Frontera: el lejano Este
El territorio panameño vecino de la línea fronteriza, sigue una especie de "far west" (far east, en todo caso) mirado como una zona ignota, ubérrima, salvaje, vacía y ahora ardiente como producto del conflicto colombiano. Las regiones fronterizas son espacios terrestres y/o acuáticos donde se encuentran la presencia soberana de estados diversos. En el caso de la Frontera Este (Darién, comarcas Kuna Yala, Emberá y Wargandí) este espacio está desvinculado de la acción del Estado, distante del eje metropolitano, sin vías de comunicación modernas, es una expresión de una periferia excluida, y es vista como un ente, separado y segregado del resto del territorio y su población. El sistema político electoral busca aferrar el poder central por la vía del rejuego electoral, embuído de una visión de manejo del poder concentrado en el aparato del Estado.
El centralismo tiene su origen en la conquista y colonización, que concentra le poder económico y político en una región, marginando el área rural especialmente las más alejadas, o sea, las fronteras. El poder central concentra los recursos financieros en los niveles centrales estatales, y acepta desenvolverse a través de la desconcentración relativa de las entidades estatales, pero es más remiso a efectuar la delegación o transferencia real de competencias a los entes locales. Ese poder central es el núcleo del centralismo que ha demostrado ser económicamente ineficiente; escasamente representativo en lo político, distante y autoritario, socialmente injusto, porque incrementa las iniquidades, margina y excluye; culturalmente homogeneizadora, justo en un contexto en el que agudiza los desequilibrios regionales, urbanos y rurales; y ambientalmente inadecuado, porque produce altos niveles de contaminación y de ruptura de la sustentabilidad.
El centralismo se expresa por diversos elementos como lo son la primacía urbana, el transitismo, la concentración de recursos, bienes y servicios en una región determinada. En este marco son evidentes los estragos del centralismo: Deformaciones en el funcionamiento económico, y "disfunciones especificas como burocratismo, sectorialización, pérdida de coherencia y de agilidad de los procesos decisorios, disminución del control social, aumento de gastos de funcionamiento interno de los aparatos lo cual conduce a plantearse la eficacia del control local". (Borja, 1987)
La excesiva centralización del poder debilita la capacidad de desarrollo autónomo de provincias, comarcas, municipios, y comunidades lo que repercute en la no satisfacción efectiva de las necesidades e intereses de la población que deben representar.
El centralismo tiene su contraparte económica en la metropolización, siendo dos caras de la misma moneda. El fenómeno de la metropolización es esencialmente un proceso social caracterizado por el modo de utilización del territorio en torno a una región central, orbitada por una serie de regiones periferias marginadas del proceso económico social. El crecimiento rápido y desordenado de ese centro metropolitano y el crecimiento inarmónico de las regiones que conforman las periferias nacionales, se agudiza a través de elevadas tasas de urbanización que dan marco a la desarticulación territorial y a un conjunto de áreas urbanas que por su localización y sus magnitudes relativas, no permiten discernir ninguna estructura jerárquico funcional coherente. La metropolización también se caracteriza por su fuerza centrípeta hacia grandes masas marginales que se transfieren desde áreas periféricas, buscando accesar a los limitados empleos generados por el crecimiento económico. Prueba de ello es que la economía panameña se ha especializado en el sector del mercado externo principalmente el sector terciario que abarca el 70 % de la formación del PIB, y que tiene su énfasis en una plataforma de servicios transnacionales( transporte marítimo, zona libre, oleoducto, turismo, anteriormente ingresos por presencia militar de EU, banca servicios internacionales y exportaciones de bienes), lo que ha condicionado el desenvolvimiento del resto de la economía, reflejándose en la asimetría territorial. El 80% de la inversión y bienes del país están en la Región Metropolitana, obstaculizando un desarrollo equilibrado, lo que vislumbra una estructura económica heterogénea y poco articulada.
