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Firmeza para acabar con el caos del transporte


En pocos años, tal vez meses, nuestra urbe capitalina se convertirá en un caos peor del que hoy tenemos. El tráfico cada día se hace más difícil y, por supuesto, menos fluido. Nuestros calles y avenidas, muy estrechas todas, no fueron hechas para permitir con un tráfico vehicular por lo menos 4 ó 5 veces mayor, como se viene dando. Aún aquellas calles que ayer todavía eran transitadas con relativa rapidez, se han convertido ahora en parte de esos inmensos tranques que alteran el sistema nervioso de cualquiera y que han convertido al reloj en algo inútil. No existe una sola calle donde se pueda transitar sin "tranques".
Dentro de poco se terminarán grandes torres, sobre todo en la Avenida Balboa y en San Francisco de la Caleta, cuya construcción ya se ha iniciado y que se esconderán, por su altura y tamaño, en el vasto cielo. Se aprestan esos inmensos edificios a alojar a miles de panameños y extranjeros inocentes de los perjuicios que tendrán. Esas construcciones que significan progreso, desarrollo y trabajo para tantos panameños desocupados, no han venido acompañadas de un plan estratégico para evitar que una medida positiva se convierta, por omisión, en algo perjudicial. Se ha calculado que con ellas los problemas del tránsito se agravaran más. ¿Estamos en capacidad de suministrar la energía y el agua que ellos requerirán? No creo que le estemos dando la debida atención a la gravedad que para el futuro representará este desarrollo si no tomamos medidas pertinentes con rapidez.
El problema urbano, es decir, el tránsito, con sus "tranques" y el abastecimiento de energía y agua, en especial para las nuevas edificaciones, no es un problema que podrá resolverse en una administración. Ello llevará muchos años, por lo que se necesita una planificación urgente en la cual las fuerzas vivas se comprometan en un gran Plan Nacional, y realizarla en los próximos 20 ó 25 años. Debe ser un trabajo coordinado, sin improvisaciones que le permita a la nación resolver los efectos negativos de una ciudad mal planificada que hoy afecta a tantos panameños.
Mientras esas medidas a largo plazo se van dando se pueden ir tomando algunas provisionales, como por ejemplo, impedir o limitar temporalmente la importación de autos usados. El tránsito de vehículos en determinados días a la semana, como ocurre en muchas ciudades que tienen el mismo problema que nuestra situación.
Una definición del transporte rápido debe iniciarse cuanto antes; éste aliviará el tránsito urbano al poder utilizar el usuario un medio que con rapidez lo puede trasladar de un extremo a otro de la ciudad. No creo, como expresé en un artículo anterior, que el "milenio" o "bus articulado" vayan a ser una solución. Nuestra ciudad, por su desordenada particularidad, no lo permite, si no solo a un costo exorbitante. Más bien me parece, y me inclino, como solución, al tren elevado. Además de su bajo costo, dejaría de lado a los viejos poderosos transportistas, que ya constituyen una nefasta "mafia".
Lo que hay que tener es voluntad y firmeza, pues sin ellas nos mantendríamos en el "status quo" caótico de hoy.


"Creo que tenemos que ponernos de acuerdo las autoridades competentes, y entrar en un problema legal con estas personas, porque ellos están atentando contra su propia vida y la de los menores que están dentro de las viviendas", dijo.
Ocurre que el MIVI va al área y el SINAPROC hace el informe de que las personas no pueden estar allí, les buscan una reubicación y cuando van a mudarlas, no aceptan.
En tanto, Heron citó el caso de las familias que viven en las cercanías del tanque de agua en San Miguelito, quienes han cerrado calles y se niegan a ser reubicados. "Ahora el problema es para las autoridades".


Para llegar a su residencia, María Castillo, una mujer pequeña, de contextura gruesa, debe subir una escalera empinada de unos 35 escalones, luego caminar por una acera bordeando un precipicio.
Ella vive desde hace 10 años en un cerro en el sector El Lago de Los Andes No. 2, en San Miguelito, con sus tres pequeños hijos, donde la brisa y la tranquilidad son los mejores compañeros, sin embargo, justo donde termina su patio hay un precipio.
"Nadie nos ha venido a decir que ésta es un área de peligro y mucho menos que tenemos que salir de aquí", sostuvo.
Lo que si señaló es que allí están bien, pues nunca ha ocurrido un accidente o algo que los haga pensar en mudarse.
Castillo manifestó que en el lugar donde habita jamás ha llegado alguna autoridad y en dos décadas, sólo la ha visitado Panamá América

101 años de Panamá América

 
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