contaban en la escuela: "En un apartamento cómodo y con todas las elegancias y comodidades, vivía esta pareja de personas acomodadas, sin hijos. Salían al balcón para ver pasar y ver gente y desde su altura respirar aire puro. Enfrente de ellos en la planta baja, había un zapatero en la esquina de la cuadra. Todos los días abría las puertas de su pequeño taller, silbando tonadas y alegre y sonriente, saludando con los buenos días a todos los transeúntes. Este hecho repetido les llamó la atención a la pareja. Alegre y con carencias materiales. Qué tal si le damos dinero y así estará más alegre, pensaron. Y se decidieron pensando: nosotros tenemos todo y no tenemos ese buen humor y éste, sin nada, está alegre siempre... Vamos a regalarle algo de lo que nos sobra. Y así lo hicieron. Resultado: el zapatero ya no madrugó más, ya no abrió sus puertas temprano, ni daba los buenos días a todo el que pasaba, dejó de sonreír. Se volvió arisco. Pensaba que todo el que se le acercaba, venía a pedirle dinero. Finalmente, dejó de trabajar. La felicidad estaba en su lucha por conseguir lo necesario, no en otra cosa. Este caso, no sé si histórico, pero muy verosímil.
Otra situación. Erase un marido que le dijo a su señora: "¿Sabes, amor? Voy a trabajar duro y algún día seremos ricos". La esposa: "Ya somos ricos, querido. Nos tenemos el uno al otro. Tal vez algún día también tengamos dinero". Y qué decir del pescador satisfecho. Un rico industrial se horrorizó cuando vio a un pescador tranquilamente recostado contra su barca fumando su pipa. ¿Por qué no has salido a pescar? -le preguntó.
Porque ya he pescado bastante por hoy -respondió el otro. Y, ¿por qué no pescas más de lo que necesitas? -exclamó el industrial. ¿Y qué voy a hacer con ello? -el pescador.
Ganarías más dinero y de este modo -añadía el poderoso- podrías poner un motor a tu barca. Podrías ir a aguas más profundas y pescar más peces. Ganarías lo suficiente para comprarte más redes, con las que podrías obtener más peces y más dinero. Ganarías para tener dos barcas... y hasta una verdadera flota. Serías rico, como yo.
¿Y qué haría entonces? -preguntó el pescador. Podrías sentarte y disfrutar de la vida -respondió el letrado. A lo cual concluyó el pescador:- ¿Y qué crees que estoy haciendo en este preciso instante?
Hay pobres y pobres. Hay quienes trabajan y con toda dignidad cumplen con su deber de trabajar y de luchar por el salario justo, por superación, con el estudio y son felices. Hay otros que sin mayores esfuerzos quieren ser ricos y darse toda clase de lujos, tener celular como estatus y con gran egoísmo, sin tener que preocuparse por nadie, quizás lo más cercano a lo que se suele llamar lumpen. En una de esas múltiples conferencias sobre la pobreza, alguien terminó su discurso diciendo en resumen: "Todos los pobres son buenos, menos los que yo conozco, y todos los ricos son malos, menos los que yo conozco". Seguiremos dándole vuelta al tema.