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Fenómeno y noúmeno: Kan y el referéndum


NADIE PUEDE poner en duda que el acto del referéndum del pasado domingo fue un auténtico acto de la democracia pluralista y participativa del Estado. El abstencionismo de un casi 57% de la población que debía asistir a las urnas no puede ser instrumentalizado por los detractores del "Sí" para sostener, como lo han venido haciendo, que constituyen un arsenal del votos que hay que sumar al "No" y que, según ellos, concluyen: "Ganó el No".
Es importante aclarar que, entre tanto el fenómeno se adscribe al escenario de lo meramente aparencial, el noúmeno se inserta en el ámbito de lo esencial, en la cuestión eidética o sustancial. Y así acontece en las cuestiones de las realidades que nos brinda nuestro medio social: políticos, partidos y grupos que se han quedando contemplando el fenómeno del día domingo y contemplando lo aparencial de dicho evento han sacado las más espurias o pueriles conclusiones: 1. El abstencionismo de la gente fue el gran actor en el referéndum; 2. Se trata de una gran estafa, ya que no ha sido un acto de concurrencia masiva; 3. El "No" ha sido el gran ganador, ya que hay que sumar a los votos el de los votos nulos, los en blanco y también los potenciales votos de los que no asistieron a votar.
Los detractores del "No" se irrogan una supuesta victoria pírrica. Han venido sosteniendo que el Gobierno ha demostrado incapacidad para convocar a un pueblo a las urnas. Algunos lideres de opinión política han llegado, inclusive, a endilgarle la culpa del abstencionismo a la juventud panameña y según alegan "ésta prefirió un partido de fútbol antes que una elección histórica que definiría el futuro de nuestro mayor patrimonio material: el Canal". Otros han dicho que el gobierno obtuvo un gran fracaso.
Obsérvese que los argumentos esbozados pueden predicarse, sin mayor rigor de lógica, a los propios partidos y grupos que respaldaron la opción del "No" a la ampliación. Es decir, estos grupos y partidos no hicieron, nunca, un llamado al abstencionismo como ha ocurrido en tiempos de recordación inmediata. De haberlo hecho, podrían hablar de algún tipo de victoria política. Segundo, ellos mismos, en plena realización del referéndum, estaban haciendo un llamado a la población para que concurrieran a las urnas; y, por último, durante semanas gesticularon un discurso que proclamaba una aplastante victoria del "No" sobre el "Sí", y advertían que las encuestan demostraban cifras y porcentajes ilusos, soñadores, ya que otra cosa era la que se escuchaba en las calles.
Por otro lado, encuestas que se han efectuado estudiando las eventuales razones del abstencionismo, indican que un elevado porcentaje de los encuestados, por encima del 30%, señaló que no concurrido a las urnas porque estaban convencidos que el "Sí" ganaría aparatosamente, como sucedió; otro alto porcentaje, también por encima del 30%, advirtió que no tenía motivaciones suficientes -tal vez medios o mecanismos para asistir a las urnas-; y no hay que descuidar a otro reducido porcentaje que, simple y sencillamente, calificó su inasistencia a las urnas por el famosos "voto castigo", y que no fue tal porque no votaron y habría que considerar, finalmente, a otro sector, añadimos nosotros, que consideraba que decidir en torno a la ampliación del Canal era una cuestión que tenía que definir el propio Gobierno a través del Ejecutivo y no tenían por qué razón opinar sobre una cuestión que resultaba elemental para el país.
Pero, por otro lado, soslayan o inadvierten los aún detractores del "Sí" y que se resisten a la idea de la derrota aparatosa que padecieron -tras la pérdida de la credibilidad social en sus antagonismos que transitan más por la idea de lo convenientemente subjetivo plagados de atavismos del pasado y no de lo convenientemente objetivo a la Patria-, que no se trataba de una lección para elegir Presidente, diputados, alcaldes, representantes de corregimientos, sino de una agenda de Estado que incitaba a que se tomara muy en cuenta que la cuestión del día 22 implicaba un compromiso con la Patria, una cuestión eminentemente histórica. Entonces, no estaba la mano del demagogo o del avieso político que ofrece los cinco o 10 dólares, o pone el transporte para llevar a las personas a las urnas; por el contrario, se trataba de un acto de mera voluntad patriótica, de espontaneidad con el acontecer del devenir histórico nacional.
El pueblo concurrente y aún el no concurrente, sí tiene algo muy importante que señalar: se votó por mejores días y oportunidades para nuestro pueblo. El propio Presidente ha señalado que no se trata de un éxito de ningún partido político, menos del PRD, sino que lo más importante es revertir los frutos del Canal real y verdaderamente a nuestra economía llevando recursos efectivos a nuestra población más humilde. El Gobierno tiene que jugar su papal preponderante: ser ente conciliador y mediador, fructífero y bondadoso para brindar respuestas concretas ante problemas reales de nuestro pueblo.
El equipo de hombres y mujeres que nos matriculamos en el "Sí", creemos haberlo hecho con sentido de Patria: a nadie injuriamos, irrespetamos, ni calumniamos. Nos caracterizó el verbo orientador, límpido, objetivo, serio y noble, aún con nuestros detractores oficiosos. Gracias a Feliciano Ballesteros, a Carlos Morales, a Gioconda Fernández, Ramiro Guerra, y tantos ministros y pastores de la feligresía evangélica que a través de "Ardientes Fulgores de Gloria" (programa que transmitió el Canal Hosanna Visión), nos acompañaron a enseñar que la violencia, sea de la naturaleza que sea, es mala consejera en la teoría de la argumentación.
5. En relación con la justicia, debe analizarse profundamente las medidas que hay que adoptar sean constitucionales como legales para darle amplias garantías a los ciudadanos y los extranjeros que realizan actividades en Panamá de que tenemos un sistema donde el delito se castiga sin miramentos de ninguna clase. Que la justicia sea igual para todos.
6. Los servicios públicos, el suministro de energía, agua, la red vial, el transporte público son temas que si no se tratan integralmente continuarán causando a corto y mediano plazo perjuicios incalculables.
7. La institucionalidad abarca muchos temas que tienen que consolidarse para poder darle solución administrativa al Plan Nacional de Desarrollo en forma coherente y efectiva.
8. El Plan Nacional de Desarrollo debe, por supuesto, contar con los beneficios que para el país brinda y brindará el Canal de Panamá.
Existen numerosos otros temas como la educación, salud, la vivienda, el desempleo, la criminalidad, la Carrera Administrativa, la Ley General de Sueldos, el ataque a la pobreza, la protección ambiental, etc., que forman parte de las inquietudes ciudadanas, pero que tendrán que cubrirse igualmente en la medida que se vayan desarrollando los puntos anteriores.
No se puede pretender tener a los futuros gobiernos amarrados de pies y manos, sin dejarles iniciativas propias en los puntos básicos que debe tener un Plan de Desarrollo del país y que cada gobernante deberá incluir en su plataforma política y acciones de su gobierno.

101 años de Panamá América

 
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