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Fin de año y del neoliberalismo


La economía panameña sigue creciendo a un ritmo importante (9%), pero eso no indica que la crisis que afecta a las principales economías del mundo no nos vaya a tocar.

Sí a eso le sumamos que el índice de pobreza se mantiene cerca del 40%, tendremos como resultado una verdad inobjetable: A menos que los gobernantes hagan algo, los días de bonanza de una parte de los panameños pudieran estar contados. El no escuchar sugerencias e iniciativas de los sectores populares para atender sus problemas, el gobierno de un grupo reducido de tecnócratas, aislados de la realidad social del pueblo, trae como resultado que se adopten políticas y acciones gubernamentales a veces sintonizadas con los intereses populares y otras veces en su contra, por lo menos en el corto plazo. El gobernar con cero consulta a los sectores populares organizados en una sociedad donde los problemas no pueden resolverse en las oficinas y en donde la globalización de la información sugiere ir al campo, es parte de las concepciones neoliberales de gobierno que hoy hacen crisis en el mundo, pero si no queremos darnos cuenta de ello (de la crisis del endiosamiento del mercado), sus efectos nos golpearán más fuertes por falta de previsión. La especulación del capital producida al socaire de la libre oferta y demanda; del dejar hacer, dejar pasar como política del Estado y de gobierno, produjeron la crisis mundial del capitalismo actual, y la única posible reacción es el control de ese capital especulativo.

El Grupo de los 8 y luego de los 20 países más desarrollados del mundo reunidos recientemente, así como el Foro Asia-Pacífico, han declarado que pretenden fortalecer la liberación del comercio, pero han tomado medidas para controlar la especulación. La palabra control le desagrada a los especuladores, pero ante un neoliberalismo fracasado, el Estado debe necesariamente controlar el capital y las ganancias como única forma de enfrentar la crisis y promover la justicia social.

En Panamá, los especuladores, que van desde candidatos presidenciales hasta dirigentes gremiales empresariales, se erizan al oír la palabra control, pero la única esperanza que el país no sea barrido por el efecto de la crisis económica es ejercer control y ello se concreta en medidas como controlar precios de mercancías de primera necesidad; haciendo partícipe a los trabajadores organizados en las decisiones de política macroeconómica; con indexación salarial y/o aumento general de salarios, además de asegurarle a la población el consumo de alimentos básicos y medicinas. Los días del capitalismo salvaje parecen tocar a su fin justo a finales de este año, y en Panamá aún podemos hacer que la gente humilde sienta más cerca la bonanza económica. Las autoridades están obligadas a actuar con objetividad en este sentido, aunque íntimamente algunos se sientan ideológicamente decepcionados.

 

 

101 años de Panamá América

 
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