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Frente al terrorismo no hay neutralidad


Los trágicos acontecimientos del pasado 11 de septiembre conmovieron al mundo. La magnitud de la tragedia en la que murieron más de seis mil personas y, sobretodo, sus consecuencias sociales y económicas tal vez nunca terminen de cuantificarse. No sólo se trata del número de seres inocentes, de muchas nacionalidades, cuyas existencias fueron truncadas sino que, aparte de los daños físicos materiales, están las secuelas del luto de sus familiares y los estragos sobre las economías de casi todos los países, especialmente las pequeñas y más vulnerables, como la nuestra.
La comunidad internacional ha respondido como correspondía. En el ámbito de las Naciones Unidas y en el de las organizaciones regionales, como la Organización de los Estados Americanos, se han adoptado pronunciamientos y compromisos encaminados a combatir y prevenir el terrorismo, por la conciencia que tenemos de que este flagelo representa un peligro para todos los países.
En el combate contra el terrorismo todos los estados pueden, según sus posibilidades, hacer aportes que son de variada y diferente naturaleza; lo importante será el esfuerzo combinado y coordinado para derrotarlo.
En el ámbito interamericano se ha decidido adoptar a corto plazo una convención específica contra el terrorismo. Los trabajos de elaboración se realizarán en el seno de la OEA y deberán estar concluidos para que pueda ser aprobada en la próxima asamblea general, prevista para el mes de junio en Barbados.
Igualmente, se adelantarán los trabajos preparatorios de la Conferencia de Seguridad Hemisférica, originalmente prevista para celebrarla en el año 2004, de acuerdo al mandato de los Jefes de Estado y de Gobierno de la pasada Tercera Cumbre de las Américas del mes de abril de 2001.
Además, se ha reactivado el Comité Interamericano contra el Terrorismo, una instancia que ya estaba creada y a la que se ha decidido recurrir como foro en el que se podrían concertar acciones y medidas inmediatas, por parte de todos los países americanos, para coordinar la lucha contra este desafío de proporciones todavía incalculables.
Por su parte las Naciones Unidas, específicamente el Consejo de Seguridad, ha adoptado las resoluciones 1368 y 1373, que atribuyen responsabilidades específicas a todos los estados y que están encaminadas a hacer más estrictas las medidas preventivas para controlar el desplazamiento de personas sospechosas, la detección temprana de actividades que pudieran estar conectadas a actos terroristas y suprimir las posibles fuentes de financiamiento de actividades terroristas.
Frente a la gravedad y magnitud del problema todas esas medidas están justificadas y todos los países debemos apoyarlas sin reservas. Frente a la amenaza terrorista no puede ni debe haber actitudes neutrales, porque el peligro lo enfrentamos todos y sus consecuencias no excluyen a nadie.

101 años de Panamá América

 
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