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¡Felicidades mujer!


El siglo XXI se reconoce como la era de oportunidades y cambios personales y organizacionales en la que todos, sin diferencia de géneros, participamos activamente y en equidad, frente a los retos que exige una sociedad acelerada y cambiante.

Aunque en este nuevo milenio, aún existen tabúes y estereotipos, las mujeres hemos demostrado dos cosas: actitud y aptitud; dos palabras que se escriben parecido, pero que encierran enormes diferencias. Actitud: La forma positiva o negativa en que vemos, y por lo que a la vez, enfrentamos las diversas situaciones que se nos presentan. Y aptitud: Las destrezas y habilidades técnicas que tenemos para desarrollar algunas tareas.

Ya quedaron atrás las creencias, en su mayoría, de hombres que piensan, por razones culturales, por supuesto esto es aprendido, que la mujer no puede, ni debe desempeñar ciertas tareas, porque como dicen: "Ese trabajo es de hombres, no de mujeres, tú eres muy débil para eso". Ha quedado demostrado que todo es posible, pues las habilidades se adquieren con la práctica, y la motivación -querer ser y querer hacer, como decimos en pedagogía- hace la diferencia.

Esto no es una guerra de sexos, se acabó; es, simplemente, la oportunidad que muchas mujeres se han dado para hacer lo que siempre han querido, lo que siempre han soñado, lo que muchas veces, dominan más que otros, por su talento, destreza y actitud.

La equidad o igualdad de oportunidades nos la damos en la medida en que respetemos el espacio, gustos, creencias individuales profesionales y personales de cada uno.

Tanto el hombre como la mujer son capaces de desarrollar diversas funciones. Cada quien logrará escalar un peldaño por su esfuerzo y dedicación.

En la medida en que nos interesemos en participar con verdadera disposición en el crecimiento académico y profesional de nuestros seres queridos, hombres y mujeres, lograremos ser parte de la autorrealización de cada uno (a), sin egoísmos. ¡Démosles la oportunidad de crecer! En esa misma medida, nos veremos compensados, pues con alegría y este incentivo motivacional, la persona que amamos sentirá el apoyo que necesita para crecer y ser parte de este crecimiento que como pareja y familia necesitamos.

¡Tú, hombre!, reconoce que tanto el hombre como la mujer son capaces; apóyala y crece con ella, alégrate de tener a una mujer emprendedora con visión de futuro. Fortalece tu relación.

En la empresa, hay que a apoyar al personal colaborador con capacitaciones y otros incentivos personales y/o profesionales para evitar la frustración. Se verá la diferencia, pues trae grandes beneficios al negocio -su productividad-. ¡Tú, mujer!, bríndate la oportunidad, quiérete, lucha, tanto como lo han hecho otras a través de los siglos por defender sus derechos, tales como a la no estereotipación de labores en el hogar, a la oportunidad, a la no discriminación de géneros, al reconocimiento, y a escalar posiciones gerenciales.

101 años de Panamá América

 
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