default

"Francia: temor al fascismo"


Cuando un político dice que un grupo étnico es inferior a otro, con el simple propósito de ganar votos a favor de una causa nacionalista, estamos ante un promotor del fascismo derechista. Con la globalización, millones de personas en Europa han quedado envueltos en el problema del desempleo, la falta de seguridad pública y la decadencia de la sociedad ante la corrupción generalizada. Al suceder todo esto, la gente apta para votar en unos comicios puede decidirse por los extremos. Eso exactamente ocurrió hace poco en Francia.
Jean Marie Le Pen, furibundo defensor de la expulsión de los extranjeros del país galo, tomó por sorpresa a las encuestadoras y arrebató el segundo puesto al primer ministro Lionel Jospín, quien pagó con todos los platos rotos de las elecciones presidenciales del pasado domingo 21 de abril. Lágrimas de dolor salían de los simpatizantes del Partido Socialista, del cual pertenece Jospín. Pero el llanto era por la división de la comunidad política de izquierda, atomización brutal que permitió a las fuerzas conservadoras colocarse como las dos únicas opciones frente al electorado de 40 millones de personas que tiene la república francesa.
Por primera vez en la Quinta República francesa, la derecha y la extrema derecha se disputarán la presidencia del país sin que la izquierda -aunque poderosa- pueda intervenir después de su derrota electoral. Jacques Chirac, actual presidente de Francia y líder del partido "Reunión para la República" (RPR), logró superar la primera vuelta electoral y consolidarse con un 20% de los votos franceses.
Se trata de una victoria espectacular para la ultraderecha que nadie había previsto, salvo el propio Le Pen, que la anunció repetidas veces durante la campaña. Todos los sondeos de opinión le daban en el mejor de los casos un tercer lugar en la primera vuelta, con alrededor de 14 %.
Al cabo de 46 años de carrera política, Le Pen se dio esta vez los medios para ganar: pulió su imagen, eliminó su lenguaje agresivo anti-europeísta e insultante para los políticos a los que calificaba de corruptos y, aunque siguió criticando a la inmigración, lo hizo en lenguaje moderado afirmando que no tenía odio contra los inmigrantes. Rompiendo con el lenguaje de los políticos de la nomenclatura francesa, se proclamó candidato de los pobres, de los ignorados, de los campesinos desprovistos de recursos, de aquéllos que quieren sacar a Francia de la decadencia y del inmovilismo.
Repitió incansablemente su consigna: "Socialmente soy de izquierda, económicamente soy de derecha y nacionalmente soy de Francia". "Mis análisis, rechazados hace años, ahora son aceptados por todos, todo el mundo habla ahora como yo", explicaba, proclamando que Francia está viviendo "la lepenización de los espíritus".
Lucha contra la inseguridad y la delincuencia en permanente aumento, resistencia frente a las exigencias de la Unión Europea en defensa de la soberanía francesa, alto a la inmigración sobre todo norafricana, son algunos de los puntos más agresivos de su programa y los más criticados por sus enemigos.
Ante el desastre de un gobierno fascista en París, ahora los grupos de izquierda, los partidos de centro y hasta el Partido Socialista de Jospín, están haciendo un frente común contra el ascenso de la ultraderecha. Todos concuerdan en votar en la segunda vuelta presidencial del 5 de mayo, por Jacques Chirac, ahora convertido en "el mal menor" ante el radicalismo del Frente Nacional de Le Pen.
¿Quién pensaría que Chirac, el moderado conservador que gobierna a Francia, fuese ahora el salvador nato para evitar que el fascismo se tome el poder en la nación que se hizo célebre con la frase: "Libertad, Igualdad y Fraternidad".

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América