FIS golpea la credibilidad
La gravedad que supone el actual escándalo que afecta los diputados, tanto de la oposición como del oficialismo, por el manejo irregular del Fondo de Inversión Social (FIS), 27 millones durante el Gobierno de Mireya Moscoso y 4 millones durante el Gobierno de Martín Torrijos, ha dejado seriamente lesionado, no sólo el patrimonio estatal, sino también el contradictorio comportamiento del Ejecutivo ante este hecho.
Las contradicciones son múltiples. El director del FIS, Giacomo Tamburelli, solicitó una auditoría externa, pero los vergonzosos resultados fueron injustificadamente engavetados por un impreciso tiempo y sin que se diera a conocer el curso administrativo que se le daría al informe. ¿Por qué tuvieron que esperar tantos meses a que se conociera de manera burda e intempestiva –como ha ocurrido-, lo cual perjudica el derecho de los imputados? Contrario al discurso que se maneja, ahora resulta inexplicable que se solicite transparencia y no se actúe en consecuencia. Por el momento, el Gobierno desacredita a la consultoría y ratifica la tesis que se debía esperar a que la Contraloría conociera el caso, una institución que estaba en pleno proceso de cambiar de dirección.
El escándalo del FIS es tan grave que el primero que exigió, con buen criterio, una pronta investigación fue el presidente de la Asamblea Legislativa, José Luis Varela, quien tendría que procurar con auténtico interés que se conozca toda la verdad, no importa que sean enemigos o allegados quienes resulten afectados.