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Fiebre asiática azota a Japón


El tifón económico asiático parece estar cobrando en Japón su última víctima, en momentos en que la comunidad financiera internacional confiaba en que ese país superara con éxito la peor crisis de la región desde la conclusión de la guerra de Korea.
Hasta este momento, Estados Unidos y Europa presionaban para que Japón incrementara su participación en varios paquetes de masiva ayuda económica que Occidente estaba destinando para paliar los efectos del derrumbe de los mercados asiáticos que siguieron tras reventar las burbujas financieras de Malasia e Indonesia.
Anteriormente explicamos que todo empezó tras desinflarse multimillonarios negocios inmobiliarios y descubrirse colosales fraudes que llevaron a la insolvencia a los bancos de esas naciones. En Japón incluso, sobrevino una ola de suicidios, tras ponerse en evidencias que los bancos falseaban sus estados financieros para ocultar sus préstamos malos y magnificar sus activos.
La corrida fue espantosa y sólo la intervención de los gobiernos, usando fondos públicos de los contribuyentes pudo frenar, aunque no solucionar la caída. Se requiere mucho más que eso para salir del atolladero. Se necesita de tiempo y confianza, lo que no es posible lograr sin ayuda de las naciones más ricas.
Indonesia está recibiendo dosis fuertes de un paquete de ayuda de las IFIs que alcanza los 40 mil millones de dólares. Eso sin embargo no fue suficiente para evitar un levantamiento popular que dejó más de medio millar de muertos.
No se espera que Japón pase por un trauma igual, pero ha de sufrir mucho antes de que la crisis empiece a amainar. El que sus ciudadanos se estén apresurando a cambiar su otrora fuerte moneda por otras más estables de Occidente, como el dólar, el marco y la libra, es mal síntoma y pone presión para una devaluación que hasta ahora se resiste ante la amenaza de que la medida sea imitada en cadena, empezando por China.
El desempleo japonés anda por 4.1%, el mayor desde 1953 cuando el gobierno empezó a registrar su índice, lo que podría estar afectando a un millón de personas, en una nación acostumbrada al empleo pleno y de por vida.
En Occidente se teme a la devaluación en Asia, que podría incrementar desmesuradamente las importaciones desde Oriente, al tiempo que desde esa región cesan prácticamente las compras por la disminución de su capacidad de pago y la crisis de sus bancos.
Y en lo que a Panamá toca, debemos estar atentos. Tenemos un Canal y unos puertos, cuyo negocio en parte es el intercambio de mercancías entre Oriente y Occidente, además de que tenemos una economía vinculada al dólar y a Estados Unidos. Cualquier cosa, positiva o negativa que ocurra en el Norte, tendrá inevitable repercusión acá.

101 años de Panamá América

 
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