Felicitan por reportajes
Felicito al periodista Carlos Vargas y a El Panamá América por el reportaje tan completo sobre la tala de árboles en Darién (19/6/03). Es importante que la prensa no se enfoque nada más en asuntos de la política partidista, pues hay muchos ciudadanos que deben ser informados y concienciados sobre otros problemas del país, como la deforestación. Somos muchos los que sí nos interesamos por estos temas. También me pareció de gran importancia la denuncia, mediante el reportaje del periodista Neftalí Geneteau, sobre el barco atunero pescando en Piñas.
Lo insólito en ambos reportajes parece ser que las autoridades ignoran estas situaciones y delegan en los periodistas la responsabilidad de investigar y denunciar. La sanción moral de los ciudadanos con conciencia ecológica parece ser el único castigo para estos señores.
Todas esas privatizaciones son productos de modelos económicos impuestos por los intereses de compañías trasnacionales, lo que muchos denominamos “modelos importados” que, en definitiva, no son ni serán nunca la solución de nada, sólo de los que se benefician directamente con tales millonarias negociaciones a costillas de nuestros pequeños salarios y arduos esfuerzos. Lastimosamente, los más grandes y suertudos holgazanes sólo viven de un toque de gracia del destino, nunca de su gran sacrificio y menos de sus aportes.
Ya en otros países, las privatizaciones no se aguantan; los pueblos han salido a las calles a protestar. No estoy de acuerdo conque manifestantes tengan que atacar a pedradas las instalaciones de las oficinas de quienes los han explotados y sé que ganas no le faltan a quienes se han sentido avasallados por dichas compañías; sin embargo, tenemos la obligación de hacer valer nuestros derechos y reclamos, como seres pacifistas, no sin olvidarnos de que la revolución es hija de la crítica. Tampoco nos esperancemos a la oficina del Ente Regulador de los Servicios Públicos, que siempre que emite un fallo, lo hace en estricto apego al derecho, olvidándose siempre que existe un principio jurídico que obliga a que, “cuando se encuentre en lucha el derecho con la justicia, lucha por la justicia”. Eso nunca lo hemos podido constatar departe de dicha oficina, peor aún resulta conocer los elevadísimos salarios que ostentan sus directores y demás funcionarios. Me comentó una cliente que se había acercado allí buscando ayuda, y sintió que la mandaron a hacer una especie de manda, seguidamente me comenta: “¿ Y esa gente del Ente Regulador para qué sirve?”. Con tal de no darle una explicación legal de su origen y demás funciones y atribuciones, no me quedó más que decirle que no sabía para qué servían.
Tenemos que priorizar uno de los males de la sociedad panameña: las empresas privatizadas. Acabemos con ellas, antes de que éstas nos extingan a nosotros. Echémoslas, junto con sus modelos importados.
Lo insólito en ambos reportajes parece ser que las autoridades ignoran estas situaciones y delegan en los periodistas la responsabilidad de investigar y denunciar. La sanción moral de los ciudadanos con conciencia ecológica parece ser el único castigo para estos señores.
Todas esas privatizaciones son productos de modelos económicos impuestos por los intereses de compañías trasnacionales, lo que muchos denominamos “modelos importados” que, en definitiva, no son ni serán nunca la solución de nada, sólo de los que se benefician directamente con tales millonarias negociaciones a costillas de nuestros pequeños salarios y arduos esfuerzos. Lastimosamente, los más grandes y suertudos holgazanes sólo viven de un toque de gracia del destino, nunca de su gran sacrificio y menos de sus aportes.
Ya en otros países, las privatizaciones no se aguantan; los pueblos han salido a las calles a protestar. No estoy de acuerdo conque manifestantes tengan que atacar a pedradas las instalaciones de las oficinas de quienes los han explotados y sé que ganas no le faltan a quienes se han sentido avasallados por dichas compañías; sin embargo, tenemos la obligación de hacer valer nuestros derechos y reclamos, como seres pacifistas, no sin olvidarnos de que la revolución es hija de la crítica. Tampoco nos esperancemos a la oficina del Ente Regulador de los Servicios Públicos, que siempre que emite un fallo, lo hace en estricto apego al derecho, olvidándose siempre que existe un principio jurídico que obliga a que, “cuando se encuentre en lucha el derecho con la justicia, lucha por la justicia”. Eso nunca lo hemos podido constatar departe de dicha oficina, peor aún resulta conocer los elevadísimos salarios que ostentan sus directores y demás funcionarios. Me comentó una cliente que se había acercado allí buscando ayuda, y sintió que la mandaron a hacer una especie de manda, seguidamente me comenta: “¿ Y esa gente del Ente Regulador para qué sirve?”. Con tal de no darle una explicación legal de su origen y demás funciones y atribuciones, no me quedó más que decirle que no sabía para qué servían.
Tenemos que priorizar uno de los males de la sociedad panameña: las empresas privatizadas. Acabemos con ellas, antes de que éstas nos extingan a nosotros. Echémoslas, junto con sus modelos importados.