Frustración y fracaso en el MOLIRENA
Este artículo no pretende cuestionar la decisión de haber formado parte de la Alianza "Visión de País". En él me expreso sobre la falta de madurez política de algunos dirigentes que antepusieron sus pretensiones personales en detrimento de todo el trabajo por engrandecer al MOLIRENA, constituyéndose en elemento clave para su fracaso, aunque no el único.
Al finalizar el día 2 de mayo, cuando se anunció la tendencia de los resultados electorales y el reconocimiento de los otros candidatos presidenciales del contundente triunfo de Martín Torrijos y su alianza "Patria Nueva", afanosamente busqué en qué posición electoral quedaba el MOLIRENA. He ahí mi gran decepción y frustración, no sólo perdíamos como alianza de gobierno, sino que fracasamos como partido político de la forma más humillante desde su fundación en 1982, cuando se inscribe en el contexto especial que dio la dictadura militar de esa época.
El 10 de noviembre de 1995, en El Panamá América publiqué el artículo "Divídete y no vencerás", el que hace referencia publicado en 1994, titulado: "Un nuevo amanecer"; en donde manifestaba que el costo político que tiene para el partido las malas decisiones y la falta de voluntad para unificar su membresía; que ya desde esa época, presentaba graves fisuras dentro de sus filas y, la necesidad impostergable de modernizar y democratizar al MOLIRENA, de manera que se lograra su reestructuración y organización eficiente, eficaz y democrática.
Desde esa fecha hasta hoy, no sólo no se reestructuró democráticamente sino que no se organizó eficientemente para crear liderazgo nacional con verdaderas raíces.
Después de cada convención l o reuniones de directorios nacionales efectuados, cada acto estuvo plagado de denuncias de fraudes internos, compra de conciencia, presiones por las partes perdedoras y ganadoras, destituciones de funcionarios que ocupaban cargos públicos; amenazas de inicios de procesos de expulsión y, la ventilación a través de cartas y comunicados públicos que confundían a la opinión pública sobre cual era el camino a seguir y cual el liderazgo nacional.
MOLIRENA fracasó por la falta de voluntad interna de la dirigencia para conciliar las partes que permitiera encontrar su camino de unificación, el cual no significaba que estuviéramos de acuerdo en todo, pero que sí se respeta la opinión de cada uno y con el consenso de las mayorías, se tomaran las decisiones; fracasó por el personalismo de los llamados líderes y dirigentes los cuales mantuvieron las conductas: "yo soy el que soy", "yo solo mando", " se hace lo que yo diga", "yo tengo la razón", "soy yo...."., rodeados de aduladores que nos confirmaron que en política no se improvisa, por que se fracasa.
En esta campaña electoral, los resultados confirman que no hubo una organización eficiente a tiempo, que no se crearon reales liderazgos nacionales, provinciales y comunales; hubo buenas personas candidatizadas, pero sin respaldo político. Más de una vez me tocó presenciar cómo hombres y mujeres esperaban todo un día para recibir cualquier propaganda, para conversar con los responsables de la organización, para exponer sus dificultades en la búsqueda de posibles soluciones y sentirse respaldados, encontrando siempre la misma respuesta: no viene, espere, está por llegar.
Otra razón fue la falta de capacitación oportuna y sostenida a nivel nacional, que preparara a los y las líderes comunales, de circuito y nacionales a hacer una eficiente labor de orientación ciudadana. En todo este tiempo los voceros fueron los mismos, con el mismo discurso.
En estos días la dirigencia nos demuestra que la central preocupación es ver cómo se expulsa a algunos miembros. ¿Cómo es posible que un día antes de las elecciones se distraiga energía, tiempo y recurso en expulsiones? Eenergía y tiempo que debían haber usado en el diseño de una verdadera estrategia de campaña y, recurso que debió entregársele a los candidatos /as para cubrir gastos y no recortarle los presupuestos como lo hicieron con algunos y, después del 2 de mayo, continuar con las expulsiones, enviando el claro mensaje de que no hay disposición para el cambio, para la reestructuración y la organización, para un verdadero análisis de la situación en que se encuentra el partido, sino demostrando que la preocupación es el temor al desplazamiento de los puestos que ocupan a lo interno y que les permite mantener su control.
El fracaso y la derrota es una responsabilidad compartida por toda la dirigencia: junta directiva, comisión política y demás órganos internos con mayor o menor grado de responsabilidad, unos por acción y otros por omisión, se requieren cambios reales y prácticos, se necesita una propuesta de trabajo para todos los niveles: comunal, distrital, de circuito y nacional en donde cada persona realmente se sienta posesionado de su papel como militante activo del partido. Sobre todo, se requiere de dirigentes con una gran dosis de respeto, de tolerancia hacia las diferentes corrientes que deben existir en toda organización pluralista.
