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Feliz Patria


Definitivamente que el 31 de diciembre fue el Gran Día, por el profundo significado de ser la fecha final del calendario de la transferencia de los bienes canaleros, afirmando la soberanía panameña en todo el territorio nacional, remarcando nuestro control sobre todos los recursos naturales, desmilitarizando el país, y subrayando la capacidad nacional de determinar nuestra propio destino. Ese gran día también era el último día del año, y según como se estime, el final del siglo y del milenio.
Por ello, era imposible dejar de hacerse presente al epicentro de los acontecimientos, el edificio de la Administración en Balboa, donde se efectuaría la ceremonia especial de traspaso, de acuerdo a lo estipulado en los Tratados Torrijos Carter. Cualquiera pudo constatar al llegar a las instalaciones la existencia de dos ambientes distintos. El de arriba, donde se ubicaban los invitados oficiales y el de abajo, donde se ubicaba la multitudinaria presencia del público. Por acción u omisión, los de abajo no escuchábamos nada de lo que ocurría arriba, pues el sonido era pésimo o simplemente no existía. Las pantallas gigantes de TV estaban arriba. Además, prácticamente existía una barrera visual y física que impedía a la muchedumbre apreciar lo que ocurría, compuesta por tarimas, cercas y hasta celestes servicios móviles. No sé quienes fueron los "estrategas" de la estructuración del acto, pero lo que encontramos fue la versión moderna de intramuros y extramuros, de inclusión y exclusión. Se suponía que los actos del 14 de diciembre fueron los elitistas y que los del 31 iban a ser distintos, pero no fue así, la separación e incomunicación que se produjo fue un pésimo mensaje.
En la práctica se dieron dos actos paralelos hasta las 12 del día, pues mientras arriba la Presidenta daba el discurso- mesurado y amplio- como luego nos enteramos y se mojaba con la lluvia, abajo, bajo las mismas aguas, se desarrollaba en el antiguo Colegio de Balboa una emocionante ceremonia donde se erigía en el asta la Bandera de 1964, mientras una orquesta institutora tocaba himnos patrióticos que eran coreados por todos y todas los presentes. ¡Momentos de profunda emoción!
Pero estos dos mundos se encontraron a las 12 del día en punto, cuando cansado de cercas y exclusiones, los de abajo las derribaron, y sin dañar a nadie, hicieron lo que esperaron por tantos años: simplemente entrar.
Muchos y muchas subimos la colina del Edificio de la Administración con lágrimas en los ojos, con consignas variadas y con el corazón henchido. Ya arriba, junto a mi compañera, amigos y conocidos, pude ver a esa gentío bajo la lluvia que arreciaba y los recuerdos se agolpaban. ¿Cómo olvidar a los muertos que ansiaron estar en ese lugar, ese día y esa hora? ¿A los lejanos y ausentes que apoyaron solidariamente nuestra causa? ¿El 9 de enero de 1964 cuando en Colón nos envolvió el compromiso de no cejar hasta culminar nuestra independencia?
Pero desde arriba, desde la colina del Edificio de la Administración, la alegría y la tristeza no nos permitieron olvidar lo más importante, que esto no terminó este 31 de diciembre, sino que lo que ocurrió sólo culminó una etapa de un proceso donde quedan tareas pendientes: Entre ellas, mantener la desmilitarización. El uso civil, social y productivo de las áreas canaleras. Funcionamiento eficiente del Canal. Limpieza de contaminación militar. Nulidad del Tratado de Neutralidad. Transparencia y despolitización del Canal.
Si el Canal fue la religión que unió a los panameños, el desarrollo integral y la democracia participativa deben ser los nuevos ejes que nos articulen.
La absurda organización del acto no logró empañar lo conmovedor de ese día, pero también es una lección de que el poder no puede ser vertical y ajeno al pueblo, pues la colina llena de gente - de los que estaban y los que tuvieron que irrumpir- completaron la definición de Patria.

101 años de Panamá América

 
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