Fisuras ideológicas en el equipo de Bush
Con el pasar del tiempo, la tan proclamada unidad dentro del equipo del presidente George W. Bush se va desvaneciendo como lo demuestran los rumores de la posibilidad de que el Secretario de Estado, Colin Powell, dimita debido a diferencias y derrotas con otros funcionarios del Gabinete. Aunque esta posibilidad fue desechada por el propio Powell, que acusó a los periodistas de "escribirlo cada dos semanas", subsisten indicios de fisuras ideológicas dentro del equipo gobernante. Powell respondió con un categórico "no" a preguntas sobre si había considerado la renuncia, luego de un artículo aparecido la semana pasada en The New York Times. No obstante, el popular Secretario de Estado no pareció dar seguridades de que seguirá en el gobierno hasta el final del período del presidente Bush, en el 2004.
En vista de estas especulaciones, el embajador Richard Hobrooke, ex representante ante la ONU y antiguo embajador en Alemania, recientemente ofreció un ponderado análisis de las diferentes actitudes que prevalecen entre los encargados de la política exterior del equipo gobernante.
"El dilema es que no se trata sólo de desacuerdos personales emanados de ambición y personalidades fuertes, sino profundas diferencias filosóficas entre dos muy distintas visiones de EU en el mundo," señala Holbrooke. "Una es una tradicional visión conservadora; la otra es una ruptura radical con 55 años de tradición bipartidista que buscó acuerdos internacionales y regímenes de beneficio para nosotros".
En su nota la semana pasada sobre Powell, el Times destacó que el secretario es popular, útil al gobierno Bush, pero también que desde el inicio del gobierno, Powell se situó en posición encontrada con muchos de sus colegas "duros" del Gabinete y a veces con Bush mismo. Las diferencias surgieron sobre una gama de decisiones sobre el manejo de la política exterior -del rechazo al Protocolo de Kyoto sobre calentamiento global a la definición de Irán, Irak y Corea del Norte como un "Triángulo del mal" y la declaración de que la paz en Medio Oriente depende del desplazamiento de Yasser Arafat en el liderazgo palestino.
Powell, un internacionalista, multilateralista, moderado y pro derecho al aborto, tomó sin embargo las posturas de Bush como propias, y las justificó ante las críticas que tienen la mayoría de los aliados en el mundo de EE.UU. Pero el lunes, el canciller nuevamente escuchó otro anuncio de Bush al que se oponía: El recorte de aportes por parte de EE.UU. al Fondo de las Naciones Unidas para la Población, bajo argumentos en los que el Departamento de Estado no encontró evidencias de que fueran ciertos.
En su entorno más íntimo también se rodeó de un equipo político veterano, leal, y bien organizado, encabezado por dos personas que han sido constantes en su vida: Karen Hughes y Karl Rove. Pero desde la renuncia de Hughes, su asesora de mayor confianza, nacida en la entonces Zona del Canal de Panamá, Rove, un conservador de ultranza, parece haber ganado la ascendiente, dicen los observadores.
Según informes fidedignos, fue Rove quien insistió que Bush vetara una asignación de 34 millones de dólares para un fondo de la ONU con el fin de promover el control natalicio en China, a pesar de que el secretario de Estado había dado su beneplácito a esta medida. Otro ultraconservador es el secretario de Justicia, John Ashcroft, pero éste, con sus visiones alarmantes sobre la infiltración de terroristas en EU, ha llegado a un grado de estridencia que sus propios funcionarios consideran que está socavando su influencia en el gobierno.
Según el influyente periódico, los desacuerdos entre Powell y sus colegas, especialmente el secretario de Defensa Donald Rumsfeld, "son los peores" en dos décadas.
El 20 de enero de 2001, cuando Bush llegó a la Casa Blanca, lo hizo bajo una nube de sospecha y expectativas mínimas. Después de todo, fue el primer presidente en más de un siglo que llegó al puesto con menos votos absolutos que su rival, el demócrata Al Gore. Bush llegó al poder casi al final de un período de expansión económica y con un país que deliberaba qué hacer con un poderío sin rival en el mundo. Pero Bush también era considerado justa o injustamente como un peso ligero en términos intelectuales, luego de una campaña que lo vio titubear a momentos y un período post-electoral en el que casi desapareció. Fue apenas el segundo presidente en la historia estadounidense que ganó el voto electoral, pero perdió el voto popular y la lucha post-electoral hizo poco por ayudarlo.
