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Fred Halliday (1946-2010)


El 25 de abril Portugal celebraba 36 años de la revolución de los claveles que depuso a la más longeva dictadura europea. Al día siguiente, en la otra costa de la misma península ibérica fallecía el profesor Fred Halliday. A uno de los grandes estudiosos de las revoluciones a nivel mundial ahora hay que ponerle claveles en su entierro.

Sin embargo, el legado de Halliday nunca podrá morir. Hay quienes disienten de él en la derecha por sus constantes cuestionamientos a la política imperial anglo-sajona o porque dio su aval a la intervención soviética en Afganistán y dentro de la izquierda porque él apoyó la intervención occidental en Bosnia, Kosovo e Iraq. Sin embargo, nadie que hoy quiera entender lo que pasa en el Medio Oriente y en el mundo puede dejar de consultar su obra.

Este hombre nacido en Irlanda en 1946 pero que pasó el grueso de su vida profesional como profesor de Relaciones Internacionales en la “London School of Economics” (LSE), tenía la habilidad de hablar árabe, persa, alemán, francés, italiano, ruso, español, portugués y catalán, además de entender muchos otros idiomas. Escribió libros centrados en doctrinas de relaciones internacionales, las revoluciones de Yemen, Etiopía e Irán, Asia occidental, terrorismo, Islam, etc.

Al igual que Fred yo también soy un hombre que me he forjado en la LSE. Desde 1994 fuimos trabando una amistad. Para mí, así como para otros colegas de la LSE él fue el mejor conferencista de esta universidad, que se precia de ser la principal especializada en ciencias sociales del mundo.

En el 2008 él se fue e enseñar a Barcelona donde se dedicó a preparar su último libro, el cual aún está en prensa, acerca del exilio en Londres del coronel Camaño, quien lideró la resistencia dominicana a la intervención de EE.UU. a su país en 1965. Sus investigaciones iniciales las enviaba para que sean publicadas en Minka News, el Diario hispano de Londres, del cual soy parte.

Todos los libros de Fred eran sobre fenómenos sociales que él veía desde fuera. Pero su obra póstuma fue sobre una de sus primeras experiencias juveniles (sus simpatías por el revolucionario latinoamericano).

Fred deja un hijo (Alex) quien tuvo con Maxine Molyneux, otra gigante de las ciencias sociales. Ella es la directora de lo que fuera el Instituto de Estudios Latinoamericanos.

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