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Fortalezas y debilidades del euro


Cuando en 1956 se suscribió el Tratado de Roma, la creación de una moneda única de libre circulación entre los estados miembros del Mercado Común Europeo figura como una aspiración utópica. Los nacionalistas ingleses, franceses y alemanes se exaltaban ante la posibilidad de que la libra esterlina, el franco y el marco desapareciesen como monedas nacionales para aceptar su reemplazo por una moneda común para las transacciones comerciales internas y externas.
La vigencia del euro a partir del 31 de diciembre de 1998 disuelve la utopía para instalar a los europeos en la rampa de lanzamiento de una experiencia monetaria casi sin precedentes. Representó una etapa arduamente laboriosa intentar nivelar las tasas de inflación, déficit fiscal, desempleo y otros indicadores básicos para, en cumplimiento del Tratado de Maastricht, adecuar las realidades económicas nacionales a un instrumento monetario colectivo. Con una Alemania Federal algo debilitada por la incorporación de Alemania Oriental con una mano de obra subtecnificada y carente del espíritu de competitividad de las economías liberales, el tratado monetario pareció tambalear en el cumplimiento de sus obligaciones. Se pensó que los vaivenes del país líder por su capacidad productiva y fortaleza monetaria, la moneda común podría retraerse en su iniciación. Sin embargo, contra viento y marea, el euro aparece en el mercado europeo e internacional como una divisa sólida, estable y por lo mismo con pretensiones de competir con el dólar como alternativa en las transacciones en el Medio Oriente, Africa y, en parte, América Latina.
Tal como sostiene el politólogo francés Alain Minc, "la moneda europea posee aparentemente todas las virtudes: es la garantía del gran mercado; encierra mínimamente el espacio europeo; hace de nuevo posible la libertad macroeconómica; prohíbe la afición de determinados países miembros al laxismo". No cabe duda que en medio de las crisis asiática y latinoamericana, el euro surge como una opción monetaria que podría atenuar el imperio mundial del dólar. Pero la solidez del euro dependerá del comportamiento armónico de la producción y también de la progresiva desaparición del proteccionismo comercial europeo hacia sus excolonias y de sistemas de cuotas como el que rige la importación de banano. En otras palabras, el Mercado Común deberá liberalizar por completo su economía para mantener la estabilidad cambiaria del euro. Empieza a escribirse un capítulo importante en la historia económica europea.

101 años de Panamá América

 
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