FISurado
Se considera una práctica muy sana, que al ocupar un nuevo escritorio el funcionario decide conocer lo que ha pasado por esa oficina. Esa fue la intención de G, Tamburelli cuando entró al FIS. No obstante, la consultoría de análisis administrativo y financiero que contrató le abrió los ojos ante semejante informe: déficit incobrable de 4 millones de dólares, 38 proyectos incompletos que hacen un total de 27 millones, 18 fianzas vencidas bienes irrecuperables para el Estado.
Por los resultados da la impresión de que las finanzas no estaban sanas. La consultoría antes de haber sido calificada como pasquín, mostraba un diagnóstico del sistema que acarreaba un excesivo paternalismo gubernamental que lejos de evolucionar rumbo a una paulatina descentralización, robusteció el sistema controlador inclinado al favoritismo partidario, la permanencia y compra de votos electorales.
Una reforma estructural del uso de los fondos públicos en inversión social era imprescindible; lamentablemente, se perdió la oportunidad de efectuar un trabajo serio que enrumbara la cosa pública con transparencia.
Lo que aún no han aclarado las autoridades es ¿cómo una consultoría, que supuestamente efectuó una compañía responsable, se transformó en un pasquín político? ¿Será verdad que la información contenida pretendía convertirse en un instrumento de coacción? ¿Quién, y con qué intención lo utilizaría para este propósito?
El escenario es complejo; invalidar la consultoría efectuada no exime de culpas a nadie, solo parece una estrategia dilatoria para calmar las aguas alborotadas por una errónea estrategia política.
Las entidades en cuestión tienen una cuota de responsabilidad y cuentas que rendir al pueblo panameño. Pareciera que hemos sido víctimas una vez más del juega vivo, que coloca en entredicho la credibilidad y honradez de la institucionalidad, la demerita y pone a prueba al sistema judicial. La ciudadanía tiene derecho a saber dónde está la plata de sus impuestos producto de un trabajo honrado.