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"Fome Zero"


En portugués es "Fome Zero" y su traducción en español, "Hambre Cero"; y es nada más ni nada menos el proyecto estrella a través del cual el Presidente Lula y su gobierno quieren nada más y nada menos acabar con el hambre en Brasil. Vehementemente así lo afirma Frei Betto, el asesor especial para estos menesteres y amigo personal del mandatario.
Conozco a Betto desde hace muchos años gracias a la participación común en esfuerzos educativos latinoamericanos, y nos encontramos en Recife. Con mis apuntes y una excelente entrevista de Adital, intento retomar sus ideas.
Cincuenta millones de pobres brasileños son el epicentro de este ambicioso proyecto. Betto propone tres ejes de ataque al problema: La transferencia de fondo, los cambios estructurales y la educación ciudadana.
Pero advierte que Zero Fome no es asistencialista, sino un programa de inclusión social que propugna por crear condiciones de sustentabilidad. No es una propuesta de distribución de alimentos, más aún es una forma de inserción social a través de una redistribución de los ingresos.
Betto señala que Fome Zero es la versión política de la multiplicación de los panes y peces hecha por Jesús. No se puede olvidar que la oración que nos enseñó Jesús tiene dos refranes: padre nuestro y pan nuestro. "Puedo llamar a Dios como Padre si lucho para que el alimento sea no sólo mío sino de todos", afirma. (Entrevista de Adital).
Sacerdote dominico, escritor y periodista, representa una corriente avanzada de la teología; reitera que el hambre no se erradica sólo donando comida a los "pobres", pues esa sola acción desestimula la producción local y estimula la corrupción de muchos políticos a través del clientelismo que negocian alimentos a cambio de apoyo electoral.
"Hemos organizado lo que llamamos Talher (Taller) que en portugués hace referencia tanto a la capacitación como a los cubiertos que se utilizan para comer. Contamos ya con cientos de educadores formados a través de la pedagogía de Paulo Freire, para esta labor.
"Toda una estrategia integral. Ejemplo lo que llamamos condicionalidad. Llegamos a una familia y le entregamos una tarjeta ciudadana (magnética) para sacar cada mes su dinero de un banco, pero exigimos que no haya ningún analfabeto (y si lo hubiera, debería comenzar de inmediato su alfabetización); que los chicos vayan a la escuela; que participen de un programa de salud, de clases de cooperativismo o micro-créditos. Ahí, entra lo de la educación popular y ciudadana. Un esfuerzo para que la gente adquiera conciencia sobre los derechos de la familia, de planificación familiar.
El año pasado abarcamos 3 millones 615 mil familias en 2,340 municipios, más de la mitad de los que existen en Brasil. Se lograron unificar todas las políticas estatales ligadas al combate contra el hambre. Y, adicionalmente, cuando se beneficia a un grupo humano, llegan los agentes de nuestro programa para promover la salud pública, la educación, los huertos comunitarios y domésticos, la educación nutricional etc. Ahora, promovemos también la construcción de una cisterna en cada casa beneficiada. Un método muy simple, inventando por un campesino que permite recolectar, aún en las zonas más secas, hasta 16 mil litros de agua de lluvia del techo de la vivienda. Cada una cuesta 450 dólares, tiene una vida útil de 40 años y es construida por el mismo grupo familiar, lo que contiene desde el inicio un condimento significativamente educativo.
Existe resistencia no al programa, pero sí a las reformas estructurales que deben implementarse y sin las cuales Hambre Cero no puede tener éxito. Me refiero especialmente a la reforma agraria. Nos proponemos asentar 530 mil familias en cuatro años. El Movimiento de los trabajadores rurales sin Tierra (MST) pedía un millón. En lo inmediato, el Gobierno asegura un poco más de la mitad de esa demanda".
"No es posible olvidar -afirma Betto- que Lula no hizo una revolución sino que ganó una elección, tiene el gobierno pero no todo el poder, lo que combina un proyecto social avanzado pero una política económica más conservadora, por lo que el país transita por una especia de doble riel".
"Cada 24 horas mueren de hambre en el mundo 100 mil personas, entre las cuales 30 mil son niños con menos de 5 años de edad. El 11 de septiembre, el derrumbe de las torres gemelas de Nueva York cumplió tres años. Hubo una inmensa conmoción internacional. Cada día, el hambre hace desmoronarse a 10 torres gemelas repletas de niños. Nadie llora ni se conmueve. ¿Por qué?" -expone el sacerdote brasileño.
Y mirando hacia el Panamá profundo de la abismal pobreza indígena y rural, y la creciente pobreza urbana uno debe hacerse la misma pregunta.
(raulleisr@hotmail.com).

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