Habiendo logrado considerable fama como un hombre de negocios no particularmente brillante, pero tampoco malo, se benefició ciertamente del nombre y las relaciones de su padre, el ex presidente George Walker Bush, pero nadie esperaba que tuviera éxito o interés en la política. Bush fue siempre el protagonista de las menores expectaciones, y de hecho las aprovechó a lo largo de su vida. En tanto el gabinete de Bush se llenó de inmediato de personas no sólo vinculadas con su padre, sino con el aparato político y financiero del país, como el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld; el del Tesoro, Paul O`Neil, así como el propio Powell; todos considerados como sólidos y capaces. Ahora es de ver si este frente unido puede durar hasta las próximas elecciones presidenciales en noviembre de 2004.
Sugirió que ambas partes, autoridades y transportistas se pongan de acuerdo para ensayar otras formas de pago, que puedan ayudar económicamente a los conductores.
Reconoció que el sistema de cuenta motiva a que muchos conductores tengan que viajar a altas velocidades para cumplir con el pago al propietario, ya que si no la completa, acumula una deuda en su contra.
Abadía denunció que en esta situación el Gobierno no ha tomado en cuenta que el transporte público está saturado con muchas unidades nuevas que han entrado al sistema, aunado a la crisis económica.
Abadía confirmó que actualmente no se rigen por contrato de trabajo. Se hace un acuerdo verbal entre el propietario del bus y el conductor, quien en última instancia se responsabiliza de todo lo que le suceda al autobús.
Manifestó que muchos propietarios descuentan a los conductores cuando son víctimas de robo, el dinero de la cuenta que debieron haber entregado.
Destacó que para evitar los robos, los palancas dejan guardado en la piquera o en otro lugar de confianza el dinero que van recogiendo durante las vueltas, y muchos como él, tienen un arma blanca para defenderse.
En la piquera de Pedregal, semanalmente entre dos y tres palancas son asaltados, comentó.
Otra desventaja para los conductores en la relación de trabajo es que tienen que pagar, aparte de la cuenta diaria ( B/.80.00), el aseo del bus, que tiene un valor de B/.4.00 y el tanque lleno de diesel, cuyo precio asciende a B/.17.00.
Abdiel Abadía sabe que éste no es el mejor trabajo, pero confía en que algún día la proporción de las ganancias cambie un poco a favor de los palancas.
En vista de estas especulaciones, el embajador Richard Hobrooke, ex representante ante la ONU y antiguo embajador en Alemania, recientemente ofreció un ponderado análisis de las diferentes actitudes que prevalecen entre los encargados de la política exterior del equipo gobernante.
"El dilema es que no se trata sólo de desacuerdos personales emanados de ambición y personalidades fuertes, sino profundas diferencias filosóficas entre dos muy distintas visiones de EU en el mundo," señala Holbrooke. "Una es una tradicional visión conservadora; la otra es una ruptura radical con 55 años de tradición bipartidista que buscó acuerdos internacionales y regímenes de beneficio para nosotros".
En su nota la semana pasada sobre Powell, el Times destacó que el secretario es popular, útil al gobierno Bush, pero también que desde el inicio del gobierno, Powell se situó en posición encontrada con muchos de sus colegas "duros" del Gabinete y a veces con Bush mismo. Las diferencias surgieron sobre una gama de decisiones sobre el manejo de la política exterior -del rechazo al Protocolo de Kyoto sobre calentamiento global a la definición de Irán, Irak y Corea del Norte como un "Triángulo del mal" y la declaración de que la paz en Medio Oriente depende del desplazamiento de Yasser Arafat en el liderazgo palestino.
Powell, un internacionalista, multilateralista, moderado y pro derecho al aborto, tomó sin embargo las posturas de Bush como propias, y las justificó ante las críticas que tienen la mayoría de los aliados en el mundo de EE.UU. Pero el lunes, el canciller nuevamente escuchó otro anuncio de Bush al que se oponía: El recorte de aportes por parte de EE.UU. al Fondo de las Naciones Unidas para la Población, bajo argumentos en los que el Departamento de Estado no encontró evidencias de que fueran ciertos.
