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Francia: ¿Pasó el susto?


No es realista pensar que nada ocurrió, tras la inesperada victoria del ultraderechista Jean Marie Le Pen al ganar con su segundo lugar el derecho de disputar la final del pasado domingo al candidato gaullista a la presidencia de Francia, Jacques Chirac. Ni siquiera el amplio margen del resultado en la final del domingo, 81.96% contra 18.04% a favor de Chirac puede borrar el hecho de que casi uno de cada cinco franceses está harta de la política migratoria seguida por casi todos los gobiernos de la actual república, al igual que de los escándalos por corrupción, los excesivos impuestos, el abusivo estado de beneficencia o paternalismo social, el menoscabo soberano frente a la integración continental, la política contemplativa frente a la criminalidad y el desorden, y en fin, contra la excesiva beligerancia sindical y de las minorías en la sociedad.
Cierto que son la minoría, pero hay que tener presente que tal tiene suficiente significación como para tener que ser tomada en cuenta durante el nuevo mandato de Chirac, lo cual gravitará inevitablemente en su política de gobierno en los rubros referidos a las críticas de Le Pen y, más que él, del sector ciudadano que representa.
Si lo expuesto resulta correcto, es de esperar un paulatino giro del presidente Chirac desde el centro hacia la derecha, sin llegar a los extremos - no sea que fortalezca al golpeado socialismo, tras la aparatosa derrota de su abanderado, Liones Jospin-. De cualquier forma se trata de un juego peligroso, tirado de cada brazo por la derecha y la izquierda, procurando satisfacer a todos a riesgo de no conformar a nadie.
Al presidente Chirac le corresponde pues jugar al equilibrista, procurando aprender de la experiencia ajena de Jospin, y pensar sobre todo en Francia, como nación líder de la Europa unida, frente a una Alemania que aun no supera el marasmo de su propia integración tras la caída del muro, y una Inglaterra que no se decide todavía a dar el gran salto.
Otro aspecto preocupante es lo que significa Le Pen y su tendencia, en términos de avanzada de los grupos e ideologías neonazis, con su carga de ultranacionalismo xenofóbico y racista, por todo el continente, incluyendo a Rusia.
En manos de Chirac está en gran parte la responsabilidad de conjerar el peligro neofascista. Igual que en la España republicana se jugó una vez la carta del conflicto entre fascismo y socialismo, quizás estemos presenciando en Francia una definición similar entre la moderna democracia y las tendencias ultraderechistas que Le Pen representa.

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