El resultado electoral para MOLIRENA es la muestra de castigo de una membresía cansada de pugnas internas. La dirigencia debe a todos una explicación. El cambio debe estar acompañado del respeto, la representatividad de cada sector y que, por lo contrario, se deje la práctica de calificar de sectarios a toda persona que emite su opinión, porque no se quiere escuchar otras voces.
Al finalizar el día 2 de mayo, cuando se anunció la tendencia de los resultados electorales y el reconocimiento de los otros candidatos presidenciales del contundente triunfo de Martín Torrijos y su alianza "Patria Nueva", afanosamente busqué en qué posición electoral quedaba el MOLIRENA. He ahí mi gran decepción y frustración, no sólo perdíamos como alianza de gobierno, sino que fracasamos como partido político de la forma más humillante desde su fundación en 1982, cuando se inscribe en el contexto especial que dio la dictadura militar de esa época.
El 10 de noviembre de 1995, en El Panamá América publiqué el artículo "Divídete y no vencerás", el que hace referencia publicado en 1994, titulado: "Un nuevo amanecer"; en donde manifestaba que el costo político que tiene para el partido las malas decisiones y la falta de voluntad para unificar su membresía; que ya desde esa época, presentaba graves fisuras dentro de sus filas y, la necesidad impostergable de modernizar y democratizar al MOLIRENA, de manera que se lograra su reestructuración y organización eficiente, eficaz y democrática.
Desde esa fecha hasta hoy, no sólo no se reestructuró democráticamente sino que no se organizó eficientemente para crear liderazgo nacional con verdaderas raíces.
Después de cada convención l o reuniones de directorios nacionales efectuados, cada acto estuvo plagado de denuncias de fraudes internos, compra de conciencia, presiones por las partes perdedoras y ganadoras, destituciones de funcionarios que ocupaban cargos públicos; amenazas de inicios de procesos de expulsión y, la ventilación a través de cartas y comunicados públicos que confundían a la opinión pública sobre cual era el camino a seguir y cual el liderazgo nacional.
MOLIRENA fracasó por la falta de voluntad interna de la dirigencia para conciliar las partes que permitiera encontrar su camino de unificación, el cual no significaba que estuviéramos de acuerdo en todo, pero que sí se respeta la opinión de cada uno y con el consenso de las mayorías, se tomaran las decisiones; fracasó por el personalismo de los llamados líderes y dirigentes los cuales mantuvieron las conductas: "yo soy el que soy", "yo solo mando", " se hace lo que yo diga", "yo tengo la razón", "soy yo...."., rodeados de aduladores que nos confirmaron que en política no se improvisa, por que se fracasa.
En esta campaña electoral, los resultados confirman que no hubo una organización eficiente a tiempo, que no se crearon reales liderazgos nacionales, provinciales y comunales; hubo buenas personas candidatizadas, pero sin respaldo político. Más de una vez me tocó presenciar cómo hombres y mujeres esperaban todo un día para recibir cualquier propaganda, para conversar con los responsables de la organización, para exponer sus dificultades en la búsqueda de posibles soluciones y sentirse respaldados, encontrando siempre la misma respuesta: no viene, espere, está por llegar.
Otra razón fue la falta de capacitación oportuna y sostenida a nivel nacional, que preparara a los y las líderes comunales, de circuito y nacionales a hacer una eficiente labor de orientación ciudadana. En todo este tiempo los voceros fueron los mismos, con el mismo discurso.
En estos días la dirigencia nos demuestra que la central preocupación es ver cómo se expulsa a algunos miembros. ¿Cómo es posible que un día antes de las elecciones se distraiga energía, tiempo y recurso en expulsiones? Eenergía y tiempo que debían haber usado en el diseño de una verdadera estrategia de campaña y, recurso que debió entregársele a los candidatos /as para cubrir gastos y no recortarle los presupuestos como lo hicieron con algunos y, después del 2 de mayo, continuar con las expulsiones, enviando el claro mensaje de que no hay disposición para el cambio, para la reestructuración y la organización, para un verdadero análisis de la situación en que se encuentra el partido, sino demostrando que la preocupación es el temor al desplazamiento de los puestos que ocupan a lo interno y que les permite mantener su control.
El fracaso y la derrota es una responsabilidad compartida por toda la dirigencia: junta directiva, comisión política y demás órganos internos con mayor o menor grado de responsabilidad, unos por acción y otros por omisión, se requieren cambios reales y prácticos, se necesita una propuesta de trabajo para todos los niveles: comunal, distrital, de circuito y nacional en donde cada persona realmente se sienta posesionado de su papel como militante activo del partido. Sobre todo, se requiere de dirigentes con una gran dosis de respeto, de tolerancia hacia las diferentes corrientes que deben existir en toda organización pluralista.
El resultado electoral para MOLIRENA es la muestra de castigo de una membresía cansada de pugnas internas. La dirigencia debe a todos una explicación. El cambio debe estar acompañado del respeto, la representatividad de cada sector y que, por lo contrario, se deje la práctica de calificar de sectarios a toda persona que emite su opinión, porque no se quiere escuchar otras voces.