Fondo de Pensiones y Bolsas de Valores
El nuevo dogma neoliberal de multiplicación del rendimiento económico de los fondos de pensiones a través de inversiones en bolsas de valores sufre una recia conmoción con el rechazo del director de la Reserva Federal, Alan Greenspan a la propuesta de Bill Clinton de llevar el superávit Federal al mercado bursátil para repotenciar los beneficios de la Seguridad Social.
Numerosos analistas económicos no salen de su desconcierto. Desde el corazón del sistema financiero más importante del mundo, se nos dice que es muy riesgoso poner los fondos de pensiones en medios de los vaivenes de la bolsa, cuya rítmica de alzas y bajas es uno de los rasgos centrales de la globalización económica.
Indudablemente, el mensaje de Greenspan puede hacerse extensivo al resto del mundo, de manera específica los países -Panamá entre ellos- en los que existe la opción de definirse entre la no menos inconveniente cautelación estatal de los fondos de jubilación y el arriesgado manejo bursátil del mismo dinero.
Los adversarios del manejo privado de los fondos de pensiones aducen que la crisis financiera ha reducido al mínimo las expectativas de los pensionados, aún en Chile, país donde surgió la alternativa. Más aún, las fugas de inversiones en los países emergentes son encabezadas muchas veces por los agentes que manejan fondos de pensiones, a los que no les quita el sueño marcharse de un día para otro dejando gigantescos "hoyos negros" financieros en México, Brasil y otros países, víctimas en cadena de la crisis general.
Sin embargo, a los que desaprueban los azares traumáticos de la bolsa no les sirve de consuelo un manejo estatal, sometido al acceso rampante de las burocracias corruptas y a tasas de intereses poco rentables que no garantizan la estabilidad de ingreso decorosos a los jubilados y pensionados.
El debate abierto por la audaz propuesta de Clinton y la reacción conservadora de Greenspan fomentará reacciones contradictorias entre los legisladores republicanos, puesto que deben resolver entre oponerse al mandatario por estrategia política, en estos álgidos momentos, o respaldar a conciencia una iniciativa que favorece la onda privatizadora internacional, enraizada en la doctrina económica del Partido Republicano, por la imbricación de la seguridad social internacional en la temática de la globalización privatizadora.
Quizás o más realista y sensato sea dejar que cada pensionado asuma la responsabilidad de decidir, pagando el costo de su libre albedrío económico. Ello podría darse mediante la preparación de varias opciones entre las que pueda cada uno elegir. En cualquier caso, el Estado no debe renunciar a sus obligaciones frente a los asegurados, cualquiera sea la fórmula que se adopte.
Numerosos analistas económicos no salen de su desconcierto. Desde el corazón del sistema financiero más importante del mundo, se nos dice que es muy riesgoso poner los fondos de pensiones en medios de los vaivenes de la bolsa, cuya rítmica de alzas y bajas es uno de los rasgos centrales de la globalización económica.
Indudablemente, el mensaje de Greenspan puede hacerse extensivo al resto del mundo, de manera específica los países -Panamá entre ellos- en los que existe la opción de definirse entre la no menos inconveniente cautelación estatal de los fondos de jubilación y el arriesgado manejo bursátil del mismo dinero.
Los adversarios del manejo privado de los fondos de pensiones aducen que la crisis financiera ha reducido al mínimo las expectativas de los pensionados, aún en Chile, país donde surgió la alternativa. Más aún, las fugas de inversiones en los países emergentes son encabezadas muchas veces por los agentes que manejan fondos de pensiones, a los que no les quita el sueño marcharse de un día para otro dejando gigantescos "hoyos negros" financieros en México, Brasil y otros países, víctimas en cadena de la crisis general.
Sin embargo, a los que desaprueban los azares traumáticos de la bolsa no les sirve de consuelo un manejo estatal, sometido al acceso rampante de las burocracias corruptas y a tasas de intereses poco rentables que no garantizan la estabilidad de ingreso decorosos a los jubilados y pensionados.
El debate abierto por la audaz propuesta de Clinton y la reacción conservadora de Greenspan fomentará reacciones contradictorias entre los legisladores republicanos, puesto que deben resolver entre oponerse al mandatario por estrategia política, en estos álgidos momentos, o respaldar a conciencia una iniciativa que favorece la onda privatizadora internacional, enraizada en la doctrina económica del Partido Republicano, por la imbricación de la seguridad social internacional en la temática de la globalización privatizadora.
Quizás o más realista y sensato sea dejar que cada pensionado asuma la responsabilidad de decidir, pagando el costo de su libre albedrío económico. Ello podría darse mediante la preparación de varias opciones entre las que pueda cada uno elegir. En cualquier caso, el Estado no debe renunciar a sus obligaciones frente a los asegurados, cualquiera sea la fórmula que se adopte.