Florencio H. Arosemena
No puedo detallar mejor su personalidad como ex presidente de la República, porque cuando fue derrocado apenas yo había nacido; pero, escudriñando la historia y quienes la escriben, comprobé que fue un gran panameño y presidente, sin embargo incomprendido. Fue un hombre de gran trayectoria y formación moral, profesional, ciudadana, social y cultural; dejó innumerables obras de bien para el país.
Arosemena dedicó su vida al servicio de la Nación, a su destacada profesión y a la formación de su consagrada familia. No fue un político por naturaleza, pues ingresó a la política como parte del destino nacional, ya que la misma carecía de valores y líderes, llegando a ser candidato a la presidencia para el período 1928-1932. Resultó electo constitucionalmente por abrumadora mayoría electoral. Fue, lamentablemente, derrocado por el movimiento Acción Comunal, el 2 de enero de 1931, cuando apenas la Patria contaba con 28 años de vida independiente.
Según los relatos históricos, su gobierno fue respetuoso de la Constitución, serio y responsable en la búsqueda de soluciones en los momentos de crisis nacional. Los motivos de su destitución del poder no fueron por culpa de su administración sino de los ajustes y desajustes internacionales, por ello el país lamentó el cruento golpe de Estado por parte de sus adversarios políticos sin reunir las causas que justificaran tal acción. De allí comenzaron los desórdenes políticos, exceptuando a varios gobiernos.
Florencio H. Arosemena fue un presidente incomprendido, si llevamos en cuenta que poseía grandes cualidades; sus acciones frente al Ejecutivo fueron bien identificadas con la sociedad y la patria. De ese funesto episodio político quedó para la historia un mensaje de altura y lealtad a la amistad y de un respeto a la Constitución, cuando ese legendario hombre público Enrique Linares a quien le ofrecieron la presidencia en calidad de designado, rechazó la misma, pues en ningún momento traicionaría a la Constitución y menos a un amigo, “que es mi compadre, que es el presidente constitucional de la nación”. Bonito ejemplo para nuestros descendientes.
La historia no miente. Si nos basamos en ella, Arosemena, a pesar de su interrumpida presidencia, fue un gran mandatario, un buen panameño que dejó en nuestro país y en tierras extrañas un recuerdo de sus obras. Nunca se justificó ese cruento golpe de Estado, más bien fue una visible ambición de poder. Y se ha puesto de manifiesto que “Nadie es profeta en su tierra”.
Arosemena dedicó su vida al servicio de la Nación, a su destacada profesión y a la formación de su consagrada familia. No fue un político por naturaleza, pues ingresó a la política como parte del destino nacional, ya que la misma carecía de valores y líderes, llegando a ser candidato a la presidencia para el período 1928-1932. Resultó electo constitucionalmente por abrumadora mayoría electoral. Fue, lamentablemente, derrocado por el movimiento Acción Comunal, el 2 de enero de 1931, cuando apenas la Patria contaba con 28 años de vida independiente.
Según los relatos históricos, su gobierno fue respetuoso de la Constitución, serio y responsable en la búsqueda de soluciones en los momentos de crisis nacional. Los motivos de su destitución del poder no fueron por culpa de su administración sino de los ajustes y desajustes internacionales, por ello el país lamentó el cruento golpe de Estado por parte de sus adversarios políticos sin reunir las causas que justificaran tal acción. De allí comenzaron los desórdenes políticos, exceptuando a varios gobiernos.
Florencio H. Arosemena fue un presidente incomprendido, si llevamos en cuenta que poseía grandes cualidades; sus acciones frente al Ejecutivo fueron bien identificadas con la sociedad y la patria. De ese funesto episodio político quedó para la historia un mensaje de altura y lealtad a la amistad y de un respeto a la Constitución, cuando ese legendario hombre público Enrique Linares a quien le ofrecieron la presidencia en calidad de designado, rechazó la misma, pues en ningún momento traicionaría a la Constitución y menos a un amigo, “que es mi compadre, que es el presidente constitucional de la nación”. Bonito ejemplo para nuestros descendientes.
La historia no miente. Si nos basamos en ella, Arosemena, a pesar de su interrumpida presidencia, fue un gran mandatario, un buen panameño que dejó en nuestro país y en tierras extrañas un recuerdo de sus obras. Nunca se justificó ese cruento golpe de Estado, más bien fue una visible ambición de poder. Y se ha puesto de manifiesto que “Nadie es profeta en su tierra”.
George Washington Goethals, The Isthmian Canal (Washington. Goverment Printing Office, 1909) 11-14.
Joseph Bucklin Bishop, Goethals:Genius of the Panama Canal. A Biography (New York: editora Harper & Brothers, 1930). 257-258.