En su entorno más íntimo también se rodeó de un equipo político veterano, leal, y bien organizado, encabezado por dos personas que han sido constantes en su vida: Karen Hughes y Karl Rove. Pero desde la renuncia de Hughes, su asesora de mayor confianza, nacida en la entonces Zona del Canal de Panamá, Rove, un conservador de ultranza, parece haber ganado la ascendiente, dicen los observadores.
Según informes fidedignos, fue Rove quien insistió que Bush vetara una asignación de 34 millones de dólares para un fondo de la ONU con el fin de promover el control natalicio en China, a pesar de que el secretario de Estado había dado su beneplácito a esta medida. Otro ultraconservador es el secretario de Justicia, John Ashcroft, pero éste, con sus visiones alarmantes sobre la infiltración de terroristas en EU, ha llegado a un grado de estridencia que sus propios funcionarios consideran que está socavando su influencia en el gobierno.
Según el influyente periódico, los desacuerdos entre Powell y sus colegas, especialmente el secretario de Defensa Donald Rumsfeld, "son los peores" en dos décadas.
El 20 de enero de 2001, cuando Bush llegó a la Casa Blanca, lo hizo bajo una nube de sospecha y expectativas mínimas. Después de todo, fue el primer presidente en más de un siglo que llegó al puesto con menos votos absolutos que su rival, el demócrata Al Gore. Bush llegó al poder casi al final de un período de expansión económica y con un país que deliberaba qué hacer con un poderío sin rival en el mundo. Pero Bush también era considerado justa o injustamente como un peso ligero en términos intelectuales, luego de una campaña que lo vio titubear a momentos y un período post-electoral en el que casi desapareció. Fue apenas el segundo presidente en la historia estadounidense que ganó el voto electoral, pero perdió el voto popular y la lucha post-electoral hizo poco por ayudarlo.
Habiendo logrado considerable fama como un hombre de negocios no particularmente brillante, pero tampoco malo, se benefició ciertamente del nombre y las relaciones de su padre, el ex presidente George Walker Bush, pero nadie esperaba que tuviera éxito o interés en la política. Bush fue siempre el protagonista de las menores expectaciones, y de hecho las aprovechó a lo largo de su vida. En tanto el gabinete de Bush se llenó de inmediato de personas no sólo vinculadas con su padre, sino con el aparato político y financiero del país, como el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld; el del Tesoro, Paul O`Neil, así como el propio Powell; todos considerados como sólidos y capaces. Ahora es de ver si este frente unido puede durar hasta las próximas elecciones presidenciales en noviembre de 2004.
Sugirió que ambas partes, autoridades y transportistas se pongan de acuerdo para ensayar otras formas de pago, que puedan ayudar económicamente a los conductores.
Reconoció que el sistema de cuenta motiva a que muchos conductores tengan que viajar a altas velocidades para cumplir con el pago al propietario, ya que si no la completa, acumula una deuda en su contra.
Abadía denunció que en esta situación el Gobierno no ha tomado en cuenta que el transporte público está saturado con muchas unidades nuevas que han entrado al sistema, aunado a la crisis económica.
Abadía confirmó que actualmente no se rigen por contrato de trabajo. Se hace un acuerdo verbal entre el propietario del bus y el conductor, quien en última instancia se responsabiliza de todo lo que le suceda al autobús.
Manifestó que muchos propietarios descuentan a los conductores cuando son víctimas de robo, el dinero de la cuenta que debieron haber entregado.
Destacó que para evitar los robos, los palancas dejan guardado en la piquera o en otro lugar de confianza el dinero que van recogiendo durante las vueltas, y muchos como él, tienen un arma blanca para defenderse.
En la piquera de Pedregal, semanalmente entre dos y tres palancas son asaltados, comentó.
Otra desventaja para los conductores en la relación de trabajo es que tienen que pagar, aparte de la cuenta diaria ( B/.80.00), el aseo del bus, que tiene un valor de B/.4.00 y el tanque lleno de diesel, cuyo precio asciende a B/.17.00.
Abdiel Abadía sabe que éste no es el mejor trabajo, pero confía en que algún día la proporción de las ganancias cambie un poco a favor de los palancas.