Fraude electoral en el Perú
"Algo siniestro está ocurriendo" observó el jefe de la misión de la OEA, Eduardo Stein, ex canciller de Guatemala, al comprobar que su equipo de técnicos no pudo accesar el proceso de conteo electrónico de la Oficina Nacional de Planificación Electoral(ONPE) y verificar la credibilidad de las cifras de votos que súbitamente cambiaron los resultados favorables a Alejandro Toledo y empezaron a favorecer al presidente candidato Alberto Fujimori.
Desde la época en que el PRI de México alteró el conteo electrónico de votos para que ganara Carlos Salinas de Gortari no se veía algo semejante en América Latina. Pero, como dijimos en otro editorial, lo acontecido en Perú fue la crónica de un fraude anunciado. Un fraude que empezó cuando la asamblea controlada por Fujimori violó la Constitución una vez más para elegirlo por un tercer período y destituyó a los tres magistrados que se opusieron al reeleccionismo. A partir de entonces, fue desenvolviéndose el libreto de la fraguada reelección. El gobierno creó un organismo para contar los votos, con funcionarios seleccionados para obedecer cualquier orden de la cúpula gubernamental. Y así lo ha hecho. Montó fábricas de falsificaciones de firmas para inscribirse como candidato. Y las falsificaciones quedaron sin sanción. El libreto reeleccionista incluyó el montaje de planes para que los adversarios fueran espiados telefónicamente, no pudieran hacer propaganda por la televisión privada de señal abierta, y obviamente sólo apareciera el candidato presidente que viajó por el país en campaña en aviones de la fuerza área militar, obsequió alimentos adquiridos con fondos públicos y aprovechó ilegalmente la maquinaria estatal.
Pero algo que parece olvidar Fujimori es que este tipo de victorias pírricas cosechan reacciones desestabilizadoras. Estados Unidos suspenderá la ayuda económica, militar y de otro tipo. La Comunidad Europea no es menos severa en estas situaciones. En 1992, la OEA lo trató con guante blanco cuando cerró el Congreso y disolvió el Poder Judicial. Aquellos vientos han traído estos lodos. Pero, como advirtió Abraham Lincoln, " no se puede engañar a todos todo el tiempo". Las irregularidades perpetradas a la vista y paciencia del mundo democrático exponen al Perú a las consecuencias del aislacionismo internacional por la vocación de fraude de un régimen que perdió los últimos residuos de legitimidad.
Desde la época en que el PRI de México alteró el conteo electrónico de votos para que ganara Carlos Salinas de Gortari no se veía algo semejante en América Latina. Pero, como dijimos en otro editorial, lo acontecido en Perú fue la crónica de un fraude anunciado. Un fraude que empezó cuando la asamblea controlada por Fujimori violó la Constitución una vez más para elegirlo por un tercer período y destituyó a los tres magistrados que se opusieron al reeleccionismo. A partir de entonces, fue desenvolviéndose el libreto de la fraguada reelección. El gobierno creó un organismo para contar los votos, con funcionarios seleccionados para obedecer cualquier orden de la cúpula gubernamental. Y así lo ha hecho. Montó fábricas de falsificaciones de firmas para inscribirse como candidato. Y las falsificaciones quedaron sin sanción. El libreto reeleccionista incluyó el montaje de planes para que los adversarios fueran espiados telefónicamente, no pudieran hacer propaganda por la televisión privada de señal abierta, y obviamente sólo apareciera el candidato presidente que viajó por el país en campaña en aviones de la fuerza área militar, obsequió alimentos adquiridos con fondos públicos y aprovechó ilegalmente la maquinaria estatal.
Pero algo que parece olvidar Fujimori es que este tipo de victorias pírricas cosechan reacciones desestabilizadoras. Estados Unidos suspenderá la ayuda económica, militar y de otro tipo. La Comunidad Europea no es menos severa en estas situaciones. En 1992, la OEA lo trató con guante blanco cuando cerró el Congreso y disolvió el Poder Judicial. Aquellos vientos han traído estos lodos. Pero, como advirtió Abraham Lincoln, " no se puede engañar a todos todo el tiempo". Las irregularidades perpetradas a la vista y paciencia del mundo democrático exponen al Perú a las consecuencias del aislacionismo internacional por la vocación de fraude de un régimen que perdió los últimos residuos de legitimidad.