De los 68 distritos del país 42 rurales se encuentran clasificados en los niveles más bajos de pobreza, en los que se concentran mayores carencias en aspectos de salud, educación, nutrición y vivienda. Por otro lado, los distritos con población indígena están clasificados entre los 20 distritos más pobres del país. La exclusión histórica de la región Frontera Este por su rol periférico y la construcción geopolítica de la frontera crea las condiciones suficientes para acentuar la extrema vulnerabilidad de la zona. Este es el campo -espacio común de pobreza y exclusión social- donde se tocan dos realidades en la línea divisoria, del otro lado un país de 30 millones de habitantes envuelto en un conflicto armado y en una espiral de multiviolencia, y de este lado un país de casi tres millones desarmado y desmilitarizado que corre el peligro de la resurrección de militarismos (cuarteles), peligrosos para su democracia y de militarización(bases), amenazante para su soberanía. (raulleisr@hotmail.com)
El centralismo tiene su origen en la conquista y colonización, que concentra le poder económico y político en una región, marginando el área rural especialmente las más alejadas, o sea, las fronteras. El poder central concentra los recursos financieros en los niveles centrales estatales, y acepta desenvolverse a través de la desconcentración relativa de las entidades estatales, pero es más remiso a efectuar la delegación o transferencia real de competencias a los entes locales. Ese poder central es el núcleo del centralismo que ha demostrado ser económicamente ineficiente; escasamente representativo en lo político, distante y autoritario, socialmente injusto, porque incrementa las iniquidades, margina y excluye; culturalmente homogeneizadora, justo en un contexto en el que agudiza los desequilibrios regionales, urbanos y rurales; y ambientalmente inadecuado, porque produce altos niveles de contaminación y de ruptura de la sustentabilidad.
El centralismo se expresa por diversos elementos como lo son la primacía urbana, el transitismo, la concentración de recursos, bienes y servicios en una región determinada. En este marco son evidentes los estragos del centralismo: Deformaciones en el funcionamiento económico, y "disfunciones especificas como burocratismo, sectorialización, pérdida de coherencia y de agilidad de los procesos decisorios, disminución del control social, aumento de gastos de funcionamiento interno de los aparatos lo cual conduce a plantearse la eficacia del control local". (Borja, 1987)
La excesiva centralización del poder debilita la capacidad de desarrollo autónomo de provincias, comarcas, municipios, y comunidades lo que repercute en la no satisfacción efectiva de las necesidades e intereses de la población que deben representar.
El centralismo tiene su contraparte económica en la metropolización, siendo dos caras de la misma moneda. El fenómeno de la metropolización es esencialmente un proceso social caracterizado por el modo de utilización del territorio en torno a una región central, orbitada por una serie de regiones periferias marginadas del proceso económico social. El crecimiento rápido y desordenado de ese centro metropolitano y el crecimiento inarmónico de las regiones que conforman las periferias nacionales, se agudiza a través de elevadas tasas de urbanización que dan marco a la desarticulación territorial y a un conjunto de áreas urbanas que por su localización y sus magnitudes relativas, no permiten discernir ninguna estructura jerárquico funcional coherente. La metropolización también se caracteriza por su fuerza centrípeta hacia grandes masas marginales que se transfieren desde áreas periféricas, buscando accesar a los limitados empleos generados por el crecimiento económico. Prueba de ello es que la economía panameña se ha especializado en el sector del mercado externo principalmente el sector terciario que abarca el 70 % de la formación del PIB, y que tiene su énfasis en una plataforma de servicios transnacionales( transporte marítimo, zona libre, oleoducto, turismo, anteriormente ingresos por presencia militar de EU, banca servicios internacionales y exportaciones de bienes), lo que ha condicionado el desenvolvimiento del resto de la economía, reflejándose en la asimetría territorial. El 80% de la inversión y bienes del país están en la Región Metropolitana, obstaculizando un desarrollo equilibrado, lo que vislumbra una estructura económica heterogénea y poco articulada.
De los 68 distritos del país 42 rurales se encuentran clasificados en los niveles más bajos de pobreza, en los que se concentran mayores carencias en aspectos de salud, educación, nutrición y vivienda. Por otro lado, los distritos con población indígena están clasificados entre los 20 distritos más pobres del país. La exclusión histórica de la región Frontera Este por su rol periférico y la construcción geopolítica de la frontera crea las condiciones suficientes para acentuar la extrema vulnerabilidad de la zona. Este es el campo -espacio común de pobreza y exclusión social- donde se tocan dos realidades en la línea divisoria, del otro lado un país de 30 millones de habitantes envuelto en un conflicto armado y en una espiral de multiviolencia, y de este lado un país de casi tres millones desarmado y desmilitarizado que corre el peligro de la resurrección de militarismos (cuarteles), peligrosos para su democracia y de militarización(bases), amenazante para su soberanía. (raulleisr@hotmail.com)